Un hombre porta una antigua bandera blanca-roja-blanca de Bielorrusia durante un mitin para protestar contra los resultados de las elecciones presidenciales que dieron como ganador a Alexander Lukashenko. (Foto: AFP).
Un hombre porta una antigua bandera blanca-roja-blanca de Bielorrusia durante un mitin para protestar contra los resultados de las elecciones presidenciales que dieron como ganador a Alexander Lukashenko. (Foto: AFP).
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La oposición de tenía prevista otra gran manifestación este domingo contra el presidente , esta vez bajo la amenaza de munición real de la policía, que ya reprimió duramente la manifestación del domingo pasado.

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Esta protesta será la primera acción importante desde el ultimátum dado a Lukashenko, en el poder desde 1994, por la líder de la oposición Svetlana Tijanóvskaya, refugiada en Lituania.

La opositora le dio al presidente hasta el 25 de octubre para que se retire, de lo contrario llamará al país a manifestarse y a una huelga general.

El presidente de 66 años, bajo una presión sin precedentes desde las controvertidas elecciones presidenciales del 9 de agosto, no ha mostrado ninguna intención de ceder a las demandas de sus opositores, todo lo contrario.

Todos los líderes de la oposición bielorrusa están ahora detenidos o exiliados en el extranjero. Y el domingo pasado, la manifestación semanal en Minsk fue violentamente reprimida por la policía, que utilizó cañones de agua y granadas aturdidoras contra la muchedumbre y detuvo a cientos de personas. Fue la intervención más brutal en semanas.

El lunes, el ministerio del Interior advirtió que la policía no dudará en recurrir “si es necesario” a la munición real, lo que constituiría una grave escalada de la crisis.

Las autoridades, que acusan a los occidentales de fomentar las protestas para derrocar a Alexander Lukashenko, justificaron esta decisión diciendo que las manifestaciones se habían vuelto “organizadas y extremadamente radicales” con “piedras, botellas y cuchillos” que se lanzan a la policía antidisturbios, así como “barricadas e incendios” en las calles.

El jefe del KGB, Ivan Tertel, dijo el sábado que estaba al tanto de una “inminente provocación” que se está preparando para “desestabilizar” Bielorrusia.

“Esta marcha no será diferente de las demás (...) es solo otro intento de asustar a la gente”, dijo a la AFP Dmitri Malets, de 33 años, partidario de la oposición.

La policía bielorrusa ya había disparado munición real a principios de agosto durante las primeras manifestaciones en Brest, en el sur del país. Un manifestante murió de sus heridas.

Ultimátum

Otras manifestaciones más pequeñas fueron reprimidas por la policía desde la última manifestación gigante del domingo.

El lunes, la policía usó gas lacrimógeno y granadas aturdidoras para dispersar una manifestación de jubilados que marchaban con los colores rojo y blanco de la oposición en las calles de Minsk.

El sábado, durante la tradicional manifestación de mujeres y estudiantes, varias personas, incluyendo periodistas, fueron arrestadas.

En su ultimátum, fijado para el 25 de octubre, la opositora Svetlana Tijanóvskaya, además de la dimisión de Lukashenko, pidió poner fin a la represión de las manifestaciones y la liberación de todos los “presos políticos”.

“Si nuestras demandas no se cumplen para el 25 de octubre, todo el país saldrá a la calle pacíficamente”, advirtió el martes. “Y el 26 de octubre, comenzará una huelga nacional de todos las empresas, todas las carreteras quedarán bloqueadas, las ventas en las tiendas estatales se hundirán”, añadió.

Desde el comienzo del movimiento de protesta, cientos de manifestantes, líderes de movimientos políticos, sindicatos y periodistas fueron arrestados.

Lukashenko tiene el apoyo de Moscú pero está bajo la amenaza de sanciones de la Unión Europea.

La UE ya sancionó a 40 dirigentes del régimen, entre ellos el ministro del Interior y su adjunto, acusados de estar implicados en la represión y el amaño de las elecciones presidenciales del 9 de agosto, cuyo resultado no reconocen los europeos.

Tijanóvskaya realizó numerosos viajes al extranjero, y obtuvo el apoyo de Alemania y Francia, entre otros, pero Moscú considera que estas intervenciones son una injerencia y considera que la opositora y excandidata presidencial no es una interlocutora legítima.

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Decenas de miles de manifestantes en Bielorrusia a pesar de la represión policial

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