EleccionesEn un movimiento sorpresivo, el régimen autocrático de Daniel Ortega en Nicaragua liberó el jueves 9 a más de 200 presos políticos, les quitó la nacionalidad y los mandó en un avión rumbo a Estados Unidos. Entre los opositores liberados hay prominentes figuras de la oposición, excandidatos presidenciales y líderes estudiantiles. Pero también expolicías y antiguos aliados del gobierno.
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Arturo McFields, exembajador de Ortega ante la OEA destituido tras calificar a su país de dictadura del año pasado y residente ahora en Estados Unidos, recuerda que el mandatario había encarcelado hasta a gente de su propio partido.
En diálogo con El Comercio, el exfuncionario aborda el impacto de la decisión de Ortega y lo que puede venir ahora que estos presos políticos han recuperado su libertad.
—¿Cuál es el impacto inmediato de esta decisión? ¿Qué significa para el régimen de Daniel Ortega?
Es una fiesta con sabor agridulce. Estamos celebrando la liberación de personas que estaban bajo un régimen carcelario de tortura, un régimen en que no tenían acceso a la luz del sol, a la lectura de libros, en que estaban aislados completamente, muchos de ellos con enfermedades crónicas. Su salida de los calabozos es motivo de celebración y también un triunfo de la perseverancia de los familiares de los presos políticos.
Al final del día, esto es una victoria, pero la parte dolorosa es que todavía existe una dictadura en Nicaragua y si viviéramos en una democracia ellos no hubieran tenido que salir del país, hubieran podido regresar a sus hogares y abrazar a sus hijos, estar con sus familias y tener garantizado el poder seguir con sus vidas, ejercer la libre expresión, la libre participación en política, etc. Pero como vivimos en una dictadura ellos han tenido que salir del país, encima de eso la dictadura les dice que ya no son ciudadanos, que ya no son nicaragüenses.
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—¿Cómo evalúa los términos en los que el régimen ha liberado a los presos políticos? ¿Se esperaba la figura del destierro?
Es un destierro, sin duda. Pero considero que es preferible eso, que salven sus vidas, a que mueran en un calabozo como pasó con Hugo Torres hace un año. Es complicado, al final prima la alegría porque ya no están bajo un régimen de tortura permanente. Creo que hay esperanza en estos líderes de la oposición porque había muchos líderes de la juventud, universitarios, líderes del sector empresarial, del sector campesino. Todas estas personas que fueron liberadas van a ejercer desde afuera la presión para el cambio en Nicaragua. Eso es importante. Los líderes de Nicaragua ya están fuera de la cárcel y eso va a darle un nuevo impulso a la lucha por la libertad del país.
—¿Qué busca Ortega con este movimiento?
Ortega busca dos cosas. Primero descomprimir hacia afuera en el tema de la presión internacional, el tema de las sanciones, de los financiamientos, de los préstamos de organismos internacionales, él busca que esto le ayuda a oxigenar su dictadura. Y también busca descomprimir a nivel interno porque en el país hay mucha inconformidad, mucho descontento. Ortega había encarcelado hasta a gente de su propio partido, policías represores estaban encarcelados. Ortega cree que él gana en el tema de aliviar las presiones, que se lava la cara y que queda como Ortega el magnánimo, el que libera a presos políticos.

—Estados Unidos afirmó que esta liberación fue una acción unilateral de Ortega. ¿Cree que es así o que hubo alguna negociación?
Todavía no se entiende. Un comunicado inicial decía que fue una acción unilateral, pero luego llegó otro que decía que Estados Unidos continuará trabajando en los esfuerzos por la democracia en Nicaragua. No podemos asegurar si hubo o no negociación, pero sí creo que Estados Unidos ha venido haciendo una presión muy fuerte y sostenida a lo largo del tiempo para que esto pase. Sin una presión de Estados Unidos, de la Administración Biden, esto jamás hubiera ocurrido. De uno u otro modo, esto es el resultado de ese trabajo.
—¿Se espera que algo cambie tras la liberación masiva de presos políticos? ¿Cómo queda la oposición?
No me atrevería a decirlo, pero sí creo que es una buena noticia. Algunos no tenían acceso a otros seres humanos ni al sol. La dictadura es maléfica. Era una tortura blanca la que estaban sufriendo. Yo creo que tenemos que estar atentos a lo que pase en lo sucesivo, creo que la oposición de Nicaragua se fortalece porque al estar libres los líderes de la oposición esto permite reconstruir un poco la organización de la oposición nicaragüense.
—¿Qué se espera de los liberados?
Esas voces son poderosas, son importantes. Ahora que ellos están libres su voz se multiplica por mil, eso es algo poderoso. Tenemos libres a los voceros del pueblo nicaragüense y, al final del día, eso es motivo de alegría. Aunque, repito, es una liberación agridulce porque no han sido liberados, sino desterrados, pero al menos ya no están en un calabozo. Por otro lado, hay una parte triste y preocupante y es que monseñor Rolando Álvarez Lagos sigue preso, el obispo del pueblo sigue preso. Probablemente la dictadura se ensañe más con él ahora.


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