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Las protestas en Argelia, ¿nueva fuente de inspiración para la región?

La dimisión del presidente argelino Abdelaziz Buteflika por la presión popular inspira a otros movimientos contestatarios en la región

Túnez. La dimisión del presidente de Argelia, Abdelaziz Buteflika, por la presión popular inspira a otros movimientos contestatarios en la región, pero es "improbable" que cause un efecto dominó como el de la revolución tunecina de 2011, creen los analistas.

En Egipto, en Túnez, o en Sudán, una parte de la sociedad civil saluda con alegría, nostalgia y envidia la partida de Buteflika, considerado inamovible durante mucho tiempo, y recuerdan el aluvión de derrocamientos que sacudió la región a principios de la década, un fenómeno conocido como "la Primavera Árabe".

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Los militantes egipcios muy seguidos en las redes sociales, que jugaron un papel clave en las movilizaciones que echaron del poder a Hosni Mubarak en 2011, se congratularon el miércoles por "la victoria histórica" de los argelinos.

"Felicidades a los argelinos, esperando que todos los países y cada uno de los pueblos árabes sea un día libre", escribió el bloguero Abderahmán Mansur, uno de los miembros de un grupo en Facebook muy activo en los meses que precedieron la caída de Mubarak.

"Querido amigo argelino, no abandones las calles hasta que el ejército no abandone la política", aconsejó en Twitter otro militante, Gamal Eid, pensando quizás en que otro militar, Abdel Fattah al Sisi, acabó instalándose en el poder en Egipto y reprimiendo toda disidencia.

El domingo, Al Sisi alertó precisamente contra "la ausencia de estabilidad" que provocan las protestas, sin citar al país.

- "Regreso a los fundamentos" -

"Revivimos nuestra revolución tunecina a través de nuestros amigos argelinos y este regreso a los fundamentos es bueno", escribió el analista político Selim Jarrat.

En 2011, el poder argelino logró controlar los aires de revuelta, con el recuerdo aún vivo de la década de guerra civil (1992-2002) y apoyándose en los ingresos del petróleo para responder a las demandas sociales.

En Sudán, donde el régimen de Omar al Bashir, en el poder desde hace 30 años, afronta desde hace tres meses manifestaciones alimentadas por la mala situación económica y la inflación, los opositores se sienten revigorizados.

"Lo que pasó en Argelia dará nuevas energías al movimiento de protesta", aseguró a la AFP el opositor Omar el Digeir, liberado el mes pasado tras 70 días en la cárcel. "Estos acontecimientos muestran que ningún dictador puede resistir a la voluntad del pueblo".

"Esto recuerda a regímenes como Egipto que no hay nunca nada ganado", dijo a la AFP el experto político tunecino Hamza Meddeb.

Pero sigue siendo "improbable" que la partida de Buteflika, acusado de haber copado el poder con su clan, tenga un efecto comparable al que tuvo en 2011 la caída del dictador tunecino Zin el Abidín Ben Alí, sostuvo.

Las protestas son muy heterogéneas y "los manifestantes aprendieron las lecciones de 2011, vieron a Siria y Libia caer en el caos", dijo.

La salida de Buteflika "muestra que las primaveras árabes son una dinámica, no un paréntesis, porque la esperanza de cambio sigue ahí", sostuvo Meddeb.

Pero, señaló Meddeb, la gente toma muchas más precauciones para evitar "que las esperanzas se conviertan en pesadillas".

- Mutismo -

"Tanto los líderes como la sociedad civil están aprendiendo de lo que sucede en Argelia: los manifestantes ven el éxito que puede tener un movimiento totalmente pacífico", afirmó la investigadora alemana Isabelle Werenfels.

En Argelia, las fuerzas de seguridad, marcadas por la memoria de la década negra, se muestran más reacias a intervenir que en otros países.

Pero los regímenes con menos escrúpulos podrían endurecerse y "ver una razón (adicional) para reprimir los movimientos pacíficos por la fuerza", advirtió Werenfels.

Mientras que Washington, París o Moscú reaccionaron rápidamente, los líderes de la región, desde el vecino Marruecos hasta el Medio Oriente, permanecieron en gran medida en silencio desde la noche del martes.

"Los gobiernos son muy suspicaces, incluso en el Túnez democrático, porque el juego no ha acabado, y nadie quiere verse en el lado equivocado", explicó Werenfels.

"Cualquier desestabilización asusta a Túnez, que considera a Argelia como un baluarte", remarcó el analista geopolítico Michael Ayari, y la cooperación de seguridad entre los dos países es crucial. "Nadie en la región quiere interferir", añadió, "ni siquiera los países del Golfo".

Fuente: AFP

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