Eduardo Cunha, el dedo delator que tiene en vilo a Brasil
Eduardo Cunha, el dedo delator que tiene en vilo a Brasil
Francisco Sanz Gutiérrez

“Es el precio que estoy pagando para que  quede libre del Partido de los Trabajadores (PT). Me están cobrando el costo del juicio político a la presidenta”. 

Apenas dos semanas después de que Dilma Rousseff fuera despojada de la presidencia de Brasil, le tocó el turno a , el artífice de la caída de la jefa de Estado. 

Fue con esas palabras que se despidió de sus colegas diputados, que lo destituyeron del cargo de presidente de la Cámara Baja por ocultar cuentas bancarias en Suiza dentro del escándalo de corrupción de la empresa estatal Petrobras. 

Pero Cunha se marchó recordando, a quienes le bajaron el pulgar aquel 12 de setiembre, que al menos 160 de ellos también enfrentaban investigaciones judiciales. 

Desde hace tres días, cuando el juez Sergio Moro dictaminó su arresto, la inquietante amenaza de Cunha ha cobrado inusitada vigencia. 

La posibilidad de que el otrora poderoso ex titular de la Cámara de Diputados empiece a hablar y decida “entregar a todo el mundo”, tal como le exigió un grupo de manifestantes anteayer, mantiene con los pelos de punta a la clase política del país, en especial a quienes ejercen hoy el poder. 

“Cunha está muy resentido con el gobierno y con el presidente Michel Temer, pues cree que este no hizo lo posible para evitar su pérdida de mandato como diputado. Habiendo sido un aliado importante de Temer, siente que ha sido traicionado”, le dice a El Comercio Iván Martínez-Vargas, periodista y politólogo brasileño. 

Si bien considera difícil que las posibles delaciones de Cunha ante la justicia lleguen hasta el corazón de Temer, ellas sí podrían romper el eslabón entre el mandatario y los parlamentarios, lo cual causaría el naufragio de proyectos claves. 

“El gobierno atraviesa por un momento delicado de negociación en el Congreso de temas bastante controversiales, como por ejemplo una alteración en la Constitución que limita los gastos públicos por los próximos 20 años y que encuentra fuerte rechazo en el PT y los partidos de izquierda”, señala Martínez-Vargas. 

En este contexto, las denuncias de Cunha podrían fragilizar el régimen de Temer y poner en riesgo toda la pauta económica del gobierno. 

—Se viene un libro-bomba—

No solo de la boca del ex hombre fuerte de la Cámara Baja están pendientes los políticos, también de su puño y letra. Cunha ha estado escribiendo un libro en el que recopila suficientes datos como para arrastrar en caída libre a más de un centenar de autoridades. 

En las últimas semanas, consciente de que su detención era cuestión de tiempo, habría estado negociando con varias editoriales la publicación del libro, que en la práctica supondría una delación informal. “Él ha dicho que va a escribir su verdad sobre quiénes lo buscaron para pedir que aceptara la denuncia del ‘impeachment’ contra Dilma”, recalca Martínez-Vargas. 

Al día siguiente del arresto, Temer se reunió de emergencia con los parlamentarios de su partido (PMDB) para instruirlos de que “aquí no pasa nada” y de que sigan con su agenda de trabajo. 

Pero es difícil creer que esté tan suelto de huesos. Muchos coinciden con lo que ha dicho recién el diputado Aelton de Freitas: “Cunha es un archivo vivo”. Solo falta que se empiece a abrir. 

ENTREVISA

“En Palacio deben estar muy nerviosos”

Juliano Griebeler, Politólogo brasileño

— Le están pidiendo a Cunha que entregue a todos.
En el Palacio de Planalto deben estar muy nerviosos, son los que tienen más que perder. Sobre todo Moreira Franco, secretario ejecutivo del Programa de Alianzas para la Inversión (PPI), a quien Cunha ha acusado directamente de cosas turbias antes de ser capturado. 

— ¿Realmente puede ser una bomba para el gobierno este arresto?
Depende de qué tipo de información dará Cunha. La delación tiene que traer evidencia nueva, que la policía no conozca, y con tantas delaciones que están siendo negociadas (Odebrecht, Andrade Gutierrez, Gim Argello, etc.) pueden sobrar pocas novedades para Cunha. 

— Él ha dicho que no se acogerá a la delación premiada. 
Es una estrategia para no incentivar a otros detenidos a delatar antes que él, y que lo terminen invalidando. Tras un tiempo en prisión y cuando las indagaciones se acerquen a su mujer e hija, a Cunha no le quedará otra que cantar. 

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