AsiaEste martes 26 Noruega convocó a Nikolai Viktorovich, embajador de Rusia en su territorio, para solicitar explicaciones por lo que considera “amenazas al personal extranjero en Ucrania”, lo que incluye a los trabajadores diplomáticos del país escandinavo.
Este martes 26 Noruega convocó a Nikolai Viktorovich, embajador de Rusia en su territorio, para solicitar explicaciones por lo que considera “amenazas al personal extranjero en Ucrania”, lo que incluye a los trabajadores diplomáticos del país escandinavo.
El reclamo se produce en medio de una oleada de ataques con drones contra Kiev, a los que el Kremlin sumó el uso del misil Oréshnik. El lunes 25 el gobierno ruso anunció que llevaría a cabo una serie de bombardeos para golpear la producción bélica y otros puntos estratégicos de la capital ucraniana pidiendo a todos los trabajadores extranjeros “abandonar cuanto antes” la urbe, suceso que fue calificado de “inadmisible” por las autoridades noruegas.

Preocupación y diferencias
La preocupación de Noruega con respecto a Rusia ha ido en aumento desde el inicio de la guerra de Ucrania. En mayo del 2025 el gobierno del país nórdico presentó su estrategia nacional de seguridad afirmando que enfrentaba el contexto más severo en la materia desde la Segunda Guerra Mundial.
Por ese entonces medios como Associated Press reportaban que el estado noruego había comenzado a reactivar refugios y búnkeres que databan del periodo de la Guerra Fría. A esto se sumaría la construcción de más infraestructura de este tipo, cuya producción estuvo detenida desde 1998, y que la misma población había comenzado a prepararse para cualquier situación crítica almacenando suministros de subsistencia.
El gobierno noruego señaló, por entonces, que lo sucedido en Ucrania debía ser “un llamado de atención para todos” y que era necesario el fortalecimiento de defensa, decretándose que el 2026 iba a ser el año de “la defensa total”.
La cercanía geográfica es un problema capital para los noruegos, pues comparten 195 kilómetros de frontera con Rusia en la región septentrional, con mucho más territorio limítrofe en el mar de Barents y la región del Ártico, extendiéndose la frontera marítima por más de 1.600 kilómetros.
Esta zona, rica en hidrocarburos, minerales y recursos pesqueros, fue una fuente de discrepancias históricas en la delimitación territorial, pero estas quedaron zanjadas con la firma del tratado marítimo de Murmansk en el 2010. Pese a ello, todavía hay un frente de debate abierto con respecto al archipiélago de Svalbard, que mediante el tratado homónimo quedó bajo soberanía noruega.

Dicho acuerdo tiene 39 firmantes y la Unión Soviética, estado predecesor de Rusia, se sumó a este en 1935. Un punto clave del tratado es que permite que Noruega regule la explotación y gestión ambiental del territorio, pero sin poder mantener bases militares ahí.
Asimismo, el documento garantiza que todos los adherentes tienen igualdad de derechos para el aprovechamiento de los recursos del gélido archipiélago. Fue dentro de ese contexto que se permitió que Rusia mantuviera dos asentamientos activos en Svalbard, pero la interpretación del pacto ha sido controvertida en la delimitación del acceso económico al mar circundante.
Oslo argumenta que los derechos de explotación solo son aplicables en el mismo territorio de las islas y las aguas territoriales inmediatas, prolongándose por unas 12 millas náuticas, a la vez que ha creado una zona protegida pesquera de 200 millas en las aguas que rodean al archipiélago.
La postura de Moscú es que el tratado de Svalbarg le otorga acceso irrestricto a toda la plataforma marítima, denunciando que las leyes de protección ambiental que ha introducido Noruega para el archipiélago suponen un obstáculo para la libertad de exploración y explotación de la región.
A raíz de la incursión militar de Rusia en Ucrania, los asentamientos rusos en las islas se han convertido en una fuente de temor constante para la población de localidades noruegas como Longyearbyen, que tiene a unos 1.000 km de distancia al puerto de Murmansk, que aloja 26 submarinos nucleares de Moscú.

Un reciente reportaje de France 24 sugiere que el mantenimiento del contingente en Svalbard es una decisión política del Kremlin, ya que los trabajos mineros a los que se dedica el 60% de la población de estos enclaves rusos son un negocio deficitario y solo se sostienen por la empresa pública Arktikugol.
La información señala que el poblado ruso de Barentsburg enfrenta un severo acceso a recursos básicos debido a las sanciones occidentales y se ha tenido que crear un restringido sistema de compra de bienes a través de la compañía estatal minera de Rusia.
Inversión en medio del temor
En el 2021 el gasto en defensa del gobierno noruego fue de aproximadamente 7.000 millones de dólares, con lo que no alcanzaba a cumplir con el 2% del Producto Bruto Interno (PBI) que demandaba formalmente la OTAN a sus miembros.
Esto dio un giro marcado tras el inicio del conflicto bélico en Ucrania a comienzos del 2022, con el país nórdico marcando ese porcentaje como un mínimo básico y desde el 2025 proyectando superarlo consistentemente hasta el 2030, año en el que se espera que alcance el 2,68% de su PBI. Según cifras oficiales, el presupuesto de defensa de Noruega en el 2026 supera los US$ 12.000 millones, lo que supone un salto notable con respecto a las cifras previas al conflicto ucraniano.
Las previsiones de los noruegos podrían quedar cortas, pues actualmente sus autoridades discuten la posibilidad de agregar otros 12.000 millones de dólares a su plan defensivo. Esto supondría que el presupuesto de defensa pase a ser el 3,5% del PBI, que es el deseado por la OTAN para sus integrantes.
“Estamos tomando medidas para ajustar el Plan de Defensa a Largo Plazo 2025-2036 y así garantizar un desarrollo más eficaz de nuestras capacidades de defensa en un mundo más incierto”, dijo Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega, en un comunicado publicado en marzo.

El estado noruego indica que parte importante de la inversión estará destinada a incrementar las opciones marítimas de su aparato militar, con la adquisición de un mínimo de cinco fragatas con capacidad antisubmarina, otros cinco submarinos, sistemas de vigilancia satelital y terrestre y un número importante de drones.
Para este último punto Oslo ha venido haciendo avances, pues a mediados de abril se dio a conocer que fabricará drones ucranianos dentro de su territorio, como parte de un acuerdo estratégico y de transferencia tecnológica. Gahr Støre declaró que era “fundamental” que su país “aprenda de la experiencia” de Kiev, a la vez que apoyaba la producción de armamento para su aliado.
Este esquema de inversión en defensa se ve reforzado por la presencia del Kongsberg Group, fabricante de armas de alta precisión que se usan en la guerra de Ucrania. Esta empresa también abastece a otros países europeos con misiles y en el 2024 abrió una segunda planta para suplir la demanda creciente.
Adicionalmente, Noruega viene trabajando en mejorar su red de refugios antiaéreos, debido a que los 18.600 con los que cuenta en el presente tienen capacidad de proteger a aproximadamente el 50% de su población.
Para Enrique Banús, especialista en estudios europeos de la Universidad de Piura (Udep), las necesidades defensivas de Noruega son llamativas, pero se enmarcan en una tendencia regional muy concreta con algunos países como Polonia, Estonia o Finlandia en alerta permanente.
“Los más aterrados son los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), que tienen la experiencia de haber sido anexionados y fueron los primeros en descolgarse de la dependencia energética de Rusia, así como en ponerse las pilas en el tema de la inversión en defensa. Finlandia también tiene un pasado de neutralidad impuesta por la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial, por la que fue invadida”, precisa el analista.

Banús comenta que el caso de Noruega puede llamar la atención al ser un país que no integra la Unión Europea, pero que más allá de esto la “situación es muy imprevisible”. Los retrocesos territoriales en Ucrania, las bajas estimadas en más de un millón y los ataques de Kiev en territorio ruso podrían estar llevando al Kremlin a tomar medidas cada vez más desesperadas.
“Está claro que Rusia está debilitada, pero eso también está haciendo que rebase algunos límites impensados hasta hace no mucho, como la utilización de los misiles Oréshnik, que es un accionar de otra escala”, explica el internacionalista.
Más allá de esto, la disuasión rusa de cara a Noruega y otros países por ahora se ha remitido a sobrevuelos de aeronaves rusas sobre sus espacios aéreos, incluso con el derribo de algunos drones.
Tanto esto como la presencia en Svalbard son parte de la guerra híbrida de Moscú para generar la sensación de que un ataque se puede producir en cualquier momento, según Banús. Esto genera en Europa la sensación de que se ha empezado tarde a fortalecer el sistema defensivo conjunto, situación que se ve agravada porque los plazos de creación de armamento suelen ser bastante largos.
“Hay conciencia de un retraso y, por ejemplo, los alemanes están intentando desarrollar ellos mismos las armas que Donald Trump no les va a llevar, pero eso no estará listo hasta el 2029. Hay otros países que están un poco más avanzados, pero hasta entonces se depende prácticamente de la benevolencia de Estados Unidos, que en este momento no es muy alta porque Trump se siente traicionado por los europeos con respecto a su guerra contra Irán”, advierte Banús.
No obstante, el analista argumenta que Ucrania habría sido más efectiva en la guerra psicológica que Rusia con sus recientes ataques sobre Moscú que, aunque limitados en escala, envían un mensaje de temor más contundente sobre la población.
A lo anterior se añade que por ahora los ucranianos parecen haber empezado a brindar cierto nivel de seguridad a los europeos con relación a la seguridad tecnológica militar, aunque con un alcance que todavía está por comprobarse.
“Es un conflicto con unas dimensiones distintas debido a las dimensiones de la guerra cibernética e híbrida. Para países como Noruega y Alemania es algo muy interesante”, indica Banús.
“Los ucranianos están asesorando en la guerra de drones a los países europeos con varias visitas de especialistas e incluso en ferias tecnológicas. Han ido presentando sus avances no solo en drones, sino que también trabajan mucho con robots porque la idea es enviar al frente el menor número de tropas posibles”, agrega.
VIDEO RECOMENDADO
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.



















