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Israel-Argentina y otros partidos donde se mezclaron el fútbol y la política

A propósito del boicot palestino contra el amistoso Argentina-Israel, aquí les presentamos otros casos en donde el fútbol se mezcló con la política

¿Qué pasa cuando el fútbol se mezcla con la política?

¿Qué pasa cuando el fútbol se mezcla con la política? (Foto: AFP)

El 6 de junio de 1969, la salvadoreña Amelia Bolaños se sentó delante del televisor de su casa para ver el partido de ida por las eliminatorias al Mundial de México 70 entre su país y Honduras. La noche previa, ningún jugador de El Salvador había pegado el ojo en Tegucigalpa.  Los locales rompieron las ventanas del hotel donde se concentraban, les lanzaron petardos y se quedaron la madrugada entera insultándolos. Cuando faltaba un minuto para que acabara el partido, el delantero hondureño Roberto Cardona marcó el único tanto del encuentro. Amelia, de 18 años, se levantó de su asiento, caminó hasta el escritorio de su padre, buscó su pistola y se quitó la vida con un tiro en el corazón.

"No pudo soportar la humillación a la que fue sometida su patria", informaron los diarios al día siguiente. El presidente, el Gabinete en pleno y los jugadores de la selección escoltaron el féretro cubierto con la bandera nacional.

Una semana más tarde la selección de Honduras llegó a El Salvador. Turbas enardecidas arrojaron ratas muertas a las ventanas del hotel y en el estadio Flor Blanca la bandera hondureña fue reemplazada por un trapo sucio. Los locales vencieron 3-0, dos hinchas visitantes murieron y de inmediato la frontera común fue cerrada. El 27 de junio se volvieron a encontrar por el desempate, pero esta vez en el estadio Azteca de México D.F. El Salvador ganó 3-2 y seis días después, llevados por la efervescencia triunfalista, su ejército invadió territorio vecino.

La tensión limítrofe entre ambos países era una realidad que todos conocían. La expulsión de 300 mil campesinos salvadoreños tras una reforma agraria en Honduras había puesto en aprietos las economías de ambos países. Fue en ese contexto que las autoridades usaron el fútbol como pretexto para desencadenar un enfrentamiento bélico que duró 100 horas, cobró seis mil vidas y terminó gracias a la intermediación del ex presidente peruano José Luis Bustamante y Rivero. Los hechos dejaron en evidencia que, tanto en la política como en el fútbol, la pasión sobrepasa la razón.

--- VENCER O MORIR ---

Una de las primeras movidas políticas en la historia de los mundiales ocurrió semanas antes de Uruguay 1930. El presidente de la FIFA, Jules Rimet, enfrentaba un boicot masivo de países europeos que se negaban a cruzar el Atlántico. Desesperado viajó a Bucarest para pedir el apoyo del rey Carol II de Rumanía, quien no dudó en escoger personalmente a los jugadores de su selección y cubrir todos los gastos. Eran, en su mayoría, empleados de una firma inglesa que amenazaba con despedirlos si viajaban a Montevideo. Carol llegó a un acuerdo con el rey Jorge VI de Inglaterra y a la empresa no le quedó otra que ceder a sus trabajadores. Según las malas lenguas, la gestora de tal exitosa negociación con el monarca británico fue en realidad Magda Lupescu, la coqueta y pelirroja amante del rey rumano.

Si bien solo cuatro selecciones europeas llegaron a viajar a Uruguay, las cosas cambiaron con el segundo Mundial. En Italia 1934, doce países de Europa dijeron presente y entre ellos se encontraba Austria y su mítico "Wunderteam" (el equipo maravilla). Convencidos de que la mejor defensa es el ataque, el equipo liderado por Matthias Sindelar llegó hasta semifinales, en que enfrentó al anfitrión dirigido por Vittorio Pozzo y apoyado desde la sombra por Benito Mussolini.

"Il Duce" utilizó el campeonato como herramienta para la causa fascista. "Vencer o morir" era la consigna y para lograr su objetivo no solo nacionalizó a cuatro jugadores argentinos (subcampeones del 30) y al brasileño Anfilo Guarisi sino que también compró a los árbitros.
"Pasé el balón a la derecha, Cicek corrió para recibir el pase y el árbitro se lo regresó a los italianos. Fue increíble", recordó alguna vez el delantero austríaco Josef Bican. Italia ganó 1-0 y llegó a la final con Checoslovaquia.

El campeón estaba cantado desde el inicio. La terna arbitral liderada por el sueco Ivan Eklind ingresó a la cancha e inmediatamente se plantó frente al palco de dirigentes para dar el saludo fascista. Los italianos ganaron 2-1 y el capitán Giampiero Combi finalmente alzó la Copa Jules Rimet. No contento con eso, Mussolini ordenó que Combi levante un trofeo adicional, la Coppa del Duce, un galardón hecho en su honor, seis veces más grande que la copa oficial.

Cuatro años después, los austríacos lograron clasificar al Mundial de Francia, pero no participaron tras consumarse el anexo con Alemania. A diferencia de otros jugadores presionados por Hitler, Sindelar nunca aceptó cambiar de camiseta. El 3 de abril de 1938, un equipo de austríacos se enfrentó a los germanos en un amistoso. El delantero anotó y celebró bailando en forma burlona frente a los oficiales alemanes. Diez meses más tarde apareció muerto junto a su pareja. La versión oficial habla de un suicidio, pero la escena tenía el sello de un crimen nazi: Sindelar murió por una fuga de gas.

--- CÓMO DUELE PERDER ---

No tenemos que retroceder 80 años para recordar actos de intolerancia en los mundiales. En Alemania 1974, Zaire se convirtió en la primera selección de la África subsahariana en clasificar a una Copa del Mundo. Entusiasmado por la hazaña, el dictador Mobutu Sese Seko le regaló una casa y un auto a cada jugador. Los "leopardos" debutaron con una derrota de 2-0 frente a Escocia. Hasta ahí Mobutu estaba tranquilo. Pero llegó Yugoslavia y les metió nueve goles y el sanguinario dictador estalló. "Si pierden por más de tres goles el próximo partido, no vuelven a ver a sus familias", advirtió. La amenaza estaba hecha y lo peor era que tocaba Brasil.

El dramatismo del encuentro se resume con una jugada. A pocos minutos del final, los africanos perdían 3-0 y el árbitro cobró un tiro libre cerca de su área. Rivelino se disponía a patear cuando de pronto el lateral Ilunga M'wepu salió hecho una bala de la barrera y despejó el balón con un derechazo ante la incredulidad general. "¿Creen que me habría hecho pasar por un idiota deliberadamente? Estábamos jugando por nuestras vidas", confesó años más tarde en un libro de Jon Spurling sobre las historias oscuras de los mundiales.

Otro personaje perverso que disfrutaba con el sufrimiento de sus jugadores era Uday Hussein, hijo del dictador iraquí Saddam Hussein. Conocido por su obsesión por los carros, las mujeres y por asesinar a bastonazos a Kamel, el más fiel servidor de su padre, fungió de presidente del Comité Olímpico Iraquí y manejó a su antojo a la selección.

En 1986 Iraq clasificó al Mundial de México. Perdieron los tres partidos de la primera ronda y en represalia Uday torturó a todos los jugadores salvo a Radhi (autor del único gol iraquí en la Copa). Los rapó, los azotó y les hizo entrenar sesiones de doce horas seguidas.

Amnistía Internacional y la FIFA enviaron delegaciones a Bagdad para investigar las denuncias de maltrato. En el 2003, el capitán iraquí Laith Hussein y un arquero de la selección revelaron, luego de la muerte de Uday (dos misiles cayeron sobre su casa), que tras una derrota en 1998 toda la delegación iraquí fue detenida en una granja durante tres semanas. Veinte de los veintidós integrantes contrajeron cólera en el lugar. Uday finalmente los liberó porque pensó que iban a contagiar a sus vacas frisonas holandesas.

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