


Luiz Inácio Lula da Silva se vuelve a enfrentar a un Bolsonaro en unas elecciones en Brasil. Pero esta vez no es contra el expresidente al que ganó por poquísimo margen hace cuatro años. Jair Bolsonaro fue condenado en el 2025 a 27 años de prisión y actualmente está bajo arresto domiciliario. Su hijo mayor, Flávio, ha sido el ungido para reemplazarlo y cobrar la revancha.
La campaña de ambos se ha centrado en lo mismo: Lula dice que Brasil no puede permitir el regreso de los Bolsonaro al poder, y Flávio dice que Lula no puede seguir más en la presidencia. Un escenario polarizante que divide al gigante sudamericano en torno a dos propuestas: un país donde el Estado invierte, interviene y gasta; y el otro en el que la presencia estatal debe ser mínima y requiere de un urgente ajuste fiscal. No hay medias tintas. O el electorado está con Lula o está contra él. Lo mismo con Flavio Bolsonaro, quien no tiene el discurso radical de su padre, pero sí ha dicho abiertamente que lo sacará de la cárcel.
Así se ha marcado la cancha en una campaña donde los candidatos alternativos no han tenido opción. Y las cifras que ambos han alcanzado en las encuestas anticiparían un escenario de segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre. Hasta el lunes, según la firma Quaest, Lula tenía una ventaja de cinco puntos (39%) frente a Flávio Bolsonaro (34%), mientras que el resto de los postulantes no sobrepasaban los 4 puntos, dejando al margen cualquier opción de una tercera vía.

“El sentimiento político en esta elección, y en elecciones anteriores, ha estado marcado por los antagonismos. La principal fuerza política de Lula actualmente es su posición antagónica frente a Bolsonaro. Y para Bolsonaro es Lula. Entonces, esta dinámica de polarización se fortalece a sí misma y no permite que aparezcan alternativas electorales fuertes”, señala a El Comercio Leandro Lima, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas.
“Hay un tema que no está viviendo solo Brasil, sino también América Latina y varios países en el mundo, que es la polarización afectiva”, explica Luisa María Lozano, directora del programa de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Sabana, en Colombia. “No se está votando por una propuesta política, sino por qué tipo de identidad me representa más, y eso a veces es más importante para los electores. Se trata de impedir que gobierne ‘el otro’, aquél a quien rechazo, y eso genera un círculo que es difícil romper para un tercero o un candidato moderado en un entorno muy polarizado”, enfatiza.
- Edad: 80 años
- Partido político: Partido de los Trabajadores (PT, izquierda)
- Cargo actual: presidente de la República Federativa de Brasil (desde el 1 de enero del 2023)
- Cargos anteriores: presidente durante dos períodos consecutivos (2003-2010), diputado federal por Sao Paulo (1987-1991)
- Profesión/ocupación: obrero metalúrgico y líder sindical

Corrupción y fake news
Debido a la polarización, la campaña no ha abundado en propuestas sino se ha enfocado en atacar al rival. Y los escándalos de corrupción -habituales en América Latina y en Brasil- fueron otra vez protagonistas. Si años atrás, el Caso Lava Jato fue trascendental -y además cruzó fronteras- la posta la tomó esta vez el Banco Master.
- El domingo también se renueva toda la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. En 26 estados se elegirá gobernador.
- En esta primera vuelta no se realizó el esperado debate presidencial ante la negativa de Lula y Flavio Bolsonaro de participar.
Considerado el mayor fraude financiero en Brasil, este banco -cuyo dueño, Daniel Vorcaro, ya está en prisión preventiva- multiplicó en pocos años su patrimonio, no solo por invertir en empresas en crisis sino por una serie de sobornos a legisladores, funcionarios del Banco Central y magistrados de la Corte Suprema.
El escándalo ha salpicado a ambos candidatos, aunque Bolsonaro es el más comprometido pues le pidió 12 millones de dólares a Vorcaro para financiar una película sobre su padre. De hecho, Flávio está siendo investigado por la Policía por posibles delitos de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas.
- Edad: 45 años
- Partido político: Partido Liberal (PL, de derecha)
- Cargo actual: senador por el estado de Río de Janeiro (desde el 2019)
- Cargos anteriores: diputado en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro (2003-2019)
- Profesión: abogado

Al presidente Lula le ha afectado la relación entre Vorcaro y el magistrado Alexandre de Moraes, aliado suyo y quien abanderó la condena contra Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado. El mandatario, que ha estado en la cárcel por corrupción, también se ha visto arrastrado por las investigaciones contra su hijo, Fábio Luis da Silva, por tráfico de influencias.
“Esta campaña ha sido rara pues el debate de propuestas en temas de políticas públicas, como seguridad o economía, pasó a un segundo lugar en la discusión”, comenta Lima. “El debate político fue capturado por otros temas que no tienen que ver con propuestas para el país, sino se centró en la corrupción y en la desinformación”, agrega.
Si las ‘fake news’ ya habían sido protagonistas en la elección del 2022, esta vez el asunto se potenció por el uso de la inteligencia artificial. Al respecto, la polémica que acaparó la atención hacia el final de la campaña se centró en las diferencias entre católicos y evangélicos. Una noticia falsa que señalaba que Bolsonaro -que es evangélico- apoyaba un proyecto legislativo para que la Virgen de Aparecida deje de ser la patrona de Brasil, encendió la intolerancia religiosa y en la discusión se involucró incluso la Conferencia Episcopal.
La injerencia de Trump
Otro tema que también dividió las aguas ha sido la relación que tendrá el país con Estados Unidos y, sobre todo, con la administración Trump, quien abiertamente ha expresado su apoyo a la familia Bolsonaro. Para el republicano, que Brasil vire de nuevo hacia la derecha sería un triunfo estratégico dentro de su plan de seguir sumando aliados que se alejen de China.
Aunque Trump lleva una relación cordial con Lula -de hecho, el año pasado dijo que tuvo una “química excelente con su par brasileño- las diferencias no han sido menores, sobre todo en torno a la imposición de aranceles.
- 82,5% es la deuda pública de Brasil, mientras que el déficit fiscal anualizado en agosto fue de 9,48%.
Flávio Bolsonaro ya dijo que de ganar las elecciones Brasil se uniría al Escudo de las Américas, la alianza de seguridad creada por Trump en marzo pasado y que reúne a todos los gobiernos de derecha de la región, y le ha abierto la puerta a los minerales raros y a los recursos mineros del país. Esto ha servido para que Lula se proclame el defensor de la soberanía brasileña ante la injerencia estadounidense y que no permitirá que “enemigos de la democracia, internos o externos, atenten contra la voluntad popular”.
“En general, las relaciones internacionales no son un tema electoral importante en Brasil. Aunque no ha sido clave, es un asunto que sí ha estado en discusión. Brasil es un objetivo para Estados Unidos y la familia Bolsonaro tiene relación con Trump. Entonces, Lula y la izquierda ha utilizado este tema para fortalecerse”, refiere Lima.

Mientras Lula se presenta como el salvador de la integridad brasileña, Bolsonaro afirma que él sí tiene la capacidad de negociar mejor con Estados Unidos en beneficio del país.
Lozano considera que, pese al revuelo, este tipo de discusiones no tienen un efecto tan determinante en el voto. “Cuando tienes un entorno fuertemente polarizado, estas denuncias de corrupción no van a mover a las personas que ya tienen definido su voto. Estos electores priorizan otras cosas y para ellos se trata de derrotar al rival”, explica.
Temas como la economía y la seguridad sí podrían inclinar la balanza, pues se trata de asuntos que afectan directamente al elector. Por eso, la elección es tan reñida. Pese a que hay un colchón mínimo de indecisos -apenas sobrepasa el 3%- estos podrían hacer la diferencia sobre quién quedará en primer lugar, y determinar el impulso hacia la segunda vuelta.
“Tanto Lula como Flavio Bolsonaro tienen su electorado muy consolidado. Si hay un espacio de crecimiento podría darse entre los candidatos que no van a pasar a segunda vuelta, y eso podría beneficiar más a la derecha”, dice Lozano.
“La segunda vuelta es especialmente peligrosa para Lula. Aunque el presidente obtenga el primer lugar, eso no significa que va a llegar con alguna ventaja significativa para el balotaje. Será un escenario incierto y complicado para él”, afirma Lima. Para los expertos, Lula ya llegó a un techo y sus opciones podrían afectarse por el ausentismo en los sectores más pobres, donde los votos suelen ir para la izquierda.
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