EleccionesLa Plaza de los Tres Poderes, que se ubica entre el Supremo Tribunal Federal, el Palacio Presidencial de Planalto y el Congreso de Brasil, fue vandalizada este domingo 8. Los extremistas atacaron dichas sedes oficiales en Brasilia, removieron los pisos, retorcieron estructuras de hierro y desparramaron basura que ahora se confunde con bombas lacrimógenas. También hubo ventanas quebradas, equipos y obras de arte destruidos, armas robadas y restos fecales dispuestos en los pasillos. Los tres poderes del Estado no fueron los únicos afectados. Al menos diez periodistas fueron agredidos o asaltados por la turba y se registraron otros 70 heridos. ¿Cómo ocurrió semejante desastre?
MIRA: Jair Bolsonaro es internado en un hospital de Estados Unidos por fuertes dolores abdominales
¿Hubo acaso complicidad de las fuerzas del orden? “Desde que el exmandatario Jair Bolsonaro perdió los comicios, en todo el país hay manifestaciones de personas que cuestionan el resultado y piden la intervención militar para desplazar al actual presidente Lula da Silva -explica la periodista Dacil Lanza, especializada en la cobertura de Brasil-. Una de esas fue el campamento que se instaló frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia. Desde entonces, hubo una suerte de política de ‘dejar hacer’, de ampliar los límites de lo permitido”.
Para André Coelho Grisul, profesor de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro, parece que el Gobierno del distrito federal se coludió con estos extremistas. “Varios días antes hubo avisos de que esto podía ocurrir. La seguridad y la inteligencia del Estado, responsables de cuidar la zona, sabían que miles de personas se dirigían a la capital, pero no desplegaron a los militares ni a la policía”, anota. Las fotos que dejó el intento de derrocar a Lula también dan buena cuenta de las facilidades que los radicales encontraron: “Se ve cómo los policías se tomaban fotos y conversaban con ellos”.
Lanza recuerda que, desde que Brasil regresó a la democracia, hubo un acuerdo tácito para que, por ejemplo, el puesto de ministro de Defensa lo ocupara un civil. “Sin embargo, esto cambió desde Michel Temer y se agravó con Bolsonaro, quien aumentó la presencia de militares en el Gobierno. Por eso, desde que asumió el poder, Lula está tratando de neutralizar las demandas de representatividad de las FF.AA.”.
“Pero también está la policía militar, que depende de los Estados y no del poder nacional, y ahí está puesto el foco por ser cómplices con las manifestaciones. La del domingo no fue la única vez que se cuestionó su trabajo. Por ejemplo, cuando Lula recibió sus credenciales presidenciales, hubo una serie de destrozos en Brasilia, prendieron fuego a autos, quisieron entrar a la sede de la policía federal”, agrega la especialista.
En respuesta y porque el asalto “solo podía ocurrir con la anuencia y participación efectiva” de las autoridades, la Corte Suprema separó de su cargo al gobernador bolsonarista de Brasilia, Ibaneis Rocha.
MIRA: El retiro de Anthony Faucci: errores y aprendizajes de su gestión de la pandemia
Paz armada
El intento de golpe de Estado, sin querer, fortalece la administración de Lula. Así piensa Coelho Grisul, quien anota que, hoy por hoy, apoyar al presidente significa defender la democracia, así que todos los demócratas -sean o no afines a él- se le unirán. Por supuesto, el Gobierno deberá cambiar su plan de trabajo. “Antes se enfocaban en la transición económica, en entender los males que dejó la administración anterior y aplicar las nuevas políticas públicas. Pero ahora deberán pensar en cómo reformar las fuerzas del orden, desde las Fuerzas Armadas, pasando por la policía local, municipal, estatal y federal”.
Por el momento, anota Luciana Santana, doctora en Ciencia Política e investigadora del comportamiento político, la reacción ha sido dura. Luego de decretar la intervención federal en Brasilia, Lula sostuvo que la situación no tenía precedentes y que “habrá que castigar” a los responsables. “Vamos incluso a averiguar quiénes son los que financian a estos vándalos [...] y todos pagarán con la fuerza de la ley por este acto irresponsable, antidemocrático hecho por vándalos y fascistas”, agregó.
Lanza anota: “La prensa ya está hablando del financiamiento de distintas empresas -relacionadas a los negocios agrarios- para movilizar a los extremistas pagando los buses. Todavía, sin embargo, habrá que determinar quiénes fueron realmente”.
Después de esta tormenta, ¿seguirá la calma? Coelho Grisul considera que, en este momento, hay muy pocas posibilidades de que se suceda otro intento de golpe de Estado, aunque la situación no está controlada por completo. “Hay muchas personas que quieren derrumbar al Estado, así que es posible que, en las siguientes semanas, haya otros actos terroristas. Por ejemplo, a fines del año pasado, un bolsonarista colocó una bomba en un camión de kerosene que debía abastecer a los aviones del aeropuerto de Brasilia”.
No es lo único. El domingo último, compartió EFE, el Partido de los Trabajadores denunció que bolsonaristas bloquearon “la distribución de combustibles en el estado de Paraná”. Esta denuncia se suma a la de la Federación Única de los Petroleros, que alertó “posibles actos terroristas en las refinerías” de Brasil. La refinería de Duque de Caxias (Río de Janeiro) sería uno de los objetivos de los terroristas.
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/W4KNL3SRY5CG5LEORAB276CHCU.jpg)
















