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La máquina que simula experiencias cercanas a la muerte

En setiembre del 2017, el artista holandés Frank Kolkman presentó el 'Outrospectre' una máquina que busca enfrentar el miedo que las personas sentimos naturalmente ante la muerte

Frank Kolkman

“Si podemos probar que este proyecto puede ser aplicado en ambientes médicos, podríamos usarlo para que personas con enfermedades terminales dejen de tenerle tanto miedo a la muerte”, explica Kolkman. (De Waag Society / Cortesía)

Deténgase un segundo e imagine: ¿qué sentirá justo antes de morir? Probablemente la palabra que busca es ‘miedo’. Ahora, ¿qué pensaría si le digo que existe una máquina capaz de hacerlo pasar por una experiencia cercana a la muerte sin arriesgar su vida?

“Se llama Outrospectre, la presentamos en setiembre del 2017”, me explica el artista Frank Kolkman en una llamada telefónica.

—¿Cómo funciona?
Intentamos simular una experiencia extracorporal, la sensación de que tu conciencia está fuera de tu cuerpo. Creamos una experiencia inmersiva donde tomas el control de un cuerpo virtual, que es la cabeza del robot que aparece detrás de la persona [ver en la foto principal]. Esa cabeza tiene cámaras en los ojos y micrófonos en los oídos que transmiten a los lentes y audífonos que lleva la persona.

—Muchos han denominado su invento como un simulador de la muerte. ¿Está de acuerdo?
No necesariamente. Simula experiencias extracorporales, busco hacer énfasis en ello. Sin embargo, el estudio del que se originó investigaba la forma en la que se lidia con la muerte, especialmente en un contexto médico. Vimos que la mayoría de esfuerzos estaban enfocados en mantener a la gente con vida el mayor tiempo posible, pero también hallamos que el miedo a morir juega un papel importante. La razón de esta máquina es combatir ese miedo y relajar un poco al paciente. También empecé a buscar las formas en las que normalmente se tratan los temores o ansiedades en la psicología.

Frank Kolkman

Los trabajos de Kolkman han sido reconocidos en Holanda, Reino Unido, Austria y Japón. (Juuke Schoorl / Cortesía)

Los trabajos de Kolkman han sido reconocidos en Holanda, Reino Unido, Austria y Japón. (Juuke Schoorl / Cortesía)

—¿Y qué halló?
La idea es confrontar a las personas con sus miedos. Si tiene miedo a las alturas, por ejemplo, el paciente es tratado subiéndolo a una silla, luego a una mesa, a una escalera, va subiendo gradualmente hasta llegar a un rascacielos. Así ganan confianza y controlan ese miedo. Luego, busqué aplicar eso con la sensación de morir, pero el reto fue encontrar la forma de simular algo que no conocemos.

“Esta máquina te confronta con tus miedos”.

—¿Qué hizo?
Investigué experiencias cercanas a la muerte porque para mí es la analogía más cercana que hay. Son personas que han tenido conciencia en momentos donde la ciencia indica que no deberían tenerla, como gente que se ha sometido a cirugías complejas o que ha tenido un accidente vehicular y clínicamente murieron, pero luego resulta que estuvieron conscientes de lo que pasaba.

—¿Deberíamos comenzar a creer que existe el alma?
[Piensa] Se podría decir que estoy en duda. Pero más allá de eso, esas experiencias no son reconocidas por la ciencia tradicional porque es muy difícil de probarlas. Sin embargo, lo interesante e innegable es que esas personas muestran menores niveles de ansiedad cuando se habla de muerte. Por eso decidí simular experiencias como esas. Así que busqué elementos en común entre ellos.

—¿Cuáles son esos puntos?
El 80% de las personas que pasaron por esas experiencias sentía que su mente estaba fuera de su cuerpo y veía la situación desde una perspectiva en tercera persona. Me pareció posible simular eso si estimulaba de forma correcta al cerebro.

— ¿Cuán difícil resultó burlar al cerebro humano?
No tanto como imaginé. Busqué investigaciones previas de psicólogos, puntualmente un estudio de la Universidad de Barcelona, y vi que los ojos eran bastante fáciles de engañar, pero también encontré que lo más importante era engañar al oído. Luego, el problema fue que la gente no se daba cuenta de lo que estaba pasando, así que decidimos romper un poco la ilusión. Al final del camino por el que retrocede la cabeza robótica pusimos un espejo, así la persona se ve en él esperando ver su rostro, pero se encuentra con una cabeza robótica. Eso termina de confundirte. Simular una experiencia extracorporal es fácil, pero hacerlo y ser consciente de que es una ilusión es aun más poderoso.

— Esta es una nueva forma de experimentar con arte, ya no hablamos de cuadros colgados en la pared de un museo...
Es una posición rara porque estamos en medio de la ciencia y el arte. En todo caso, el potencial que veo en este proyecto es que si fuera un experimento científico sería bastante complicado sacarlo adelante, porque necesitas que lo aprueben, conseguir a los voluntarios calificados, puede ser muy caro. Por eso en el estudio que leí solo tuvieron a 35 participantes. Pero al ser un artista es más fácil llevarlo al público, abrirlo a una audiencia masiva como la que va a una galería. Por eso, en las 6 o 7 veces que lo hemos exhibido, hemos llegado a unas 2 mil personas. La diferencia de alcance es notable.

“Estamos preprogramados para temerle a la muerte. Es difícil darse cuenta de que somos seres mortales”.

—Si hay algo seguro en la vida es que moriremos. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar de ello?
Es un tema complejo, estamos preprogramados a temerle a la muerte y a la destrucción. Si alguien te habla de muerte sueles pensar en otra persona muriendo, es difícil darse cuenta de que somos mortales. Pero el proceso de envejecer y morir se ha vuelto médico, la gente se concentra en prolongar al máximo el tiempo de vida porque le cuesta entender que somos seres mortales.

—Yo preferiría morir a los 50 en una playa que a los 90 en un hospital.
Exacto. Pero cuando sabes que te vas a morir vuelves a sentir miedo.

—¿Y usted le teme a la muerte?

Creo que tendré algo de miedo pero confío en que podré manejarlo. Una máquina como esta me ayudaría.

***
Ficha del personaje

Frank Kolkman
Artista visual
Nací hace 29 años en Holanda. Me gustan muchos los deportes acuáticos, como el surf. En el 2011 obtuve mi bachiller en Diseño de Producto del Arnhem y cuatro años después mi maestría en Interacciones de Diseño del Colegio Real de Artes, de Londres.

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