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A solo unos meses de que se cumplan 250 años desde que Estados Unidos declaró su independencia del Imperio Británico, los lazos entre ambos países siguen estrechos y resilientes, aunque no siempre de manera positiva. Y es que un caso que sigue causando temblores en Washington está causando terremotos en la clase políticas afianzada en Londres, con las revelaciones de los archivos del magnate financiero y pederasta Jeffrey Epstein aparentemente tumbándose definitivamente a dos ya tambaleantes pilares de la alta sociedad británica.
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Andrew Mountbatten-Windsor: de príncipe a (posible) presidiario
En el cada vez más precario caso del hombre antes conocido como el príncipe Andrés y ahora como Andrew Mountbatten-Windsor, diputados británicos del Partido Liberal Demócrata exigieron la publicación de documentos relativos a su nombramiento como representante especial de Comercio Internacional en 2001, una posición que mantuvo hasta 2011 y que recientes revelaciones parecen indicar abuso al filtrar información confidencial a Epstein, a desmedro de los intereses del Reino Unido en un grave caso de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, por las que interrogado por la policía la semana pasada.
Una moción a la que el actual gobierno laborista ha buscado apoyar enfáticamente, con el ministro de Comercio, Chris Bryant, calificando a Mountbatten-Windsor como un ser “grosero, arrogante, con un sentimiento de privilegio” y “en una constante carrera de autoengrandecimiento y enriquecimiento personal”.
El expríncipe Andrés arrastra desde hace décadas polémica por su aparente estrecha relación con Jeffrey Epstein, críticas que se cristalizaron cuando una mujer estadounidense de nombre Virginia Giuffre denunció en diciembre de 2014 ante un tribunal de Florida haber sido víctima de la red sexual del financista, incluyendo haber tenido relaciones sexuales con el entonces miembro de la realeza cuando era menor de edad.

Fue un escándalo que sobrevivió el suicidio de Epstein en 2019, llevando a que Andrew decidiera abandonar la vida pública. En 2021, Giuffre presentó una demanda contra el todavía príncipe y que fue solucionada por un acuerdo entre las partes en febrero de 2022. Sin embargo, el caso volvió a la esfera pública luego de que Giuffre se suicidara en abril de 2025.
Conocido como el hijo favorito de la reina Isabel II, Andrew Mountbatten-Windsor pareció perder el escudo que lo protegía con el fallecimiento de la longeva monarca en septiembre de 2022 y la ascensión al trono del rey Carlos III, perdiendo en octubre de 2025 sus títulos reales, así como los títulos nobiliarios de duque de York, conde de Inverness y barón Killyleagh.
Su arresto el pasado jueves 19 de febrero y las subsecuentes 11 horas pasadas en una comisaría de Norfolk ha sido un evento más en el rosario de humillaciones del exmiembro de la familia real, vejamen del que esta no parece muy apurada de ampararlo. Y es que solo horas después de que se conociera el arresto, el rey Carlos III lanzó un comunicado en el que llamó por un “proceso completo, justo y adecuado” y adelantó “el apoyo y cooperación total y sincero” de la monarquía. “Permítanme decirlo claramente: la ley debe seguir su curso”, sentenció el monarca.

En conversación con El Comercio, el internacionalista Enrique Banús, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura, señaló que los recientes pedidos de los diputados son una muestra más que la clase política británica también quiere alejarse lo más posible de los escándalos relacionados Andrew Mountbatten-Windsor
“Ya llevamos varios pasos en los cuales la clase política y la propia monarquía se iban distanciando de él. No le quedaba otra tampoco”, señala el experto. “Los temas son tan clamorosos, las evidencias tan claras que no es posible otra actuación”.
Para el experto, el caso ha adquirido una dimensión más grave con la sospecha de que se pudiera haber compartido información confidencial y de seguridad nacional. Es una línea que también compartió el internacionalista Jorge Antonio Chávez Mazuelos, quien subrayó que el cargo diplomático otorgado al príncipe implicaba acceso a información reservada, lo que abre interrogantes sobre qué posibles vulnerabilidades podría haber dejado abiertas respecto al Gobierno británico.
“Su cargo implicaba también que él podía tener acceso a información confidencial”, explica Chávez. “Que hayan acciones reprobables por parte de él que pudieran hacer que sea una víctima de chantaje y que a través de ese chantaje se pudiera acceder a información reservada al Reino Unido”.
Peter Mandelson: el embajador embalado
El foco político no solo se centra en el expríncipe Andrés y la mañana del lunes otra notable figura de la clase política británica tuvo una estancia en una comisaría, esta vez londinense, por sus lazos con Jeffrey Epstein. Se trataba de Peter Mandelson, una figura ilustre con más de cuatro décadas de carrera dentro del gobernante Partido Laborista quien hasta septiembre del 2025 fungía la importante labor de embajador de Gran Bretaña en Washington para el gobierno de Keir Starmer, cargo que tuvo que dejar luego de que se revelaran su profunda relación con el financista (y criminal sexual) estadounidense, alguien ha quien había dicho previamente que “conocía apenas”.
Pero no era apenas sino a penas, e información revelada por los archivos Epstein mostraba que Mandelson mantuvo comunicación frecuente con el magnate incluso luego de que estuviera recluido en una prisión de Florida por solicitar los servicios sexuales de una menor en 2008. Una estancia parcial en prisión para Epstein, quien podía ir a su oficina para trabajar durante el día y solo tenía que volver a su celda para dormir.
“Pienso lo mejor de tí. Apenas puedo entenderlo. Esto no pasaría en Gran Bretaña”, escribió Mandelson en un correo a Epstein en junio de 2008, un día antes de que Epstein empezara su condena.

Fueron estos mismos lazos lo que lo volvieron a poner en problemas, luego de que documentos revelados en los archivos de Epstein apuntaran a que Mandelson había filtrado información secreta del Estado británico al empresario entre los años 2008 y 2010, cuando era ministro de Industria. Liberado el martes bajo fianza, Mandelson ahora enfrenta una investigación por presunta conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, al igual que Andrew Mountbatten-Windsor, un cargo por el que puede recibir una pena máxima de cadena perpetua.
Para Banús, el caso de Mandelson difiere del expríncipe en el hecho de que hay una responsabilidad directa del partido oficialista actual en elegir a Mandelson como embajador, a pesar de los rumores que ya corrían sobre él.
“Parece que se sabía lo suficiente como para no insistir en ese nombramiento”, señala el internacionalista. “Es un caso más político y por lo tanto más directamente responsabilidad del gobierno y de Starmer”.
Chávez Mazuelos agrega una dimensión diplomática al cuestionamiento, señalando que hubo no solo falla del Reino Unido al proponerlo, sino también de los Estados Unidos para aceptarlo.
“Si se conocía de esto, ¿por qué se le nombró?”, plantea. “¿Por qué si Washington conocía de esas vinculaciones peligrosas, le dio el beneplácito?”
Lluvia en Washington, tormenta en Londres
Ambos expertos consideran que el impacto político ha sido más severo en Reino Unido que en Estados Unidos, algo que Chávez Mauzelos atribuyó al modelo institucional británico, donde la oposición puede ejercer más presión sobre el partido en poder, y al peso simbólico de la monarquía
“Esto está tocando de alguna manera, aunque sea indirectamente, a la familia real”, señala. “En cambio, en los EE.UU. la defensa política suele ser más confrontacional y cualquier acusación que caiga sobre Trump o alguien de su entorno él afirma que se trata de una cacería de brujas”.
Banús, por su parte, subraya no solo la exposición pública de las figuras implicadas, sino también la estrecha relación de ambos con Epstein.
“Estamos aquí ante unas relaciones muy directas y muy brutas, por decirlo así, de dos figuras de larga trayectoria y mucha exposición pública”, consideró.
Y si bien ambos expertos dudaron que esto sea suficiente para tumbarse a Starmer, quien entró al gobierno en julio del 2024 tras una victoria avasalladora.
“No podría garantizar que vaya a caer, pero vemos un creciente escrutinio sobre el actual gobierno británico”, señaló Chávez Mazuelos.
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