Local USMás de 50 años de una cruel dictadura, 13 años de guerra civil donde el régimen usó armas químicas, arrasó barrios enteros y torturó a sus enemigos. Hoy, apenas 3 meses después de la caída del dictador Bashar al Assad, una nueva matanza con ejecuciones a sangre fría sacude a Siria. Desde el jueves, casi 1.500 personas han muerto en el oeste del país. De ellas, 973 eran civiles de la minoría alauita, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH). ¿Por qué se ha recrudecido la violencia en la nación que está apostando por una transición que implica el desarme de los numerosos grupos rebeldes con presencia en gran parte del territorio?
Bashar al Assad cayó en la madrugada del domingo 8 de diciembre de 2024, cuando el dictador escapó a Rusia. Había gobernado Siria con mano de hierro desde que llegó al poder en el año 2000. Antes de él, su padre, Hafez, gobernó durante 29 años. Ambos pertenecen a la minoría alauita, que representa el 10% de una nación de mayoría musulmana sunita.

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La guerra civil estalló en marzo del 2011 y dejó cientos de miles de muertos y millones de refugiados. El grupo fundamentalista Hayat Tahrir al Sham (HTS, Organización para la Liberación del Levante), terminó derrocando a Al Assad. El comandante de los rebeldes, Ahmed al Sharaa, hoy es el presidente de Siria.


Ataque y venganza
El país atraviesa el momento más trágico desde la caída de Al Assad.
En las últimas tres semanas hubo enfrentamientos menores en las provincias de Latakia y Tartús, en la costa, donde viven los alauitas.
Pero el jueves la violencia escaló. Ese día, un grupo autodenominado de “resistencia”, comandado por uno de los generales de la Cuarta División Blindada del antiguo régimen, cuyo jefe era Maher al Assad, considerado mucho más cruel que su hermano el dictador, emboscó a fuerzas de seguridad del Estado y mató a 121 efectivos. Ocurrió en la ciudad de Jableh, en Latakia.
Entonces, el régimen de Ahmed al Sharaa envió refuerzos para aplastar a la “resistencia”, pero estos terminaron perpetrando también una matanza de civiles.
El OSDH denunció que entre el viernes y sábado, 973 civiles, incluidos niños, fueron asesinados “a sangre fría” en unas 30 “masacres” sectarias dirigidas por las fuerzas de seguridad contra la minoría alauita.

La BBC informó que se ha reportado que cientos de personas han huido de sus hogares en Latakia y Tartús.
El medio británico agregó que en Hai Al Kusour, un vecindario predominantemente alauita en la ciudad costera de Baniyas, los residentes contaron que las calles están llenas de cuerpos dispersos, amontonados y cubiertos de sangre. Hombres de diferentes edades fueron asesinados a tiros allí, explicaron los testigos.
Además, al menos 481 miembros de las fuerzas de seguridad y combatientes pro Al Assad murieron en los combates, añadió el OSDH.

El lunes, el Ministerio de Defensa sirio anunció el fin de todas sus operaciones militares contra grupos leales a Al Assad en Latakia y Tartús.
Calificó de exitosa la operación y dijo que se lograron todos los objetivos propuestos.
Un día antes, el presidente Ahmed al Sharaa había ordenado que una “comisión independiente” investigue las matanzas de civiles.
“Lo que está pasando en el país (...) son desafíos que eran previsibles. Tenemos que preservar la unidad nacional, la paz civil, tanto como sea posible y, si Dios lo quiere, seremos capaces de vivir juntos en este país”, manifestó Al Sharaa en una mezquita de Damasco.
La frágil transición amenazada

El analista internacional Francisco Belaunde consideró que la acción del jueves fue planificada por leales a Al Assad con el objetivo de derribar al nuevo Gobierno.
Remarcó a El Comercio que no todos los alauitas están metidos en esta contrarrevolución. “Es básicamente gente de Al Assad, y no va a ser fácil doblegarlos porque hay que tener en cuenta que siendo minoría gobernaron el país más de 50 años. Y si se siguen cometiendo este tipo de masacres, va a ser aún más difícil derrotarlos”.
Belaunde recordó que el HTS instaló un gobierno provisional y prometió una transición hacia la democracia en dos o tres años. Como parte de ese proceso, pidió a todos los grupos rebeldes de Siria abandonar las armas e integrarse a las nuevas Fuerzas Armadas, algo que la mayoría aceptó; pero hay varias agrupaciones, entre ellas los kurdos, que no han aceptado porque quieren su autonomía. “Tras lo ocurrido, no creo que lo hagan”, dijo el analista.

“La situación en Siria es bastante inestable. Entre quienes apoyan al Gobierno hay muchos yihadistas, extremistas, muchos extranjeros, y lo que han hecho es una masacre que justamente va en contra de lo que busca el presidente, quien quiere aparecer ante la comunidad internacional como una persona moderada, responsable, que supuestamente respeta a las minorías, pero ahora resulta que al reprimir esta contrarrevolución, la mayoría de los muertos son civiles. Esto puede hacer que Al Sharaa pierda totalmente autoridad”, explicó Belaunde.
“Ahora será más difícil que se levanten las sanciones internacionales que se mantienen vigentes sobre Siria desde los tiempos de Al Assad, como pedía el nuevo presidente”, anotó Belaunde.
Agregó que Al Sharaa controla los territorios que estaban en manos de Al Assad, pero que no ha podido ir más allá. “Los kurdos siguen controlando más o menos cerca de un tercio del territorio sirio”.
“Y a eso hay que sumar el sur de Siria, la parte del Golán, donde hay presencia de Israel, país que quiere imponer una especie de zona de seguridad para que no sea atacado”, indicó.
“Falta bastante para que el nuevo gobierno pueda asentarse y dejar atrás la guerra civil. De nuevo se puede desbordar el conflicto si la situación escala hacia Irak, otra vez al Líbano, etc”, sostuvo Belaunde.
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