Por Milagros Asto Sánchez

La guerra del gas ha cobrado sus primeras víctimas. Rusia cortó el suministro del preciado combustible a Polonia y Bulgaria por haberse negado a pagar en rublos, como lo exige el gobierno de Vladimir Putin en respuesta a las sanciones impuestas tras la invasión a Ucrania. La decisión no solo parece alejar la posibilidad de una pronta solución al conflicto bélico, sino que materializa una amenaza lanzada por Moscú al inicio de la conflagración: el uso de las exportaciones de gas natural como un arma contra Europa.

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