Llegó a EE.UU. escapando de la MS-13, pero la encontraron
Llegó a EE.UU. escapando de la MS-13, pero la encontraron
José Miguel Vivanco

Director de la División de las Américas de Human Rights Watch

Las pandillas juveniles siempre han sido un dolor de cabeza para la policía de , en especial la denominada MS-13 (), que desde el 2012 ha sido calificada como la principal “organización criminal transnacional” que opera tanto en Centroamérica como en EE.UU. 

Su poder financiero radica en la extorsión y en brindar seguridad a los cárteles de la droga, al punto que su accionar sanguinario no sabe de fronteras, no respeta edades, ni mucho menos tiene límites. Hoy el caso de la adolescente Damaris Reyes (15 años) es un triste ejemplo de la venganza pandillera.

Todo se inició en el 2012, cuando la salvadoreña María Reyes, residente en Maryland (estado colindante con Washington DC), fue contactada por la MS-13 para solicitarle un pago mensual de 500 dólares para respetar la vida de su hija Damaris, que vivía en El Salvador.

Ella no dudó en acudir a las autoridades federales para denunciar los hechos, compartir información sobre las conexiones con pandilleros en el área metropolitana y en pocos meses logró que su pequeña pudiera emigrar a Estados Unidos.

Este hecho enojó a los líderes de la MS-13, quienes sin ningún temor utilizaron las redes sociales para amenazar de muerte a Damaris. La amenaza se cumplió el pasado 10 de diciembre, cuando la adolescente fue secuestrada en las inmediaciones de su residencia. Tras una intensa búsqueda, su cuerpo fue descubierto el 11 de febrero con huellas de haber sido torturada. 

El asesinato de la joven ha obligado a los cuerpos policiales de Maryland, Virginia y el Distrito de Columbia a reforzar el trabajo preventivo en escuelas y barrios con una alta población hispanos, pues los adolescentes son ‘objetos’ para extorsionar desde El Salvador a los padres de familia centroamericanos que emigraron a Estados Unidos.

Actualmente, la policía también investiga si la MS-13 es responsable de dos cuerpos encontrados en un parque del condado de Fairfax a principios de este mes.

Un reciente informe del FBI señala que en último año han sido acusados o condenados más de un centenar de miembros de la  MS-13 en estados de la Costa Este.

Por ejemplo, 56 pandilleros tienen casos en Massachusetts, 31 en Carolina del Norte, 23 en Nueva Jersey y al menos 13 en Nueva York, por citar unos estados.

Estos hechos no son ajenos a la Casa Blanca. El presidente Donald Trump reiteró recientemente que es necesario privilegiar la deportación de los pandilleros salvadoreños que aterrorizan varias ciudades del país. 

En unas recientes declaraciones al diario "The New York Times", Trump dijo que “ellos (los pandilleros) vienen de Centroamérica, están matando y violando a todo el mundo allá. Son ilegales y les llegó su fin”. Este tipo de hechos son utilizados por el nuevo gobierno para justificar su incremento en las redadas de indocumentados. 

El problema se agudiza al revisar que en Estados Unidos viven más de dos millones de salvadoreños, muchos de los cuales son inmigrantes indocumentados que por temor a ser deportados no se atreven a denunciar las extorsiones.

Es importante mencionar que la padilla MS-13 en Estados Unidos cuenta entre sus miembros a ciudadanos estadounidense de origen salvadoreño, así como jóvenes inmigrantes de Guatemala y Honduras. En a década de los 90 la policía detectó también la presencia de adolescentes de Colombia, Perú, Puerto Rico y Cuba. 

Según el Centro Nacional de Pandillas Juveniles, se estima que más de 750.000 jóvenes marginales aterran los barrios estadounidenses. Solo en California hay más de 365.000, de los que 100.000 están en el condado de Los Ángeles.