Redacción EC

Si al principio de la pandemia que hoy asuela al mundo subestimó sus eventuales estragos, hoy -con más de 1’200.000 de contagios registrados y casi 75.000 fallecimientos- el presidente de Estados Unidos parece haber tomado conciencia del potencial destructivo del , tanto en vidas humanas como en secuelas económicas.

Rodeado de enfermeros en la Casa Blanca, Trump ha dicho en las últimas horas que Estados Unidos está atravesando “por el peor ataque que hemos tenido jamás en nuestro país”.

Luego abundó en los términos bélicos y catastróficos para dar una imagen de lo que vive hoy la nación que lidera. “Esto es peor que Pearl Harbor. Es también peor que (el atentado del 11-S contra) el World Trade Center (las Torres Gemelas, en Nueva York)".

En realidad, la cifra de decesos registrada este año en Estados Unidos por el nuevo coronavirus supera con creces la de los 2.400 estadounidenses muertos en el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 o las 2.996 víctimas de los atentados del 2001. Incluso ha dejado atrás, según recuerda la agencia Efe, el umbral de 58.220 estadounidenses fallecidos durante las casi dos décadas de la guerra de Vietnam (1959-1975).

Un ataque fulminante

Lo que ocurrió el 7 de diciembre de 1941, hace casi 80 años, cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial, que había comenzado apenas dos años atrás. El ataque japonés de aquel día a la base naval estadounidense del Pacífico tuvo el efecto de meter, de pies a cabeza, al gigante norteamericano en la conflagración.

Japón se había sumado al eje Berlín-Roma (el régimen nazi de Adolf Hitler y el régimen fascista de Benito Mussolini) en el Pacto Tripartito firmado en setiembre de 1940, que le daba al país nipón la primacía territorial en Asia. La expansión en el Pacífico del Imperio Japonés solo encontraba un posible obstáculo: el de Washington.

El ataque a Pearl Harbor cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial. En la imagen, un bombardero B-17C yace destruido por los aviones japoneses en la base Hickman. (Reuters)
El ataque a Pearl Harbor cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial. En la imagen, un bombardero B-17C yace destruido por los aviones japoneses en la base Hickman. (Reuters)

Estados Unidos, bajo la presidencia de Franklin Roosevelt -el único mandatario que ganó cuatro elecciones y que gobernó desde 1933 hasta 1945-, había optado por el aislacionismo en los primeros años de aquel conflicto bélico. Trató más bien de frenar a los japoneses por la vía de la sanción y el congelamiento de los créditos nipones en EE.UU., así como el bloqueo del suministro de petróleo.

Las tensiones entre Tokio y Washington fueron subiendo de tono en 1941 y las negociaciones que pusieran fin al bloque comercial se fueron al tacho el 26 de noviembre por una serie de confusiones diplomáticas.

Once días más tarde sucedió lo inevitable: el conflicto se trasladó al Pacífico Sur. En la base de Pearl Harbor reposaba la flota norteamericana y hasta allá fueron seis portaaviones nipones transportando a casi 400 aeronaves. El objetivo era tomar por sorpresa a Estados Unidos y anular su fuerza naval en el Pacífico.

A las 7:55 a.m. del 7 de diciembre sonó la primera explosión en Pearl Harbor. “Tora! Tora! Tora!”, tronaba en la radio japonesa la voz de Mitsuo Fuchida, líder de la primera oleada, transmitiendo la clave que hacía saber a los estrategas del ataque que la base estadounidense estaba con las defensas bajas, como bien recordó en un reportaje especial el diario español “La Vanguardia”.

La única oposición inicial provino de aviones P-36 Hawk y P-40 Warhawk, que realizaron 25 salidas, y del fuego de la artillería naval antiaérea. Menos de dos horas después del primer ataque, los japoneses se retiraron de la base, sumida ya en el caos y la destrucción tras dos oleadas ofensivas enemigas.

Se dice que el almirante japonés Chuichi Nagumo cometió un error craso, para los intereses de su país, al suspender un tercer ataque sobre la isla de Oahu que hubiera provocado la destrucción total de los talleres navales, los depósitos de combustible y de pertrechos que habían sufrido escaso daño. Sin ellos, Estados Unidos se habría visto en graves problemas logísticos y obligado a recurrir a bases más lejanas.

Por la parte estadounidense, se contaron 2.400 decesos y 1.180 heridos, además de 19 barcos con daños de distinta consideración, ocho de ellos hundidos, y 188 aviones -que estaban fuera de los hangares- destruidos. Por la parte japonesa, fueron solo 64 hombres abatidos, además de 29 aviones derribados.

Tras lo ocurrido en Pearl Harbor el Senado de Estados Unidos aprobó la declaración de guerra contra Japón. (AFP)
Tras lo ocurrido en Pearl Harbor el Senado de Estados Unidos aprobó la declaración de guerra contra Japón. (AFP)

El desenlace dio vuelta a todo

Ya está dicho. El sorpresivo y letal ataque japonés terminó convirtiéndose en un búmeran para el Eje, ya que abrió un nuevo frente de combate en la Segunda Guerra Mundial y provocó la entrada en la contienda de un gigante armado hasta los dientes.

Acaso la única buena noticia para Estados Unidos tras el ataque fue que sus tres portaaviones en el Pacífico habían estado fuera de la base y navegando hacia otras islas cuando ocurrió la incursión nipona.

Al día siguiente del bombardeo, el 8 de diciembre, Roosevelt se dirigió a la nación y el Senado aprobó la declaración de guerra contra Japón y el ejer Berlín-Roma de forma contundente: 388 Sí y solo un No.

Japón nunca tuvo posibilidades reales de vencer a una potencia como Estados Unidos en los años que siguieron al ataque de Pearl Harbor y que tuvieron su conocido y catastrófico final en agosto de 1945 con el lanzamiento de bombas nucleares sobre las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki en un lapso de solo 72 horas. Las 72 horas que marcaron con mayor intensidad la historia de la humanidad en el siglo XX.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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