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Guatemala: Cómo fue vivir la erupción del Volcán de Fuego a las faldas del coloso

Tras la erupción del Volcán de Fuego, la comunidad de El Rodeo fue sepultada por un río de piedra hirviente y lodo: No queda allí un signo de vida pero los rescatistas no pierden la esperanza

Volcán de Fuego

Socorristas, oficiales, periodistas y sobrevivientes se vieron obligados a correr montaña abajo. (Foto: AFP)

Los grupos de rescatistas subían y bajaban de El Rodeo con la mirada ausente que da ver de cerca a la muerte.

La comunidad, a las faldas del Volcán de Fuego en Guatemala, es ahora un fantasma de polvo áspero, una mole irregular de cenizas y lava, un cementerio tibio.

El pasado domingo, un río de piedra hirviente y lodo cubrió el poblado: no queda allí un signo de vida, un recuerdo alegre de lo que hubo alguna vez.

Una señal en el aire de un socorrista, un grito a veces, es un signo de silencio: un cuerpo más que se suma a la lista que ya muchos sospechan que nunca se completará a cabalidad.

Volcán de Fuego

Los rescatistas buscan sobrevivientes, pero el tiempo y los nuevos peligros del Volcán de Fuego han jugado en contra de sus esfuerzos. (Foto: EPA)

Los recuentos oficiales hablan de decenas de muertos y un par de cientos de desparecidos, pero las capas sucesivas de lava de El Rodeo dan fe de que cualquier cifra definitiva será siempre irreal. 

Dos días después, la desesperanza es también la ceniza que se vuelve costras húmedas en los rostros de los socorristas que vienen y van.

"Cada día que pasa, cada hora, es una posibilidad menos de encontrar alguien con vida. Yo diría que las posibilidades están agotadas, pero seguiremos aquí", le cuenta a BBC Mundo Carlos Valenzuela, representante de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres. 

Mientras unas grúas remueven polvo y escombros, rescatistas buscan espacio para otros dos cadáveres calcinados que sacarán, dos cuerpos más que todavía nadie sabe si podrán identificar. 

Pero de pronto, un grito estremece la ladera de la montaña que lleva a El Rodeo. 

Volcán de Fuego

El Volcán de Fuego registró una nueva emanación 48 horas después de la primera. (Foto: AFP)

El sonido se multiplica en alarmas y llamados urgentes de huidas.

Es el volcán, que ha despertado de nuevo.

► Un corto letargo

Las nubes de ceniza y lava comenzaron otra vez a empotrarse en el cielo. En pocos segundos, las cercanías de El Rodeo se ensombrecieron.

Entonces, se hizo el caos.

Volcán de Fuego

Los gritos para que todos abandonaran la zona pronto desataron un caos. (Foto: AFP)

Socorristas, oficiales, periodistas, sobrevivientes que aún esperaban noticias de sus familiares desaparecidos corríamos desesperados montaña abajo.

"Viene la lava, viene la lava", gritaban algunos entre el pánico.

Muchos intentaban montarse en las camionetas que habían subido hasta allí para trasladar o llevar víveres y agua a los socorristas.

Volcán de Fuego

(Fuente: Reliefweb)

Pero las autoridades sabían que lo que se aproximaba era algo incluso peor que un afluente de piedra derretida: era un cúmulo de nubes densas que ya el domingo habían sido uno de los signos inequívocos de la tragedia. 

Volcán de Fuego

(Foto: Getty Images)

 Las llaman flujo piroclásticos y son una mezcla de venenos y partículas que estallan a más de 200 kilómetros por hora. Y El Rodeo está en la vera de las faldas del volcán.

Los que estábamos allí sabíamos que la única salvación era huir.

► El escape

La bajada se volvió una sucesión de corredores y carros que no se veían entre sí, una turbamulta en la que era apenas imperceptible el movimiento.

Volcán de Fuego

Los rescatistas y las fuerzas de seguridad se apresuraron a abordar vehículos para huir hacia un lugar seguro.  (Foto: AFP)

La niebla se hacía cada vez más densa y un talco áspero se incrustaba contra los ojos. No se veían ni las luces de los vehículos.

Más abajo comenzó a despejarse, pero a la derecha, hacia las laderas del volcán, las nubes oscuras continuaban emanando a borbotones. Se dice que llegaron a los 6.000 metros.

Otros flancos del volcán debieron ser evacuados, otras poblaciones pobres que viven allí también debieron dejarlo todo para salvarse. 

La caravana de carros en huida llegó hasta el final de la carretera que lleva a El Rodeo para luego dispersarse.

En la distancia, pasó la niebla y el miedo. Pero a lo lejos, las nubes seguían creciendo desde la boca del volcán.

Al otro lado, El Rodeo quedaba cubierto, nuevamente, de una capa de ceniza y silencio.

Volcán de Fuego

Los rescatistas han trabajado de día y de noche con la esperanza de encontrar sobrevivientes. (Foto: Reuters)

Todavía no sabe cuándo podrán volver los rescatistas.

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