Por Milagros Asto Sánchez

El ataque a la central de Zaporizhzhia ha avivado uno de los temores más profundos de la humanidad: volver a sufrir los horrores de una catástrofe atómica. Por eso, cuando los proyectiles rusos impactaron este viernes 4 en la mayor planta nuclear de Ucrania y de Europa y algunas de sus instalaciones empezaron a arder todas las alarmas empezaron a sonar.

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