Milagros Asto Sánchez

Desde la cubierta del crucero Voyager of the Seas, el trujillano Edwin Velásquez batalla por hacerse escuchar. La señal de Internet en el barco no es la mejor y estar en movimiento en medio del mar no facilita la misión de comunicarse con el exterior. “Ahora vamos camino a Manila” logra decir a través del teléfono cuando consigue unos minutos de buena conexión.

El Voyager of the Seas –que habitualmente recorre el Pacífico Sur desde Sídney– no toca puerto desde el 18 de marzo, cuando todos sus pasajeros desembarcaron en la ciudad australiana en medio del pánico por el . A bordo quedan ahora poco más de 1.000 integrantes de la tripulación. Edwin es el único peruano.

Estuvimos anclados frente a Sídney por aproximadamente dos semanas, sin poder salir del barco, luego las autoridades australianas nos negaron definitivamente el acceso a sus puertos y el 28 de marzo salimos con destino a Manila para dejar a los tripulantes de ese país”, contó a El Comercio el lunes.

Como ha pasado con cientos de cruceros en el mundo, el Voyager of the Seas, de la naviera Royal Caribbean, cambió drásticamente de rumbo debido al virus, una pesadilla para el sector turístico que ha afectado especialmente a sus trabajadores. Edwin lleva 15 de sus 45 años –en unos días serán 46– en el negocio de los cruceros. La mayoría de los días disfrutaba trabajando en el departamento de excursiones en tierra junto a los viajeros. Pero desde hace más de un mes vive una cuarentena que pasa principalmente solo y dentro de su cabina en alta mar.

Solo una noticia lo anima permanentemente. “No tenemos ningún caso de coronavirus a bordo. Todos estamos sanos”.

Aislado en el mar

Desde que se quedaron sin pasajeros, las medidas de precaución por el coronavirus son las únicas novedades a bordo. Primero llegó el distanciamiento social y luego el aislamiento total. Edwin estuvo completamente solo y sin salir de su habitación por dos semanas. Ahora ya puede salir, pero las restricciones continúan: distancia mínima de dos metros, mascarillas, comidas en horarios fijos. Le miden la temperatura dos veces al día y el menor síntoma de gripe significa el regreso al aislamiento total.

Ahora intento ir a las áreas libres, generalmente a la cubierta superior, camino para estirar los músculos, converso de lejos con algún colega. No hay mucho más que hacer, a veces nos reparten sudokus o pupiletras. Áreas como la piscina o el gimnasio están cerradas. Trato de hablar con amigos y familiares, pero el Internet no es muy bueno y hay 13 horas de diferencia con el Perú. Es una rutina muy monótona”.

Lo único que cambia para Edwin es la incertidumbre que día a día se hace más grande.

Edwin intenta caminar al menos una hora diaria por la cubierta del barco. (Foto: Edwin Velásquez / Cortesía para El Comercio)
Edwin intenta caminar al menos una hora diaria por la cubierta del barco. (Foto: Edwin Velásquez / Cortesía para El Comercio)

Preguntas a bordo

La mayoría de los mil tripulantes en el crucero son asiáticos, solo hay algunos latinoamericanos además de Edwin, principalmente mexicanos y chilenos. Por eso, cuando el barco finalmente llegó a Manila, en Filipinas, el miércoles un gran alivio recorrió casi toda la embarcación. Casi.

Ahora estamos anclados en la bahía, no estamos en puerto”, dice Edwin el jueves en una nueva comunicación. Dentro del barco, los tripulantes filipinos entraron otra vez en cuarentena y estarán aislados en sus habitaciones hasta el 6 de mayo. Luego podrán desembarcar. “Al resto no nos han vuelto a confinar en nuestras cabinas. En teoría las repatriaciones deberían empezar tras el desembarco de los filipinos, pero aún no nos han dicho qué va a pasar con nosotros”.

Aunque la empresa le brinda alimentación, hospedaje, Internet y seguro médico mientras esté en el barco, Edwin se pasea a diario entre la preocupación por su futuro en una industria golpeada por el virus (dejó de recibir su salario el 25 de marzo) y, principalmente, la incertidumbre por saber cómo llegará hasta el Perú.

A mí lo que más me preocupa es lo que pasará al momento de salir del barco. Aquí, al estar aislado del mundo, sin casos de Covid-19 a bordo, en cierta forma me siento seguro, pero también quisiera ir a casa, estar con los míos”.

Sus amigos le cuentan que la compañía ha contratado un vuelo chárter que partirá de Miami a Lima el 15 de mayo. Pero incluso si fuera considerado para abordarlo aún tendría que lograr llegar de Manila a Miami. Que la empresa disponga un avión para un solo ciudadano peruano es muy remoto y si se opta por la ruta comercial debería pasar muchos días entre aeropuertos y largas conexiones, exponiéndose al contagio. “Eso me preocupa y me da mucha inseguridad. Y por otro lado tengo este deseo enorme de estar en mi casa, con los míos”.

Parado en la cubierta del crucero, Edwin tiene claro que una repatriación por parte del gobierno peruano es casi imposible estando en el mar. Cuando estuvo en Sídney trató de llenar el formulario para los compatriotas varados en el exterior, pero no pudo completarlo porque uno de los requisitos para ser repatriado era tener un vuelo confirmado. No se contemplaba a los ciudadanos que, como él, salen a trabajar al mundo por tiempo limitado y luego regresan al país.

En este momento no tengo ninguna información, ni sé a qué autoridad recurrir. Soy el único peruano en este barco y no sé qué va a pasar aquí en Manila. Esa incertidumbre es lo que más afecta, esta esta angustia de no saber qué pasará mañana, si me quedaré en el barco o me mandarán a casa”, dice aprovechando los minutos de aire fresco y de buena conexión.

El Voyager of the Seas, de 138.000 toneladas, tiene capacidad de alojamiento para 3.840 pasajeros.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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