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“¡Bienvenidos todos!” es una frase que se exclama siempre que se inaugura un certamen deportivo que concita la atención global. Y tratándose del máximo evento futbolístico del planeta, como la Copa del Mundo, con mayor energía. Pero esta edición, que tiene a Estados Unidos, Canadá y México como anfitriones, ocurre en un ambiente enrarecido por la tensión geopolítica no solo entre las tres naciones sede sino entre Washington y algunos países asiáticos y africanos.
“¡Bienvenidos todos!” es una frase que se exclama siempre que se inaugura un certamen deportivo que concita la atención global. Y tratándose del máximo evento futbolístico del planeta, como la Copa del Mundo, con mayor energía. Pero esta edición, que tiene a Estados Unidos, Canadá y México como anfitriones, ocurre en un ambiente enrarecido por la tensión geopolítica no solo entre las tres naciones sede sino entre Washington y algunos países asiáticos y africanos.
No todos están encontrando entonces la puerta de entrada abierta. El caso más mediático, por ahora, es el del árbitro Omar Artan. Somalia no clasificó al Mundial 2026, pero iba a tener un representante en el campeonato con este juez de 34 años, cuyo desempeño en las canchas lo llevó a ser calificado como el mejor de África en el 2025 y a arbitrar la final de la Liga de Campeones de dicho continente el mes pasado.
Artan llegó el sábado último al aeropuerto internacional de Miami procedente de Estambul (Turquía) y fue interrogado durante 11 horas por funcionarios fronterizos, que después lo condujeron a una celda de retención antes de enviarlo de vuelta al lugar desde el que partió.
Somalia es uno de los 40 países sujetos a restricciones de viaje bajo la ofensiva contra la inmigración ilegal de la Administración Trump. “Creo que tienen un problema con mi país”, fue lo que dijo Artan a “The New York Times” horas después de que le fuera negada la entrada. Agregó que en el aeropuerto le preguntaron sobre la política somalí y acerca del grupo yihadista Al Shabaab, que se unió formalmente a Al Qaeda en el 2012 y que está inmerso en una rebelión contra el gobierno somalí. Se colige que luego de las respuestas del árbitro, Estados Unidos lo consideró “inadmisible” a raíz de problemas detectados en el proceso de verificación de antecedentes.
Tras un silencio inicial acerca del incidente, Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, dijo que fue “por una muy buena razón”. Un portavoz del Departamento de Estado aseguró luego que “Artan es sospechoso de estar ligado a miembros de organizaciones terroristas”. El asesor principal del Ministerio de Deportes de la nación africana, Isse Aden Abshir, declaró a la agencia AP que el veto al árbitro está relacionado con limitaciones de viaje más amplias sobre Somalia y no “con alguna acusación específica en su contra”. Este miércoles 10 Artan fue recibido como héroe en Mogadiscio, capital de su país. “Si Dios quiere, asistiré al próximo Mundial”, afirmó abrumado por la bienvenida.
En simultáneo con el arribo de Artan a su patria, Canadá se ofreció a recibirlo para que arbitre alguno de los 13 partidos programados en su territorio. “Negarle la entrada a un árbitro que se ganó su lugar con trabajo duro y perseverancia no es correcto, creemos en la equidad”, se pronunció la alcaldesa de Toronto, Olivia Chow, quien agregó que le iba a escribir a la FIFA para formalizar tal pedido. El máximo organismo del fútbol mundial publicó un escueto comunicado señalando que la admisión de personas en los países anfitriones es competencia de cada gobierno y, ante la insistencia de la prensa, su presidente Gianni Infantino respondió que el veto a Artan es “un asunto lamentable” que demuestra que en la FIFA “no son los reyes del mundo que pueden imponer su voluntad a gobiernos y policías”.
Esta Copa del Mundo trae la circunstancia inédita de que uno de los tres países anfitriones se encuentra en guerra con uno de los participantes. Eso ha supuesto que la selección de Irán haya trasladado su sede de concentración de Tucson (Arizona) a Tijuana, y que desde esa ciudad fronteriza con el estado de California se mueva a Los Ángeles y Seattle los días que le toque jugar. Pero además esta tirantez ha significado que EE.UU. denegara la entrada a entre 12 y 15 miembros de la delegación, incluido el mismísimo presidente de la federación Mehdi Taj, por sus presuntos vínculos o pasado ligado a la Guardia Revolucionaria, rama de las Fuerzas Armadas iraníes considerada terrorista por Washington.
Al igual que Somalia, Costa de Marfil y Senegal son parte de ese nutrido grupo de naciones con restricciones de viaje al país del Tío Sam. Si bien ello no ha impedido el ingreso de jugadores y dirigentes, sí ha repercutido en la cantidad de hinchas de ambos estados africanos. “Los aficionados han renunciado a viajar porque Estados Unidos no quiere ver a simpatizantes de ciertos países como Costa de Marfil en su territorio”, lamentó Julien Kouadio Adonis, titular del Comité Nacional de Aficionados de los Elefantes. Desde Senegal, en vista de tal restricción, el Estado decidió conceder 400 boletos por partido a ciudadanos senegaleses ya afincados y residentes en suelo estadounidense.













