Para el sinólogo Marco Carrasco, esta decisión es, en efecto, una réplica ante la manifestación explícita de China de proteger lo que, para ellos, es suyo. Específicamente, a los ejercicios militares que Beijing desarrolla y que evidencia que su objetivo es consolidar su política de Una sola China y la consecuente anexión de Taiwán.
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“Desde Estados Unidos se piensa la respuesta desde un escenario llamado Indopacífico, no Asiapacífico. Al presentarlo de esa manera, puede incluir a su otro aliado, India. En ese marco es que quieren perennizar su hegemonía en la región”, explica el especialista.
¿La postura estadounidense es exagerada? No. Carrasco propone un ejemplo: recientemente, Papúa Nueva Guinea cortó lazos comerciales con Taiwán, decisión elogiada por China. Parece un dato menor, pero “pone de manifiesto cómo Beijing ha ganado el apoyo y acercamiento comercial con otros países”. “Puede que esta sea una noticia menor, pero que se replique pone en alerta a Estados Unidos y lo obliga a tomar medidas”.
Así como Papúa Nueva Guinea, en diciembre del 2021, Nicaragua rompió relaciones con Taiwán, confiscó sus bienes y se los entregó a China.
La modernización de la alianza entre Estados Unidos y Japón también se aplica a su presencia en el espacio. Según Carrasco, esto responde a la capacidad de espionaje de los satélites y sus posibles usos militares. “Actualmente, algunos de China y EE.UU. son capaces de detectar misiles balísticos, pero no son una gran amenaza. El asunto es lo que podrían hacer en el futuro”.
Pero quizás el cambio más resaltante sean las modificaciones a la doctrina de defensa japonesa. “Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Japón no puede contar con un ejército entendido tradicionalmente. Sin embargo, sí cuenta con fuerzas de autodefensa que operan desde mediados de los 50″.
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A esto se le suma que, a mediados de diciembre del año pasado, el Gobierno nipón aprobó cambios que “por primera vez incluyen dotarse de la capacidad de atacar bases enemigas en caso de amenaza a la seguridad nacional”. Tal como escribe Deutsche Welle, “la principal novedad, llamada en los documentos ‘capacidad de contraataque’, estipula que Japón debe contar con los medios militares para alcanzar objetivos en territorio enemigo dentro de las medidas mínimas necesarias de autodefensa”.
En esa línea, Japón destinará hasta el 2% de su PBI al presupuesto de defensa, y comprará “armas como misiles de crucero de largo alcance e hipersónicos, entre otros nuevos activos”.
Todo esto se sucede, destaca Carrasco, mientras Estados Unidos mantiene varias bases militares desplegadas en el sur de Japón, en la región de Okinawa, muy cerca de Taiwán. La agencia AFP confirma que “más de la mitad de las 50.000 tropas de Washington” esperan en esa zona.
“Este cambio en su política tiene que ver con el deseo de EE.UU. de garantizar su hegemonía. La limitación para tener un ejército propio se estableció en el contexto de posguerra. Hoy por hoy, el escenario es distinto”, concluye el especialista.