Redacción EC

Por la mañana de este martes, cuando se supo que el presidente de Estados Unidos iba a retomar sus giras habituales por el país -las cuales habían quedado aparcadas hace casi dos meses debido a la expansión del nuevo -, una de las mayores inquietudes fue saber si, por fin, se pondría una mascarilla.

En la agenda estaba programada justamente una visita a la planta en Phoenix (Arizona) de la fábrica de tapabocas N-95 Honeywell, así que la expectativa estaba justificada.

Hace poco más de un mes, el 4 de abril, cuando en el gigante norteamericano ya había registrados 280 mil casos del COVID-19 y más de 7.000 decesos (hoy la cifra de fallecidos se ha multiplicado por 10 y los contagios ya están por llegar a 1’200.000), las autoridades sanitarias estadounidenses recomendaron enfáticamente el uso de mascarillas en lugares públicos como supermercados o farmacias.

Si bien insistían en que no fueran de tipo médico, un bien más bien escaso que debía reservarse al personal sanitario, aconsejaban su uso.

Tanto el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, como el de Nueva York, Bill de Blasio, instaron al uso de mascarillas a sus residentes en esa misma fecha. Y fue entonces que Trump reconoció que el Gobierno Estadounidense estaba estudiando desde hacía días añadir dicha medida a la lista de recomendaciones federales.

No tardó en señalar que, en cualquier caso, se trataba de una medida voluntaria que él, por aquel entonces, no pensaba seguir. Ni entonces ni después. “Yo mismo no quiero llevar una. Lo han recomendado. Me siento bien así. No sé, no me veo llevando una. Puede que cambie de opinión…”.

Inquirido con mayor ahínco sobre el asunto, respondió: “Usar una mascarilla mientras recibo a presidentes, primeros ministros, dictadores, reyes, reinas, pues no sé, no lo veo”, apuntó.

El jefe de Estado llegó a decir, en medio de su aversión a dicho adminículo, que “en muchos sentidos, una bufanda es mucho mejor y protege más, ya que es más gruesa”.

Símbolo de división política

Seguidores de Trump se unen a una protesta contra el confinamiento por el coronavirus cerca del Capitolio del estado de Michigan en Lansing. (EFE / Jeffrey Sauger)
Seguidores de Trump se unen a una protesta contra el confinamiento por el coronavirus cerca del Capitolio del estado de Michigan en Lansing. (EFE / Jeffrey Sauger)

Tanta resistencia parecía que iba a tener hoy su final. Al salir de Washington hacia Arizona, el mandatario sugirió que podría cubrirse el rostro, pero agregó -a regañadientes, según la agencia France Press (AFP)- que solo lo haría en un “entorno con mascarillas”.

La visita a esta fábrica ha sido una señal inequívoca, por parte de Trump, de su objetivo de alentar una reapertura de la economía del país, severamente golpeada por las medidas de distanciamiento social y de confinamiento para intentar contener la pandemia.

Además, las mascarillas N-95 se han convertido en un símbolo de las divisiones en el país sobre cómo manejar esta enorme crisis sanitaria. Según las encuestas, para los votantes demócratas los tapabocas son uns signo de responsabilidad compartida en la sociedad, mientras que para los republicanos son una amenaza contra la libertad individual. Y ya sabemos cómo mima Trump a sus seguidores y correligionarios.

Tal como refiere la misma AFP, muchos simpatizantes del gobierno han protestado contra las cuarentenas ordenadas por los gobernadores estatales sin mascarillas, como un signo de independencia política, y gritando a voz en cuello que toda la pandemia “es una farsa”.

Todo ello, a pesar de que los médicos expertos y la primera dama, Melania Trump, promueven el uso de las mascarillas como herramientas fundamentales para luchar contra el avance del virus.

Mal ejemplo (y disculpas) de Pence

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visitó las instalaciones de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota. No usó mascarilla. (Foto: REUTERS / Nicholas Pfosi).
El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visitó las instalaciones de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota. No usó mascarilla. (Foto: REUTERS / Nicholas Pfosi).

La visita de esta tarde de Trump se producía, además, luego de que el vicepresidente Mike Pence levantara polémica hace unos días por entrar sin barbijo a la Clínica Mayo de Rochester (Minnesota), que precisamente exige el uso de tapabocas en sus instalaciones.

Pence fue la única persona que no llevó el adminículo en aquella visita. Representantes de la clínica señalaron que el equipo del vicepresidente fue advertido con anticipación de la obligatoriedad de su uso.

En un hecho inusual en un integrante de la Administración Trump, Pence reconoció públicamente su error. “No pensé que fuera necesario, pero debí haber usado una mascarilla”, se disculpó al día siguiente.

La Casa Blanca sostiene que debido a que los altos cargos y sus invitados se someten habitualmente a pruebas para el coronavirus, no necesitan utilizar tapabocas.

Finalmente, Trump no se puso ninguna mascarilla en la planta de Honeywell y solo accedió a taparse los ojos con unas gafas protectoras.

El presidente aprovechó, más bien, para invitar a subir al estrado puesto en la fábrica a los dueños de un restaurante mexicano en Tucson que habían sido criticados en marzo por expresar su apoyo a Trump. Y es que cada vez falta menos para las elecciones generales de noviembre. Medio año nada más. Las mascarillas pueden esperar.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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