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Cómo robar un Mensajero Sideral y una Utopía

Girolamini, una antigua biblioteca en Italia estuvo cerrada al público por años, mientras la despojaban sistemáticamente de valiosos ejemplares

Los amantes de los libros en todo el mundo han estado ayudando a los investigadores a rastrear miles de extraños volúmenes saqueados de una de las bibliotecas más antiguas de Italia por una pandilla de ladrones que incluyen al mismo bibliotecario. Mientras que se ha recuperado la mayoría, siguen desaparecidos algunos valiosos ejemplares de los siglos XV y XVI.

Dentro del complejo de una iglesia del siglo XVI en el centro de Nápoles, los estantes de madera de la Biblioteca Girolamini se elevan hacia paredes decoradas y techo abovedado.

Alguna vez albergaron obras de un valor extraordinario: una edición de 1518 de la brillante y misteriosa ‘Utopia’ de Tomás Moro el tratado “Sidereus Nuncius” (Mensajero sideral) de 1610 de Galileo, con más de 70 dibujos de la Luna y las estrellas, y el estudio de Johannes Kepler sobre los movimientos de Marte, “Astronomia Nova”, descrito como uno de los más grandes libros en la historia de la astronomía.

Pero esta magnífica pieza del legado cultural de Italia fue metódicamente saqueada: miles de textos antiguos desaparecieron.

“Nuestras investigaciones encontraron que funcionaba un verdadero sistema criminal”, le dice el mayor Antonio Coppola, jefe policial a cargo de la operación para recuperar los textos robados, a la BBC. “Un grupo de gente… realizó un saqueo devastador y sistemático de la biblioteca”.

Un historiador del arte y académico, el profesor Tomaso Montanari, fue el primero en alertar a la Policía. La biblioteca estuvo cerrada al público durante años, pero Montanari escuchó informes sobre sus tribulaciones y fue de visita con un estudiante que supervisaba, en la primavera de 2012.

Quedó consternado. “¡Un perro merodeaba por la biblioteca con un hueso en la boca!”, exclama, en conversación con la BBC.

EL ENEMIGO ADENTRO
“Había libros desparramados por todas partes: en el piso, las escaleras, las mesas. había basura latas de gaseosas y papeles en el piso. Una total confusión, una situación de decadencia. Uno de los empleados me llevó lejos de las cámaras de circuito cerrado y me contó: ‘profesor, ¡el director ha estado saqueando la biblioteca!’”.

El director era Marino Massimo de Caro.

Montanari escribió un artículo para el periódico Il Fatto Quotidiano, donde denunció que tener a De Caro de bibliotecario es como tener a un pirómano encargado de un bosque.

“El día que se publicó el artículo, De Caro me llamó al celular a decirme: ‘¡Debería darle vergüenza, pagará por esto!’”, comenta Montanari. “Me asusté, llamé a la policía”.

Tras una investigación, De Caro fue arrestado.

“Lo que duele es la completa falta de respeto por estas obras preciosas”, lamenta Coppola. “Muchas estaban tiradas en el suelo, un caos… estantes totalmente vacíos”.

Describe a De Caro como el cabecilla de una banda de ladrones, que iba a trabajar de noche, después de apagar el sistema limitado de monitorero por circuito cerrado.

“Sacaron decenas de libros de los estantes. Prestaban más atención a los que tuvieran más valor comercial… montones de libros. Los metían en cajas, que llevaban a camiones”.

Retiraban los sellos que identificaban a los manuscritos como parte de la collection Girolamini. En algunos casos los arrancaban, dañando seriamente los libros.

DESTRUCCIÓN
“A veces incluso les sacaban la encuadernación” agrega Coppola.

“Querían que fuera imposible rastrearlos. En algunos libros del siglo XVII, la encuadernación es más valiosa que el mismo libro”.

Despojados de pruebas de su origen, los volúmenes fueron puestos a la venta en Italia y otros países.

Una casa de subastas en Alemania pagó por adelantado US$1,4 millones a los ladrones, por 500 libros. Habrían recibido más si se hubiera concretado la venta.

“Esto sólo fue una parte”, dice el jefe policial. “Así que puede imaginarse cuánto dinero podrían haber sacado del saqueo si nosotros y los tribunales no lo hubiéramos frenado”.

Algunos podrían haberse vendido por miles de dólares cada uno, así que un cálculo razonable del total, sugiere, alcanzaría las decenas de millones.

En marzo pasado, De Caro fue sentenciado a siete años de cárcel, pena conmutada a arresto domiciliario porque cooperó con los investigadores. A otros acusados les dieron sentencias menores.

La abogada de De Caro indicó que su cliente insiste en que no se llevó todos los libros de los que se le acusa y piensa apelar.

En una declaración a la BBC, su familia insistió en que había trabajado por el bien de la biblioteca contribuyendo con su propio dinero a la mejora del catálogo y otros proyectos con la esperanza de reabrirla al público.

Pero en la corte confesó haber robado de Girolamini.

Y la policía dice que la banda de hecho no sólo robó sino que destruyó el catálogo al intentar borrar sus huellas.

RECUPERACIÓN
La gran pregunta es cómo pudo alguien como De Caro haber estado a cargo de una institución tan importante.

Coppola señala que De Caro era una figura conocida en los círculos de venta de libros y que “tenía algún tipo de protección política que le permitió durante los años alcanzar posiciones de responsabilidad en instituciones más o menos controladas por el Ministerio de Cultura”.

No tenía credenciales académicas relevantes.

El Ministerio no tenía la supervisión completa de los asuntos de la biblioteca, en predios eclesiásticos, pero aprobó su nombramiento en 2011.

Y concede que “la vigilancia no era adecuada” mientras Girolamini “decaía progresivamente”; un proceso que comenzó antes de que De Caro se hiciera cargo.

Apenas 18 meses después de que descubriera el saqueo, los investigadores policiales creen que ya rastrearon la gran mayoría de los libros robados.

“Creo que se ha recuperado un alto porcentaje, hasta 80%”, afirma Coppola.

“Gracias a la investigación escuchas telefónicas, por ejemplo pudimos identificar movimientos y lugares donde guardaban libros. Galpones, estacionamientos subterráneos, casas…”.

“Tuvimos una importante colaboración con asociaciones de vendedores de antigüedades. Les advertimos que estuvieran atentos a los libros que pudieran levantar la más mínima sospecha de proceder de la biblioteca”.

RESTITUCIÓN

Coppola fue contactado por comerciantes agentes y coleccionistas interesados de Europa, Estados Unidos y América Latina.

“Mi dirección de correo electrónico personal está difundida por el mundo en este sector y me suele contactar gente con dudas sobre algún libro”, comenta.

Entre los ejemplares hubo algunos devueltos por el exsenador y conocido bibliófilo italiano Marcello Dell’Utri, cercano socio del ex primer ministro Silvio Berlusconi.

“Recibió algunos libros como regalos. En cuanto se dio cuenta por informes periodísticos de que probablemente procedían de Girolamini, contactó a las autoridades y los devolvió”, declaró su abogado, Giuseppe di Peri, al hablar con la BBC.

Pero aún no ha devuelto la edición de 1518 de “Utopía” de Tomás Moro.

“Se trata de un libro de muy poco valor y sencillamente no lo ha encontrado. Cuando aparezca, también lo devolverá”, asegura Di Peri.

Coppola, sin embargo, sí considera que es un libro particularmente valioso.

El encargado de la investigación confía en que aparecerán más ejemplares de Girolamini.

“En este trabajo aprendes que necesitas ajustar tu actitud respecto al tiempo”, explica. “En el mercado de los bienes culturales ilegales las cosas marchan muy lentamente”.

“Quizás dentro de pocos años cuando se diluya toda la atención sobre el saqueo de la Biblioteca Girolamini reaparezcan estos libros. Y queremos pensar que en algún momento intervendrán los carabineros”.

Entretanto, el Ministerio de Cultura tiene planes de restaurar y reabrir la biblioteca, un proceso que podría tardar un año.

Pero el jefe de la Asociación de Libreros Anticuarios de Italia, Fabrizio Govi, tiene sus dudas.

Cuando se trata de proteger el legado cultural de la nación, afirma que las bibliotecas suelen ser la última prioridad.

“Se encuentran en un asombroso estado de abandono y decadencia”, insiste.

Teme que nada cambiará y que la magnífica Biblioteca Girolamini jamás recuperará su antiguo esplendor.

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