Las protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera en Chile empezaron hace más de cuatro semanas. (Foto: AFP)
Las protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera en Chile empezaron hace más de cuatro semanas. (Foto: AFP)
/ MARTIN BERNETTI
Farid Kahhat

¿Qué tan verosímil es la tesis según la cual, por ejemplo, más de un millón de chilenos se movilizaron por las calles de su país como producto de una conspiración urdida por el ?

Lo primero que habría que hacer antes de responder esa pregunta sería colocar el tema en contexto mundial. En tiempos recientes se produjeron movimientos significativos de protesta virtualmente en todos los continentes, no solo en América Latina. Los hubo en lugares tan disímiles como Argelia, Francia, Haití, Hong Kong, Kazajistán, Líbano y Pakistán, por citar algunos.

Esos casos pueden compartir ciertas características. Por ejemplo, se producen en un contexto de desaceleración de la economía en casi todas las regiones del mundo. Pero, aunque esas características provean un entorno propicio para las protestas, no bastan para explicarlas.

Si menores tasas de crecimiento explican las protestas actuales, ¿por qué no hubo protestas similares durante la gran recesión internacional del 2008? De cualquier modo, la característica que esos casos definitivamente no comparten es la de ser víctimas de una conjura castrochavista.

En cuanto a nuestro hemisferio, hubo protestas significativas, por motivos diversos, tanto bajo gobiernos de derecha (Chile, Ecuador o Haití) como bajo gobiernos de izquierda (Bolivia, Nicaragua o Venezuela). Salvo que alguien sostenga que las protestas contra gobiernos de izquierda son la expresión prístina de la voluntad popular, mientras que las protestas contra gobiernos de derecha solo pueden entenderse mediante una teoría conspirativa, habría que buscar otra explicación.

Las protestas en Bolivia ya dejan 22 muertos y más de 500 heridos en enfrentamientos desde las elecciones del 20 de octubre, en las que Evo Morales fue reelegido para un cuarto mandato consecutivo, entre denuncias de fraude. (Foto: Reuters)
Las protestas en Bolivia ya dejan 22 muertos y más de 500 heridos en enfrentamientos desde las elecciones del 20 de octubre, en las que Evo Morales fue reelegido para un cuarto mandato consecutivo, entre denuncias de fraude. (Foto: Reuters)
/ KAI PFAFFENBACH

Las protestas en Ecuador (como ya había ocurrido incluso antes de que existiera el chavismo) fueron consecuencia de las políticas de austeridad del gobierno de Lenín Moreno, y en particular de la eliminación del subsidio a los combustibles. No sería coincidencia que, cuando su gobierno revirtió esas políticas, las protestas llegaran a su fin. Cosa que ocurrió cuando organizaciones como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (la Conaie, que fue parte de la oposición al gobierno de Rafael Correa y que, hasta la víspera, mantenía una relación relativamente buena con la administración de Moreno) decidieron desmovilizar sus huestes.

A propósito, es curioso que, cuando de intervención extranjera se trata, rara vez se mencione al Gobierno de Estados Unidos. Es decir, un gobierno que amenaza públicamente al régimen venezolano con el uso de la fuerza, que aplica sanciones económicas que afectan a todos los venezolanos, y que reconoció a través de su enviado especial para Venezuela, Elliot Abrahams, que coordinó con el alto mando militar (de modo infructuoso) el levantamiento del pasado 30 de abril.

A finales de abril el presidente del Parlamento de Venezuela, Juan Guaidó, lideró, junto al también opositor Leopoldo López, un fallido levantamiento militar. (Foto: AFP)
A finales de abril el presidente del Parlamento de Venezuela, Juan Guaidó, lideró, junto al también opositor Leopoldo López, un fallido levantamiento militar. (Foto: AFP)
/ CRISTIAN HERNANDEZ

En cuanto al Foro de Sao Paulo, sí, sus posiciones son de un radicalismo trasnochado y respalda regímenes dictatoriales como los de Cuba y Venezuela. Pero cuando algunos de los partidos que lo integran buscaron financiamiento electoral, para obtenerlo no se confabularon con el Partido Comunista de Cuba, sino con empresas capitalistas transnacionales como Odebrecht. Si hubiese que ubicar esas prácticas en el espectro político, estaríamos hablando no de comunismo, sino de la peor variante del capitalismo: el mercantilista (bajo el cual un puñado de grandes empresas privadas no se enriquece compitiendo, sino confabulándose con los gobernantes).

Recordemos, por último, que en Chile tanto la policía como la fiscalía encargada desmintieron, respectivamente, al diario “La Tercera” y al presidente Sebastián Piñera cuando pretendieron atribuir la violencia a ciudadanos extranjeros.

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