(Foto: EFE)
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Virginia Rosas

no ha gozado de la luna de miel del inicio de funciones. Al presidente de  la banda le queda ancha: su popularidad bajó del 49% al 34% en tres meses. Tan patética es la situación que el propio Bolsonaro se disculpó el 5 de abril por sus errores, pues “no he nacido para ser presidente, he nacido para ser militar”.  

Hubiera tenido que reflexionar sobre su verdadera vocación antes de embarcarse en la aventura de dirigir un país aquejado por una recesión sin precedentes, un enorme desempleo y un sinfín de escándalos de corrupción, de los que no se salvó ningún partido político que haya tenido contacto con el poder. 






El ultraderechista había prometido que sus prioridades se concentrarían en la lucha contra el crimen organizado, el analfabetismo y la reforma del sistema de pensiones. Esta última, una medida sumamente impopular le permitiría al Estado un ahorro de 265 mil millones de dólares.

Pero hasta ahora, fuera de los tuits incendiarios sobre asuntos frívolos al estilo de su adorado Donald Trump, Bolsonaro no muestra ningún logro, ni estrategia para el futuro.

(Foto: AP)
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A menos que el inquilino del Palacio de Planalto crea que el haber liberalizado el porte de armas –una medida que polarizó el país- constituya una acción importante para la lucha contra el crimen organizado.

En vez de enfrentarse al analfabetismo, el ahora ex ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez, impulsó la idea de reformar los textos escolares resaltando las bondades del golpe de Estado de 1964 y se enfrascó en mil batallas contra sus propios viceministros, que terminaron por renunciar.

Pero la gota que rebalsó el vaso en el discurso de este profesor emérito de la Escuela de Guerra de Brasil -colombiano de origen- fue poner como ejemplo de conducta para los jóvenes al narcotraficante Pablo Escobar, uno de los más sanguinarios criminales que haya conocido Colombia, pero que según Vélez, “construyó campos deportivos y bibliotecas para que los jóvenes no consumieran cocaína, un producto destinado a la exportación”. Como se negó a renunciar al cargo después de tamaño despropósito, el presidente tuvo que echarlo.

(Foto: Reuters)
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Los grupos evangélicos que lo apoyaron en su campaña, comienzan a desencantarse también. A la ‘bancada de la Biblia’ le importa poco que Bolsonaro se haya hecho bautizar en el río Jordán. Quieren puestos de importancia política, como la cartera de Educación donde podrían luchar contra la supuesta “ideología de género” y “homosexualización de la sociedad”. Pero a la salida de Vélez, Bolsonaro le confió la cartera a Abraham Weintraub, un economista recomendado por el gurú Olavo de Carvalho, un ex astrólogo convertido en asesor presidencial.

Y en medio de este caos y despropósitos a granel -como el de la ministra de la Familia, la pastora Damares Alvares quien anunció que Brasil entrará en ‘una nueva era’ en la que los niños se vestirán de azul y las niñas de rosado- los militares, que ocupan ocho de los veinte ministerios, aparecen como los más responsables y respetuosos de las instituciones.

El Financial Times señalaba a fines de marzo, que los inversionistas podían pasar por alto las actitudes racistas y sexistas de Bolsonaro, pero los mercados no estaban preparados para una incompetencia de tal magnitud. Cabe preguntarse si será capaz de culminar su mandato.

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