Los cuerpos de rescate evacúan a los heridos. (LA NACION DE ARGENTINA / GDA).
Los cuerpos de rescate evacúan a los heridos. (LA NACION DE ARGENTINA / GDA).
Redacción EC

Las bengalas encendidas, banderas flameando, los saltos al estilo tribunero. Así eran los conciertos de Callejeros, el grupo de rock argentino que a fines de los 90 e inicios del siglo reunía a multitudes de seguidores de la música popular, hasta aquel fatídico 30 de diciembre del 2004, cuando un incendio en la discoteca República de Cromañon, en el barrio Once, mató a 194 personas y dejó heridas a 1.400, en lo que constituye la peor tragedia ocurrida en un espectáculo en .

Acababa un año exitoso para la banda y Callejeros se presentaba en su último concierto. “¿Se van a portar bien?”, preguntó el vocalista Patricio Pato Fontanet antes de iniciar el recital. Luego vino la primera canción.

“A pensar, a reaccionar, a relajar, a despotricar… A consumirme, a incendiarme, a reír sin preocuparme”. El Pato Fontanet empieza cantando “Distinto”, un tema de su álbum Rocanroles sin Destino. No lo pudo terminar. Eran las 10:25 de la noche, cuando un pirotécnico impactó en el techo de Cromañón y la tela que lo cubría se prendió. La banda dejó de tocar. Era el inicio de la peor noche para el rock argentino.

Las más de 3.000 personas que estaban en la atiborrada discoteca con capacidad para poco más de 1.000, entraron en la desesperación. Un apagón lo agravó todo. Y pronto el monóxido de carbono empezó a matar a quienes no podían escapar. Una de las salidas de emergencia estaba cerrada con candado.

“A veces, aun despierto, escucho los gritos de los padres que clamaban por sus hijos y que retumbaban entre los edificios de la calle Sánchez de Bustamante”, recuerda el periodista Gustavo Carbajal en una crónica que escribió para el diario “la Nación”.

“Constantemente vuelvo a aquella noche del 30 de diciembre de 2004. Especialmente a ese momento en el que ingresé en lo que parecía un estacionamiento. Al fondo, un puñado de policías, bomberos y transeúntes luchaban para poder abrir una puerta metálica de dos hojas. Cada vez que los socorristas tiraban hacia afuera, se abría un espacio por el que se asomaban las manos de la gente que había quedado atrapada y empujaba para salir. Cuando los rescatistas y las personas que habían ido al recital de Callejeros lograron forzar la puerta para poder entrar en el boliche tuvieron que abrirse paso entre una pila de cuerpos de casi dos metros de alto por cinco de ancho, muchos con las manos todavía apoyadas a esas puertas, desvanecidos mientras intentaban abrirla. No se sabía, a primera vista, si esas decenas de jóvenes estaban vivos o muertos”, continúa.

Los cuerpos de rescate evacúan a los heridos. (LA NACION DE ARGENTINA / GDA).
Los cuerpos de rescate evacúan a los heridos. (LA NACION DE ARGENTINA / GDA).
Un equipo de rescate trabaja junto a cadáveres fuera de la discoteca Cromañon después del incendio. (AFP PHOTO / HERNAN ESPANA).
Un equipo de rescate trabaja junto a cadáveres fuera de la discoteca Cromañon después del incendio. (AFP PHOTO / HERNAN ESPANA).

Los juicios

La tragedia de Cromañón desnudó la corrupción y la negligencia entre quienes tenían la autoridad para fiscalizar estos espectáculos y otorgar los respectivos permisos.

La discoteca estaba habilitada para albergar un máximo de 1.031 personas, pero había más de 3.300 fanáticos de Callejeros. “La Nación” recuerda que los planos presentados a las autoridades por los dueños no coincidían con la arquitectura del lugar. Los matafuegos estaban vencidos, la manguera para incendios no funcionaba, no había plano de evacuación y la puerta de emergencia había sido cerrada. Con todas estas deficiencias los organizadores del concierto consiguieron los permisos.

Un total de 26 personas fueron juzgadas como responsables de la tragedia en cuatro juicios orales. De ellas, 21 fueron condenadas, incluidos los músicos. Quince años después, solo una persona sigue en la cárcel, Eduardo Vázquez, el baterista de Callejeros, pero por una causa distinta a la tragedia de Cromañón, el feminicidio de su esposa Wanda Taddei.

De acuerdo con el diario “Página 12”, en el primer juicio se analizó la labor de los bomberos en Cromañón, y el cobro de coimas a empresas para extender certificados falsos de tratamiento contra incendios.

En el 2008 fueron condenados Alberto Corbellini, jefe de la División de Prevención de incendios de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, y Rubén Fuertes, gerente de las empresas Ipex S.A. y Bausis S.A. Recibieron cuatro años de cárcel por aceptar sobornos. Hubo otras tres personas con sentencias menores.

Familiares y amigos de las victimas del incendio ocurrido en la disco República Cromanón en una protesta el 8 de enero del 2005. (MARCOS ADANDIA / NA / AFP).
Familiares y amigos de las victimas del incendio ocurrido en la disco República Cromanón en una protesta el 8 de enero del 2005. (MARCOS ADANDIA / NA / AFP).

El segundo juicio acaparó más la atención pública, pues en este se investigó la muerte de las 194 personas y los 1.400 heridos.

Omar Chabán, gerente de Cromañón, recibió 20 años de prisión. Luego se le redujo a 10 años y nueve meses. Por su estado de salud le otorgaron la prisión domiciliaria. Murió cuando tenía 62 años el 17 de noviembre del 2014.

El manager de Callejeros, Diego Argañaraz, y el subcomisario Carlos Díaz fueron sentenciados a 18 años de prisión. Las ex funcionarias Fabiana Fiszbin (subsecretaria de Control Comunal del gobierno porteño) y Ana María Fernández (directora adjunta de Fiscalización y Control) dos años y cuatro meses. El empresario Raúl Villareal un año de prisión suspendida. Todos los integrantes de Callejeros fueron absueltos en este juicio.

Cientos de personas se concentran el 30 de diciembre del 2005 para recordar a las víctimas del incendio en Cromañón. (AFP PHOTO/MABROMATA).
Cientos de personas se concentran el 30 de diciembre del 2005 para recordar a las víctimas del incendio en Cromañón. (AFP PHOTO/MABROMATA).

En abril del 2011 fueron revocadas las absoluciones y los integrantes de Callejeros recibieron condenas al ser considerados coorganizadores del concierto. La sentencia más fuerte fue para el Pato Fontanet: siete años de cárcel por estrago culposo seguido de muerte y participación necesaria con cohecho activo. Fueron detenidos el 21 de diciembre del 2012. Estuvieron presos un año y ocho meses porque en agosto del 2014 la justicia aceptó varias apelaciones.

Pero todos volvieron a prisión en abril del 2016 después de que quedaran firmes las condenas. El último en recuperar la libertad, en mayo de este año, fue el Pato Fontanet.

Familiares de las víctimas en una imagen del 19 de agosto del 2009. (AFP PHOTO / Juan Mabromata).
Familiares de las víctimas en una imagen del 19 de agosto del 2009. (AFP PHOTO / Juan Mabromata).

El tercer juicio finalizó en julio del 2012. Fueron juzgados Rafael Levy, dueño del complejo donde estaba Cromañón; el comisario Gabriel Sevald y los ex funcionarios del gobierno porteño Juan Carlos López, Enrique Carelli y Vicente Rizzo. El único que recibió una condena de cuatro años y seis meses fue Levy.

En el cuarto juicio fue juzgado y condenado el ex inspector del gobierno porteño Roberto Calderini. Lo sentenciaron por haber cobrado coimas para habilitar Cromañón.

División y una nueva era

Callejeros ya no existe desde el 2010. La banda se dividió en dos grupos: Don Osvaldo y Nuestra Raza. “La Nación” refiere que el baterista Eduardo Vázquez armó un grupo con el cantante Pity Álvarez. Ambos están en la cárcel: el primero condenado a cadena perpetua por el feminicidio de su esposa y está a la espera de su sentencia por el asesinato de un amigo.

Los exintegrantes de Callejeros tampoco son amigos. “No hay relación. No tengo el teléfono de ninguno ni nada por el estilo. Nos vimos las últimas veces que estuvimos presos y después. cada uno mantiene a su familia, trata de salir a buscar el mango como se pueda", dijo a “La Nación” el guitarrista Maxi Djerfy el Pato Fontanet y el bajista Christian Torrejón.

Djerfy forma parte de Nuestra Raza. Mientras que el Pato Fontanet y Torrejón están en Don Osvaldo.

Actualmente Fontanet se recupera de una parálisis facial, por lo que no puede ofrecer conciertos.

“La Nación” recuerda que Fontanet está en libertad condicional hasta el 2023. Tiene prohibido organizar espectáculos públicos y hablar en sus conciertos sobre Cromañón.

Tras la tragedia de Cromañón todo cambió en la movida de los conciertos populares. Las clausuras de locales se hicieron masivas.

“Sin dudas se ganó en seguridad. Contar con mayores controles en habilitaciones sirve para que todo sea más seguro para el público y para los trabajadores de la música”, le dijo a “La Nació” Ana Poluyan, de la Asociación Civil de Managers Musicales Argentinos (Acmma). Pero también desaparecieron escenarios que habían servido de trampolín para las bandas emergentes: “Se perdieron el potrero y el semillero. Las clausuras masivas dejaron sin espacios a las bandas. Sería genial un punto intermedio: seguridad y espacios de desarrollo. Hacer del potrero de la esquina un lugar seguro”.

Calzados deportivos aparecen colgados en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, el 30 de diciembre de 2005, mientras la bandera de Argentina flamea a media asta. (Photo by JUAN MABROMATA / AFP).
Calzados deportivos aparecen colgados en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, el 30 de diciembre de 2005, mientras la bandera de Argentina flamea a media asta. (Photo by JUAN MABROMATA / AFP).