Por Roger Zuzunaga Ruiz

El rápido y masivo consumo de munición en la guerra contra Irán está dejando al descubierto una vulnerabilidad poco visible del poder militar de Estados Unidos: la dificultad para sostener un conflicto de alta intensidad sin comprometer sus reservas estratégicas. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, el Pentágono ha empleado miles de misiles de precisión —muchos de ellos diseñados para escenarios como un eventual enfrentamiento con Chinaa un ritmo muy superior al de su reposición, obligando a redistribuir recursos desde Asia y Europa y encendiendo alertas sobre la capacidad de respuesta global de Washington si el conflicto se prolonga o se abre un nuevo frente.

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