Por Gisella López Lenci

Desde hace siete meses, el expresidente boliviano Evo Morales vive casi recluido en Lauca Ñ, una pequeña localidad del Trópico de Cochabamba. Allí, en el corazón del Chapare, su fortín político y social desde que se convirtió en dirigente cocalero, mira a la distancia una campaña presidencial que lo dejó al margen y que este 17 de agosto definirá su primera vuelta. Pero él sabe que sigue siendo el elefante en el centro de la sala, pese a que para muchos ya está cerca de la irrelevancia política.