Por Roger Zuzunaga Ruiz

La reciente prueba exitosa del misil balístico intercontinental ruso RS-28 Sarmat, conocido como “Satán II”, volvió a colocar el riesgo nuclear en el centro de la atención geopolítica global. En medio de la guerra en Ucrania y del creciente enfrentamiento entre Rusia y Occidente, el presidente Vladimir Putin presentó el ensayo como una demostración de fuerza estratégica y aseguró que el arma entrará en servicio antes de finalizar el año. Analistas advierten que el mensaje va más allá del plano militar: Moscú busca reforzar su capacidad de disuasión, presionar a Estados Unidos y la OTAN, y recordar que sigue siendo una potencia nuclear capaz de desafiar cualquier escudo antimisiles occidental.

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