(Foto: Reuters)
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Quizás nunca oyó hablar de la Organización Mundial de la Salud () y tal vez crea que no la echaría de menos si esta no existiera: la importancia de organizaciones multilaterales como la OMS solo es evidente cuando estas dejan de cumplir a cabalidad su papel.

Por ejemplo, investigaciones recientes, como la de Laura Spinney, proveen evidencia de que subestimamos en grado superlativo las muertes que provocó la primera pandemia global: la gripe española, que comenzó en 1918, hacia el final de la Primera Guerra Mundial. Las nuevas estimaciones le atribuyen la muerte de entre 50 y 100 millones de personas. Es decir, entre un 2,5% y un 5% de la población mundial.   





Algunos investigadores alegan que ello se explicaría por el hecho de que se trató de una cepa particularmente letal del virus que causa la influenza. Pero otros, como Paul Edward, sostienen que esa letalidad se explicaría por el contexto de guerra en el que surgió. Según esa versión, la cepa de la gripe española sería una mutación surgida cerca de las trincheras del frente occidental. De un lado, un gran número de jóvenes se encontraban hacinados durante semanas en esas trincheras, lo cual facilitaba el contagio. De otro, las altas tasas de mortandad entre ellos –producto de la guerra– propició que, contra lo que sería habitual, la selección natural favoreciera las cepas más letales.  

Cuando los soldados que sobrevivían al virus regresaban a su lugar de origen, propiciaban el contagio entre la población civil. Entonces, dos factores facilitaron su propagación. De un lado, los sistemas de salud pública, que eran precarios aún antes de la Primera Guerra Mundial, se deterioraron durante esa conflagración. De otro lado, las partes en conflicto no solo no cooperaron entre sí para enfrentar la pandemia, sino que incluso ocultaron la información a sus propios ciudadanos para no quebrantar la moral de la tropa en un contexto de guerra.

Solo así se explica que, cuatro meses después de que se reportaran los primeros casos entre soldados estadounidenses, un funcionario español creyese que su país era el único en el mundo que padecía sus estragos (y esa es la razón por la que se hizo conocida como la gripe española). 

En aquel entonces los desplazamientos eran por tren o barco, y la mayoría de la población mundial vivía aún en zonas rurales. Hoy en día, con una población mayoritariamente urbana, los desplazamientos se pueden hacer por avión. Condiciones que facilitan en gran medida la propagación de un virus. Por suerte, la primera pandemia global del siglo XXI, también producto del virus de la influenza, se produjo en un mundo en paz dotado de mecanismos de cooperación multilateral. 

La del H1N1 fue la primera pandemia global que se enfrentó aplicando el Reglamento Sanitario Internacional del 2005, el cual facultaba a la OMS a coordinar el trabajo de prevención y tratamiento a escala mundial. Esta, en cooperación con gobiernos, empresas y entidades regionales, logró contener el peligro: a diferencia de la pandemia de influenza que ocurriera hace un siglo, la del H1N1 produjo unas 18.500 muertes.