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El príncipe Enrique de Dinamarca, el conde que murió deseando ser rey

Caminó siempre detrás de su esposa, la reina Margarita II de Dinamarca y nunca le fue otorgado el título de rey consorte. En protesta pidió ser incinerado 

Por más de 40 años, Henri Marie Jean André de Laborde anheló ser rey consorte y ocupar un lugar junto a su esposa, la reina Margarita II de Dinamarca. Pero jamás le fue concedido tal honor y debió tomar el nombre de príncipe Enrique de Dinamarca, lo cual significó un gran bache en su vida y debió caminar tras su cónyuge hasta el último de sus días.

El príncipe Enrique, un conde de origen francés, falleció este martes 13 de febrero a los 83 años de edad."Su alteza real el príncipe Enrique ha fallecido a las 23.18 horas del martes 13 de febrero en el castillo de Fredensborg", informó la Casa Real, que ayer había comunicado su traslado del hospital a su segunda residencia, al norte de Copenhague, para pasar "sus últimos días".

La Casa Real no ha especificado la causa del fallecimiento del príncipe, ingresado a finales de mes en el Hospital del Reino de la capital danesa por una infección pulmonar y para ser examinado de un tumor en el pulmón, que resultó benigno.

La institución había alertado el viernes de un súbito empeoramiento de su salud, lo que motivó el regreso inmediato desde Corea del Sur, donde había viajado a los Juegos de Invierno, de su hijo mayor, el heredero Federico, quien junto con su otro hijo, Joaquín, y la reina lo acompañaron anoche en su lecho de muerte.

La Casa Real danesa ha declarado un mes de duelo, lo que supone que ni la reina ni el resto de la familia participarán en actos sociales, que llevarán ropa de luto en sus apariciones oficiales y que el personal de uniforme portará un brazalete en el antebrazo izquierdo.

La bandera danesa ondeará a media asta todo el día en los edificios y barcos estatales, informó el Ministerio de Justicia, y se colocará un libro de condolencias el próximo martes en el castillo de Amalienborg, residencia oficial de la reina en Copenhague.

Enrique, que había abandonado sus obligaciones oficiales hace dos años, originó el verano pasado una polémica por los ataques que lanzó en los medios contra la reina, a quien acusaba de ignorar su vieja reivindicación de recibir un título de monarca, tomarlo "por tonto" y no respetarlo, a la vez que reiteraba su amor por ella.

La Casa Real informó semanas después de que padecía demencia y que se retiraría de la vida pública, aunque eso no implicaba que el príncipe fuese a cambiar su polémica decisión, en señal de protesta, de no ser enterrado en la catedral de Roskilde (este de Dinamarca), donde descansan desde hace siglos los monarcas y sus cónyuges.

Siguiendo su deseo, la iglesia del castillo de Christiansborg (Copenhague) acogerá el martes una ceremonia íntima, su cuerpo será incinerado y parte de sus cenizas serán esparcidas en el mar y parte depositadas en una urna en el jardín privado de Fredensborg.

Enrique, un noble francés que conoció a Margarita cuando era diplomático en Londres y con quien se casó la actual reina en 1967, nunca se sintió cómodo con su papel de consorte ni ocultó su descontento con una posición de difícil encaje, lo que le valió el apelativo de "príncipe llorón" de la prensa amarilla danesa.

El príncipe consorte boicoteó por ejemplo la boda de Guillermo y Máxima de Holanda en 2002 para retirarse a su castillo en Francia y dio plantón hace tres años a los actos del 75 aniversario de la reina, oficialmente por gripe, aunque a los pocos días se le vio de vacaciones en Venecia con unos amigos.

Gestos así no ayudaron a mejorar la reputación de un personaje objeto de bromas por sus rarezas y su acento, pero que a la vez se había ganado en los últimos tiempos una cierta imagen de culto por aparecer disfrazado de panda en una gala, grabar un tema con un grupo de rock o dejarse ver por la comuna anarquista de Christiania.

En un sorprendente comunicado en redes sociales, la ministra de Cultura danesa, Mette Bock, arremetió hoy contra sus compatriotas, a los que acusó de haber acosado al príncipe, y aseguró que los daneses tienen que ser más receptivos a otras culturas.

"A la gente no le gustaba, era distinto, de otro país, nunca aprendió a hablar como nos gusta y se interesaba por el arte. Ahora ha muerto y los acosadores nos inundarán con obituarios sobre este hombre fantástico, interesante, diferente y único. La hipocresía no tendrá fin", escribió Bock.

- El "francés" -

Henri de Laborde de Monpezat pasó sus primeros años en Indochina, donde su padre administraba las plantaciones familiares. La guerra les expulsó definitivamente de Vietnam, aunque Henri volvió posteriormente a Hanói para pasar su examen de bachillerato.

Tras estudiar Ciencias Políticas, vietnamita y chino, siguió la carrera diplomática. Tenía un puesto en Londres cuando conoció a Margarita, entonces heredera de la corona danesa.

Al casarse con ella, cambió de nombre, renunció a su nacionalidad francesa para convertirse en danés y cambió su fe católica por el protestantismo. Pero sobre todo se resignó, a regañadientes, a caminar tras los pasos de Margarita, adorada por sus súbditos.

"Acepto jugar el juego. Pero es muy duro para un hombre no ser considerado en el mismo plano que su esposa", reconoce en sus memorias, "El destino obliga", publicadas en 1997.

Más duro aún cuando el "francés" amante de las rimas, del vino y de la buena mesa, encarnación de la arrogancia meridional en tierra luterana, tardó en hacerse aceptar.

"Todo lo que hacía era criticado. Mi danés era flojo. Prefería el vino a la cerveza, los calcetines de seda a los de lana, los Citroën a los Volvo, el tenis al fútbol. Era diferente".

En 1984, 12 años después de la llegada al trono de su esposa, obtuvo su propia asignación, deducida de la partida presupuestaria de la reina.

Unos 13 años después reemplazó por primera vez a la soberana, enferma, durante una visita a Groenlandia.

"¡Estaba en primera línea! Ya no era la sombra, el segundo, la silueta, el payaso, el perro faldero!", ironizó después.

En 2002, un nuevo drama: la reina Margarita, aquejada de una gripe, le pidió al príncipe heredero, Federico, que la sustituyera para la lectura del mensaje de Año Nuevo.

Sin pensarlo dos veces, el príncipe consorte abandonó Copenhague furioso para refugiarse en el Castillo de Cayx, su propiedad vitivinícola en el sur de Francia.

Enrique, que también es escultor, publicó varios libros de poemas, algunos de ellos ilustrados por la propia Margarita, artista respetada.

(Con información de EFE y AFP)

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