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El hotel que Maduro quiere convertir "en el primer 7 estrellas de Venezuela"

El hotel Humboldt, ubicado a más de 2.100 metros de altura, es desde 1956 un faro que vigila a un lado el valle de Caracas y al otro, el Mar Caribe. Funcionó solo 4 años y ahora Nicolás Maduro lo quiere reabrir

Venezuela

El estado actual del hotel Humboldt, que se abrirá al público en el 2018, no es ideal.

En un lugar inhóspito, sin espacio y en apenas 199 días, Venezuela hizo realidad una aventura descabellada: levantar un edificio de 60 metros de altura que fue un instrumento político y un emblema del prestigio y la modernidad de un país pujante.

Eso era en 1956.

El hotel Humboldt, ubicado a más de 2.100 metros de altura, es desde entonces un faro que vigila a un lado el valle de Caracas y al otro, el Mar Caribe.

Fue un modelo de modernidad, de capacidad, recursos y emprendimiento; y luego lo fue de ineficacia, desidia y disputas políticas.

Su contradictoria historia de éxito y fracaso, de lujo y abandono, es, de alguna manera, un reflejo de la de Venezuela.

El hotel, visible desde gran parte de Caracas si las nubes no lo impiden, en realidad solo operó como tal durante cuatro años.

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El hotel se elevó en la punta del pico Humboldt. (Foto: Colección Sanabria).

Pero eso podría estar a punto de cambiar. En el 2012 el gobierno de Hugo Chávez aprobó la recuperación y remodelación del complejo tal y como lo diseñó a mitad de los años 50 el arquitecto Tomás Sanabria.

Pese a la crisis, el proyecto continúo en 2013 ya con Nicolás Maduro en el poder. Y se espera que este 2018, una vez que concluyan las obras y se entregue en concesión, reabra sus puertas.

"Una belleza"

"Va a ser primer el primer hotel siete estrellas de Venezuela. Eso es una belleza, reconstruido con la arquitectura, la artesanía y la ingeniaría original", dijo Maduro en diciembre del año pasado en un video publicado en su cuenta de la red social Twitter.

"Va a ser una de las obras más maravillosas que va a conocer Venezuela entera", agregó el presidente, que en el pasado ya mostró su interés por la recuperación patrimonial al promover la renovación del Palacio Legislativo y de la Casa Amarilla, sede de la Cancillería que ocupó antes de suceder a Chávez.

La rehabilitación destaca por haber recuperado el diseño de Sanabria, traicionado con los años y las intervenciones de las empresas y entes que controlaron el hotel.

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La torre tiene 60 metros de altura con 14 plantas y 70 habitaciones. (Foto: Colección Sanabria).

En el contexto actual del país, que busca de alguna manera potenciar el turismo en medio de la crisis económica, el hotel volverá a enfrentar los mismos retos ante los que sucumbió en el pasado.

Pero antes de hablar del fracaso, lo haremos del éxito.

El "Nuevo Ideal Nacional"

Para ello hay que retroceder a la mitad del siglo pasado. Entonces, la riqueza del petróleo empezaba a ser tangible en Venezuela. Y sobre todo en Caracas, ciudad convertida en un laboratorio de modernidad.

Aunque desigualmente distribuido, el país contaba con un gran ingreso per cápita. Sobraban los recursos y los arquitectos jóvenes y audaces. La emigración europea enriqueció también a Venezuela, que entonces era un destino atrayente.

Marcos Pérez Jiménez

Marcos Pérez Jiménez, en el centro, en 1968, diez años después de que dejara el poder.

A eso se le sumó un gobernante de facto, el general Marcos Pérez Jiménez (1948-1958), cuyo gobierno persiguió y castigó la disidencia.

Gracias a los impuestos que pagaban las petroleras extranjeras contaba con recursos para su plan desarrollista, el llamado Nuevo Ideal Nacional, que buscaba la modernización de la capital y del país por medio de las infraestructuras.

De esa época son las obras que durante décadas hicieron de Venezuela el país el más moderno de la región. Entre ellas, el Humboldt, convertido en un icono de Caracas.

Pérez Jiménez, preocupado desde el punto de vista militar por el hecho de que sólo los viaductos conectaran Caracas con el litoral, promovió la construcción de un teleférico desde la ciudad hasta la cima del Ávila, la cordillera que separa la ciudad del Mar Caribe.

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Al hotel se accedía por teleférico. (Foto: Colección Sanabria).

Además del teleférico quería un hotel en la cima, a más de 2.000 metros de altura, otra obra monumental con fines de propaganda.

Y se lo encargó a un joven arquitecto de menos de 30 años formado en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos: Tomás Sanabria.

"Una danza de nubes"

Sanabria subió hasta la cima con las dificultades de la época. Tardó 13 horas. Y se encontró un clima frío, nublado.

"De repente hubo una danza de nubes que enloqueció a papá. El cielo se abrió y esa vista lo impactó", me dice Loly Sanabria, hija del arquitecto que falleció en 2008.

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Recepción del hotel Humboldt en el momento de su inauguración en 1956. (Foto: Colección Sanabria).

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La renovación ha mantenido las dos chimeneas características de la recepción.

Sanabria entonces ideó el proyecto de un hotel isla dentro de una zona que fuera declarada Parque Nacional.

Pensó en un casino para que se financiara y en sólo 13 habitaciones. Al gobernante de facto le gustó el plan técnico, pero hubo dos ideas que rechazó de plano.

"En mi gobierno jamás habrá un casino", cita ahora Loly Sanabria las palabras que Pérez Jiménez le dijo a su padre.

¿Y sólo 13 habitaciones? No, quería 300. Finalmente, seducido por las ideas de Sanabria, aceptó las 70 distribuidas en 14 plantas de una torre circular que ofrece vistas en 360 grados del Caribe y de Caracas.

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El hotel Humboldt fue un prodigio de la tecnología en el momento de su construcción.

La construcción del teleférico, que permitiría mover a 800 soldados por hora si era necesario, avanzó y el 16 de mayo de 1956 empezó la construcción del Humboldt, que toma el nombre del pico donde se levanta.

Era un proyecto complejo, en un lugar reducido e inhóspito. Y además, Pérez Jiménez tenía prisa.

Sólo 199 días después, el 29 de diciembre de 1956, lo inauguró tras el trabajo en turnos que cubrían las 24 horas y la aplicación de una tecnología de punta para la época.

"Una obra de la dictadura"

El destino del edificio, como el de todo el país, cambió pocos meses después. El 23 de enero de 1958 cayó el régimen de Pérez Jiménez y Venezuela abrazó la democracia.

De alguna manera, el hotel se asociaba a su figura. "Lo fueron abandonando", lamenta Loly Sanabria. Hay que recordar que era una obra del gobierno militar y que era exitoso, remarca. "Había que castigarlo", agrega la hija del arquitecto.

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El comedor es uno de los espacios más distinguidos del hotel. (Foto: Colección Sanabria).

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En la renovación se han recuperado las lámparas originales del comedor.

Pero hubo algo más. "Es más económico cerrado que operativo", es una cita que le atribuyen a Rómulo Betancourt, primer presidente de la era democrática, sobre los costos de un hotel peculiar a más de 2.100 metros de altura.

La falta de interés gubernamental y de sincronía entre el funcionamiento del hotel y del teleférico, el único medio por el que llegar al edificio, hicieron que cadenas como Sheraton dejaran de verlo atractivo y rentable.

Estuvo cerrado muchos años, sirvió como escuela hotelera y hubo intentos infructuosos de reabrirlo e incluso de hacer el casino que una vez ideó Sanabria.

Incógnitas

Ahora, a falta aún del teleférico que unirá la montaña con el litoral, el Humboldt tiene una nueva oportunidad para aprovechar la calma, la vista, el paisaje y el clima que lo hacen especial.

El gobierno de Maduro, tras una alta inversión para una restauración que recupera la esencial inicial del hotel, afirma que busca "aprovechar el potencial turístico" de la montaña y fomentar el turismo ante la caída del ingreso petrolero.

BBC Mundo solicitó sin éxito un comentario de la ministra de Turismo sobre la idea detrás de un proyecto y de un momento que despiertan incógnitas.

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A un lado de la montaña, Caracas; al otro, el Caribe. (Foto: Colección Sanabria).

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El teleférico fue y será clave para el futuro del hotel Humboldt.

¿Funcionará esta vez?

Loly Sanabria está preocupada por el acceso, por que no esté aprobado el ramal del teleférico que debería llevar a los huéspedes directamente a la recepción y que tanto en 1956 como ahora debe brindar privacidad, seguridad y comodidad a los exigentes clientes de un hotel que busca ser de siete estrellas.

Sin eso, "dudo que se logre el ambiente necesario para un hotel de esa categoría", dice la hija del arquitecto.

El lujoso proyecto no sólo enfrenta de nuevo los retos del pasado, que son producto de su peculiar y compleja ubicación.

Ahora se les suma la severa crisis que atraviesa un país con pocos visitantes extranjeros y cada vez con menos vuelos en el aeropuerto internacional.

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