¿Por qué España lleva más de 300 días sin gobierno?
¿Por qué España lleva más de 300 días sin gobierno?

El presidente en funciones del Gobierno español, , fracasó el viernes en su segundo intento de ganar la confianza del Parlamento y poder liderar el Ejecutivo, iniciando la cuenta regresiva para una tercera elección si no se llega a un acuerdo en los próximos dos meses.

Si durante ese periodo nadie es elegido, Felipe VI disolverá de nuevo el Parlamento el próximo 31 de octubre, como ya pasó en mayo, se convocarán automáticamente nuevos comicios y continuará la situación de bloqueo político que se prolonga desde diciembre de 2015.

Una posibilidad que alargaría aún más la situación de incertidumbre política que vive España.

--- Más de 300 días sin gobierno ---

Desde el 26 de octubre de 2015, el país europeo está regido por un gobierno en funciones. Han pasado más de 300 días y dos elecciones generales, el 20 de diciembre de 2015 y el 26 de junio de 2016.

Meses de negociaciones no han hecho que el "cadáver" del que habla Gabilondo pestañee. ¿A qué se debe la falta de acuerdo político?

BBC Mundo buscó algunos de los motivos por los que España lleva casi un año sin gobierno.

1. Falta de cultura de la negociación

"A diferencia de los sistemas presidencialistas latinoamericanos que obligan a buscar pactos, como se ha visto recientemente en Perú, en España, una democracia parlamentaria, ha habido 30 años en los que el PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) han podido gobernar casi solos. La cultura de la negociación y el diálogo es muy baja", le dice a BBC Mundo Ricardo Zúñiga, profesor de psicología social de la Universidad Complutense de Madrid.

"Se entiende poco que negociar es ceder y que una buena negociación debe dejar la impresión de que ambos ganan", agrega.

Sin embargo, la necesidad de dialogar se ha impuesto en los últimos meses. Y en un contexto complejo.

"En el ámbito municipal y autonómico sí existe cultura de la negociación, pero parece que a nivel estatal es más complicado", destaca Víctor Lapuente, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Gotemburgo, en conversación con BBC Mundo.

2. Parlamento fragmentado

Los resultados de los comicios del pasado 26 de junio dieron la victoria al Partido Popular, que obtuvo 137 diputados y un 33% de los votos frente a los 85 de su rival más directo, el PSOE.

Sin los apoyos imprescindibles para formar gobierno en solitario, Rajoy tuvo que buscar la complicidad de otros grupos en un parlamento dividido.

En las últimas semanas, el PP y Ciudadanos -el partido de centro derecha encabezado por Albert Ribera- alcanzaron un acuerdo de investidura.

Así, Rajoy sumó el voto a favor de los 32 diputados al de Coalición Canaria para alcanzar los 170, menos de los 176 escaños necesarios para formar gobierno en primera votación.

"Tenemos una fragmentación del Congreso mayor que la de 1977, cuando tuvieron lugar las primeras elecciones. Y cuantos más partidos hay, más difícil es llegar a acuerdos", comenta Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro del grupo de analistas políticos Politikon.

La entrada con fuerza de Podemos y Ciudadanos en el parlamento el 20 de diciembre terminó con casi tres décadas de virtual bipartidismo entre PP y PSOE. Una situación que se confirmó tras los comicios del 26 de junio.

"Además, la fragmentación no solo es entre partidos, sino también dentro de los partidos. El PSOE está internamente dividido y Unidos Podemos -el grupo de izquierdas que fue la tercera fuerza más votada- tiene acuerdos con diferentes plataformas territoriales en Cataluña, Valencia y Galicia. Por tanto hay que poner de acuerdo a más personas", agrega Simón.

3. Escollos políticos y la dificultad de encontrar términos medios

Para lograr la investidura en la votación del viernes, el actual presidente en funciones necesitaba los votos de sus 170 diputados y que no sean más los que voten que en su contra. Es decir, Rajoy requería la abstención de al menos 11 diputados. 

4. La competencia por los mismos espacios electorales

Y más allá de los problemas para llegar a un acuerdo sobre el programa de gobierno, los intereses electorales de cada partido -acentuados por las elecciones gallegas y vascas, que se celebran el próximo 25 de septiembre- también influyen en el bloqueo de las negociaciones.

Los rivales tradicionales -PP y PSOE- encontraron -a derecha e izquierda- nuevos partidos que les disputan el terreno electoral -Ciudadanos y Podemos- que tanto en las elecciones del 20 de diciembre como en las del 26 de junio se hicieron con más del 30% de los votos.

Dialogar con competidores directos se hizo necesario.

"Por primera vez en España tienen que ponerse de acuerdo partidos que compiten electoralmente entre sí. Eso es algo nuevo. Antes era factible llegar a acuerdos con partidos nacionalistas que no compiten en el ámbito español, sino en Cataluña, en el País Vasco… Cuando tienen que pactar PP y Ciudadanos es más difícil porque se disputan el mismo ámbito electoral. Lo mismo entre PSOE y Podemos", comenta Simón.

"Esto hace que los partidos estén muy desconfiados los unos con los otros porque no saben si la irrupción de Podemos y Ciudadanos fue algo coyuntural o es algo estable que va a permanecer en el tiempo. Por eso todos están mirando el coste electoral de pactar con unos u otros", agrega el politólogo.

Sin embargo, la presión por llegar a un acuerdo que evite unas terceras elecciones aumenta día a día. Quizá incluso más con el fracaso de la segunda votación de investidura de Rajoy este viernes.

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