Fútbol peruano¿Visita postergada? El presidente estadounidense, Donald Trump, tenía en agenda viajar a China del 31 de marzo al 2 de abril para sostener un encuentro con su homólogo Xi Jinping, en medio de la llamada guerra comercial que envuelve a ambas potencias. Pero otra guerra parece asomarse entre los dos: el conflicto en Irán.
“Debido a la guerra, quiero estar aquí. Siento que tengo que estar aquí. Así que hemos solicitado posponerlo un mes más o menos, y espero con interés estar con ellos”, dijo el líder republicano este lunes 16 a la prensa.
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Es un punto que ya había adelantado la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tras señalar que “es muy posible que la reunión se retrase”. Mientras que del lado chino solo se había asegurado que “se mantienen en comunicación en relación con la visita del presidente Trump a China”.
“Tenemos una muy buena relación”, agregó el mandatario de EE.UU.
Para el analista internacional Roberto Heimovits, la reunión entre ambos presidentes de todas maneras se debe dar.
“Es un lujo que no se pueden permitir. Tienen que hablar para intentar resolver esas áreas de conflicto, o por lo menos dejar en claro en qué están en desacuerdo y cuáles son las líneas rojas de cada uno”, explica Heimovits sobre la importancia de la cita entre ambas potencias superglobales.
Entre los temas que podrían discutir están el lado comercial, el acceso a tierras raras, la imposición de aranceles, el uso de inteligencia artificial, y también el asunto de Irán.


Lo cierto es que la incertidumbre se mantiene. Según el analista Francisco Belaunde, “eso es típico de Donald Trump”.
Ahora, en tanto se trata de una postergación y no de una cancelación, considera el docente de la Universidad de Lima que “en todo caso [la visita] se podría retomar tras el fin de la guerra, cuando ello ocurra”.
¿Quién gana y quién pierde?
Este retraso también puede tener consecuencias en ambos países.
La visita sería la segunda de Trump a China, desde la primera ocurrida en el 2017, durante su primera gestión presidencial. Pero la última que se vieron ambos jefes de Estado fue en el 2025, en Corea del Sur.
Para Belaunde, las dos superpotencias están buscando acercarse y hoy atraviesan por una ‘tregua comercial’, y si no se realiza la reunión ambos pierden.
“Yo creo que pierden los dos porque ambos quieren rebajar las tensiones, sobre todo las de índole comercial. Entonces, creo que los dos perderían si no se da esta esta visita”, indica.

Ramiro Escobar, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, apunta más a Estados Unidos: "Me parece que se encuentra en un laberinto bélico y político del cual no sabe cómo va a salir”.
“Al postergarla [la visita], Trump está demostrando que está en este laberinto. Mientras no salga de allí, es bien dificil que pueda ponerse de acuerdo con China o con quien sea”, agrega.
Y es que a ambos países les conviene llegar a un acuerdo, pero para Escobar, "la posibilidad de que lleguen a algo concreto dependerá de que bajen los decibeles bélicos".
Además, la guerra en Irán le está costando varios miles de millones de dólares a Estados Unidos (según algunos medios rondaría los 20 mil millones), que lo ha llevado a pedir que otros países se involucren en el desbloqueo del estrecho de Ormuz.
¿El estrecho de la discordia?
Pero hay un detalle detrás de esta postergación: ocurre luego de que Donald Trump incluyera a China en una lista de países que deberían enviar fuerzas militares para reabrir el tránsito por el estrecho de Ormuz.
“Creo que China también debería ayudar porque importa el 90% de su petróleo a través del estrecho”, dijo el mandatario en una entrevista a Financial Times. Añadió que esperaba una confirmación de China antes de la visita, o de lo contrario “podríamos posponer”.
Sin embargo, China se mantiene cercana a Teherán y es el principal cliente del petróleo iraní.
“Los dos países tendrían que hacer malabares diplomáticos para que el tema de la guerra no manche la visita. Diplomáticamente es complicado porque los dos países tienen posturas distintas”, explica Francisco Belaúnde.
En esa línea, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, tuvo que hacer los primeros juegos de equilibrio y aseguró que “si la visita del presidente [Donald Trump] se pospone, no tendría nada que ver con que los chinos asuman un compromiso”.
Para Heimovits resulta insólito que Estados Unidos pida ayuda a China para resolver el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz.
“Tanto que Trump quiera atrasar la reunión como el hecho de que quiera pedirle ayuda a China para enfrentarse a un rival que en verdad es una potencia regional resulta insólito”, advierte, por lo que “sería un error enorme desde el punto de vista geopolítico”.
Un pequeño lado positivo
En medio de tanta controversia, las reuniones de los últimos días entre delegados chinos y estadounidenses parecen disminuir las tensiones.
“Un plan de trabajo” es el resultado de dos días de conversaciones en París. Bessent calificó de “muy positiva” y “constructiva” esta reunión. Señala la agencia EFE que evaluaron establecer un mecanismo de gestión de los intercambios entre los dos países, una especie de “junta de comercio” para identificar productos que China podría vender a Estados Unidos y aquellos en el sentido inverso para conseguir un “beneficio mutuo”.
Heimovits considera positiva esta posibilidad “en vez de estar poniendo aranceles mutuamente a lo largo de toda la gama de productos”
“Sería mucho más razonable que Estados Unidos le diga a China qué productos creen que están entrando con ventajas indebidas, y que China haga lo mismo con Estados Unidos”, señala.
Por otro lado, Escobar advierte una diferencia grande entre Estados Unidos y China. Dice que este último actúa en función a la geoeconomía. Es decir, “a China le interesa que los negocios sigan y no le interesa las guerras porque eso complica el comercio internacional. Mientras Estados Unidos sí se mete en pleitos bélicos y trata de mantener su vigencia económica”.
Además, este nuevo episodio también llega en medio de otra incertidumbre legal, pues el Tribunal Supremo estadounidense limitó parte del marco jurídico utilizado por la Administración Trump para imponer aranceles generalizados a China.
Una disputa que desafía a las dos economías más grandes que sigue en suspenso y que prometía resolverse con una visita a Beijing.
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