Así se vio hoy Barcelona, durante las celebraciones por el Día de Cataluña. REUTERS
Así se vio hoy Barcelona, durante las celebraciones por el Día de Cataluña. REUTERS
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Entre banderas esteladas y cánticos a favor de la independencia, miles de catalanes marcharon este sábado por en una manifestación por la Diada que no logró movilizar a las multitudes de antes, con el movimiento dividido a pocos días de retomar la negociación con Madrid.

Pese a que Cataluña fue uno de los epicentros de la quinta ola de la pandemia en España, el descenso de los contagios permitió celebrar una protesta que pretendía recuperar el espíritu de las masivas marchas de la década pasada, cuando la fiesta regional se convirtió en una cita esencial del secesionismo, pero acabó quedando bastante atrás.

“La gente tiene mucho miedo por la pandemia y también está cansada de algunos políticos. Hay bastante desánimo”, confesaba Narcís Vilar, un jubilado de 70 años, que este año acudía por primera vez sin sus amigos a la marcha. Ellos “no han dejado de ser independentistas”, pero están decepcionados, contaba agitando una pancarta contraria a la negociación que se retomará esta semana.

Con una estimación de asistencia de 108.000 personas, según la policía municipal (y de 400.000 para la organización), la protesta del sábado fue la segunda menor desde que arrancaron estas citas masivas en 2012, muy lejos del pico de 1,8 millones asistentes de 2014, en plena escalada independentista.

Marcados por las estrictas restricciones sanitarias, los actos del año pasado se quedaron por debajo de los 60.000 asistentes.

En un ambiente más normalizado, este sábado volvieron a escucharse los gritos de “Independencia” y “1 de octubre, ni olvido, ni perdón”, en referencia al referéndum ilegal de 2017, mientras avanzaba esta marcha que superó el millón de asistentes en diversas ocasiones.

Pero desde el fracaso del intento de secesión de 2017, la decepción y las divisiones que se apoderaron del separatismo saltaron también en las calles.

“La gente queremos lo que hemos luchado desde 2010”, reclamó Manel Grazón, un jubilado de 79 años que compartía el enfado con unos políticos que siente que no trajeron la independencia que prometieron.

- División -

Esta Diada fue también la primera desde el indulto en junio de los nueve dirigentes separatistas encarcelados por su papel en el intento de secesión, en su mayoría presentes en la marcha.

La lucha por liberar a los presos mantuvo cohesionado al movimiento tras la decepción de hace cuatro años, pero los perdones del gobierno español abrieron una nueva etapa, con el independentismo dividido sobre qué estrategia adoptar ahora.

De un lado, la gobernante Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) prefiere negociar para acordar un referéndum de autodeterminación con el Estado español, mientras sectores más radicales del secesionismo no renuncian totalmente a la vía unilateral.

“Creo que Cataluña padece una represión por parte del Estado español y es hora de que los catalanes demos un paso adelante”, aseguraba Mireia Nieto, una estudiante de 21 años, envuelta en una estelada.

“Con el estado español no se puede dialogar de ninguna manera”, criticaba sobre el diálogo. “Creo que es una tontería y un paso atrás”, agregó.

La crisis catalana -que alcanzó su clímax en el frenético otoño de 2017 con la celebración de un referéndum ilegal que poco después desembocaría en una efímera declaración de independencia- sumió a España en uno de sus momentos más delicados desde el fin de la dictadura franquista en 1975.

Tras unas semanas de enorme tensión, la tentativa acabó con la autonomía regional intervenida por Madrid y los líderes independentistas detenidos o en el extranjero, como el expresidente regional, Carles Puigdemont.

- Diálogo -

La Diada de este año llegó, sin embargo, en otra etapa, a pocos días de que el gobierno de izquierdas de Pedro Sánchez y el ejecutivo regional de Pere Aragonès vuelvan a reunirse para buscar una salida a la crisis, tras la única cita celebrada antes de la pandemia.

Pero pese a que el partido de Aragonès, ERC, es un aliado clave del gobierno minoritario de Sánchez en el Congreso español, ambos llegan con hojas de ruta opuestas.

Madrid no contempla aceptar las dos demandas clave del independentismo: la celebración de un referéndum de autodeterminación, que requeriría modificar la Constitución, ni una amnistía para los encausados por participar en el desafío secesionista de 2017.

“Por una Diada donde el reencuentro, el afecto y la concordia nos guíen”, deseó Sánchez en Twitter.

El diálogo, no obstante, se anuncia muy difícil, especialmente después de que Madrid anunciara esta semana la suspensión del controvertido proyecto de ampliación del aeropuerto de Barcelona, alegando falta de confianza en el ejecutivo regional, en una decisión que Aragonès calificó de “chantaje” disparando de nuevo la tensión.

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