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Nueva York [AFP]. Acusado de politizar al ejército de Estados Unidos, se mantuvo este sábado alejado de toda polémica con el Pentágono durante la ceremonia de graduación de la prestigiosa academia militar de West Point, cerca de Nueva York.

El presidente estadounidense eligió un tono solemne para su discurso, lejos de los acentos marciales adoptados ante las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial de las últimas semanas, que llevaron a los más altos jerarcas del Pentágono a tomar públicamente distancias con él.

“El ejército estuvo en primera línea para poner fin a la terrible injusticia de la segregación” durante la lucha por los derechos civiles en los años 1960, dijo ante los 1.107 cadetes sentados al sol respetando las normas de distanciamiento social impuestas por la pandemia de COVID-19.

Trump aludió al gran movimiento de protesta que se extendió por todo el país tras la muerte a fines de mayo, en Minneapolis, del afroestadounidense George Floyd por un policía blanco que lo asfixió durante su arresto.

El presidente agradeció a “los hombres y las mujeres de la Guardia Nacional” que fueron desplegados para “mantener la paz, la seguridad del Estado y el derecho constitucional en (las) calles”. Esta fuerza de reserva fue también la que protegió el entorno de la Casa Blanca, en Washington.

Tras manifestaciones violentas y escenas de saqueos en numerosas ciudades, el presidente había suscitado airadas reacciones cuando mencionó la posibilidad de enviar al Ejército a restaurar “la ley y el orden”.

El secretario de Defensa, Mark Esper, graduado de West Point, mostró su desacuerdo con esta idea la semana pasada. “La opción de recurrir a soldados activos debería ser empleada solo como último recurso y en las situaciones más urgentes y dramáticas”, dijo.

El jueves fue el jefe del Estado Mayor, el general Mark Milley, quien lamentó haberse exhibido en uniforme junto al presidente después de una brutal dispersión de manifestantes cerca de la Casa Blanca. “No debería haber estado allí”, comentó. “Daba la impresión que el ejército estaba interfiriendo en la política interna”.

Los dos responsables del Pentágono dijeron además estar a favor de renombrar a las bases militares estadounidenses que honran la memoria de generales confederados, proesclavistas, durante la Guerra de Secesión, una idea a la que Donald Trump se opuso categóricamente.

Ya no “guerras sin fin”

El presidente, que según algunos medios ha considerado en el último tiempo despedir a Mark Esper, se mostró preocupado por calmar sus relaciones con el Pentágono. “El trabajo de los soldados estadounidenses no consiste en reconstruir países extranjeros sino en defender con fuerza a nuestra nación contra enemigos extranjeros”, dijo el sábado.

Reiteró por otra parte su voluntad de poner término a "la era de las guerras sin fin", en referencia, fundamentalmente, al plan de retiro del ejército estadounidense de Afganistán.

Trump, que nunca hizo el servicio militar, acostumbra dirigirse a los militares durante sus viajes al exterior y no ha dudado en incitar a soldados a abuchear a periodistas que cubrían algún acontecimiento, poniendo en evidencia el respaldo del que goza en sectores de las fuerzas armadas.

Antes de su discurso en West Point, exalumnos de esta academia que ha formado a numerosos jerarcas castrenses y gobernantes estadounidenses advirtieron en una carta abierta a los cadetes contra cualquier “obediencia ciega”, destacando los peligros que plantean los “tiranos”.

“La politización de las fuerzas armadas debilita el vínculo entre el ejército y la sociedad estadounidense”, señalan estos 400 exalumnos de varias generaciones que aseguran haber servido, entre todos, a diez gobiernos diferentes. “Si este vínculo se rompe, los daños para nuestro país serían incalculables”.

Trump ya había anunciado en abril que participaría en la entrega de diplomas en West Point, ubicada a un centenar de kilómetros de Nueva York, epicentro de la pandemia de COVID-19 en Estados Unidos.

Los organizadores debieron modificar el ceremonial para respetar lo más posible las consignas de seguridad sanitaria ante el coronavirus. Los cadetes salían de dos semanas de cuarentena y llegaron al evento portando mascarillas y con sus familias, que este año, por primera vez, no fueron invitadas al acto.

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