La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, durante el desfile militar anual por el aniversario de su país, el pasado 10 de octubre. REUTERS/ Ann Wang
La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, durante el desfile militar anual por el aniversario de su país, el pasado 10 de octubre. REUTERS/ Ann Wang
Redacción EC

hizo historia cuando se convirtió en el 2016 en la primera mujer presidenta de . Entonces, era una profesora universitaria de 59 años con poca experiencia en política que había logrado derrotar al histórico partido Kuomintang.

Pero su llegada al poder y su posterior reelección, a inicios del 2020 y con más del 57% de los votos, solo ha provocado mortificar más a China y a su presidente, Xi Jinping, que ya dijo públicamente que nunca cesará en sus esfuerzos de que .

Tsai, ahora de 65 años, es considerada una separatista por el régimen chino y, en las últimas semanas, ha demostrado que no piensa doblegarse y que Taiwán seguirá siendo gobernada de manera autónoma.

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El sensible asunto de Taiwán ha vuelto a ser el centro de atención de la geopolítica internacional debido a la creciente presión militar desde Beijing, sobre todo por las constantes misiones de la fuerza aérea china sobre la llamada Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) de Taiwán, que ha suscitado y la administración Biden.

Un helicóptero chinook iza una bandera gigante de Taiwán durante un ensayo de sobrevuelo de la bandera de Taiwán antes del Día Nacional de Taiwán en Taoyuan, Taiwán, el 28 de septiembre de 2021. (Foto: EFE / EPA / RITCHIE B. TONGO)
Un helicóptero chinook iza una bandera gigante de Taiwán durante un ensayo de sobrevuelo de la bandera de Taiwán antes del Día Nacional de Taiwán en Taoyuan, Taiwán, el 28 de septiembre de 2021. (Foto: EFE / EPA / RITCHIE B. TONGO)

Desde septiembre del año pasado, China ha enviado cazas hacia Taiwán en más de 800 ocasiones. Como resultado de esas tensiones, la isla ha reforzado sus lazos extraoficiales con Japón, Australia y Estados Unidos.

“Haremos todo lo posible para impedir que el ‘status quo’ se vea alterado de forma unilateral”, dijo Tsai el pasado 10 de octubre durante las celebraciones de la Fiesta Nacional de Taiwán.

“Seguiremos reforzando nuestra defensa nacional y mostrando nuestra determinación de defendernos para asegurarnos de que nadie puede obligar a Taiwán a seguir el camino que China ha trazado por nosotros”. Y agregó: “El camino que ha trazado China no nos ofrece ni una forma de vida libre y democrática para Taiwán ni soberanía para nuestros 23 millones de personas”, añadió la presidenta, haciendo clara referencia a Hong Kong, un territorio semiautónomo donde la disidencia ha sido reprimida y sigue siendo silenciada.

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El régimen chino se niega a tratar con Tsai, que no ha dudado en señalar que Taiwán es un país independiente y que no comprometerá la defensa de su soberanía o libertad.

De la cátedra a la presidencia

Según relata la , Tsai es la menor de 11 hermanos y nació en un pueblo costero del sur de Taiwán. Se mudó a la capital, Taipei, cuando tenía 11 años. Su origen étnico mixto, de padre hakka y madre taiwanesa, ha sido citado como uno de los rasgos que la ayudaron a conectarse con sus seguidores.

Tsai se licenció en derecho por la Universidad Nacional de Taiwán y completó su maestría en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cornell en 1980 y obtuvo un doctorado en la London School of Economics.

Tsai Ing-wen fue elegida por primera vez en el 2016 como presidenta de Taiwán y a inicios del 2020 ganó la reelección. EFE/EPA/RITCHIE B. TONGO
Tsai Ing-wen fue elegida por primera vez en el 2016 como presidenta de Taiwán y a inicios del 2020 ganó la reelección. EFE/EPA/RITCHIE B. TONGO

En los años 90, fue negociadora para la adhesión de Taiwán a la Organización Mundial del Comercio.

Durante el gobierno del independentista Chen Shui-bian (2000-2008) fue viceprimera ministra y titular del Consejo de Asuntos de China continental. Recién en el 2004 se unió oficialmente al Partido Demócrata Progresista (PDP) y se convirtió en candidata presencial en el 2012. Sin embargo, esos comicios los perdió.

Tras su renuncia a la presidencia del PDP en ese año, volvió a la cabeza del partido en 2014, imponiendo la paz entre las diferentes facciones e impulsando la moderación con respecto a las relaciones con China, lo que le granjeó fama de moderada. Sin embargo, para el régimen de Beijing siempre fue considerada una independentista.

En el 2020, luego de ser electa por segunda vez, fue considerada una de las lideresas mundiales que mejor gestionó la pandemia de coronavirus pues tomó previsiones desde el inicio, logrando controlar con eficacia las olas de contagios.

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