El oscuro legado de Nagasaki
El oscuro legado de Nagasaki

En 1985, cuando la población de , en Japón, se disponía a conmemorar un año más de su tragedia, al otro lado del Pacífico, en Estados Unidos, Paul Bregman, uno de los hombres que participó en el lanzamiento de la bomba de plutonio, se quitaba la vida. El agobiado veterano de guerra se ahorcó el 5 de agosto, consumando su promesa de abandonar este mundo al cumplirse 40 años del segundo holocausto atómico.

Al caer el primer proyectil atómico sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, Japón estaba en retirada, militarmente acorralado y apelando a los kamikazes como medida desesperada. La devastación, sin embargo, no convenció a sus líderes de capitular. Entonces el mandatario estadounidense Harry Truman consideró necesaria otra embestida nuclear sobre tierras niponas.

Aquel 9 de agosto, bajo la penumbra de la madrugada, la superfortaleza B-29 Bock’s Car, junto a otros dos aviones de observación, partió desde la base aérea de Tinian, en las Islas Marianas, llevando en su vientre a “Fat man”, el artefacto atómico de 4.535 kilos de peso, al mando del piloto de 25 años Charles W. Sweeney.