Redacción EC

Santiago de Chile. [Reuters]. Cerca de 300 personas fueron detenidas la noche del lunes en diversas manifestaciones en la capital de Chile y otras ciudades del país, en un resurgimiento de la violencia tras las vacaciones del verano.

El Metro de Santiago de Chile dijo que desconocidos atacaron algunas instalaciones, mientras que unas 16 estaciones de la red debieron ser cerradas por disturbios durante la noche.

Por redes sociales se habían convocado a protestas durante el “Superlunes”, como se conoce popularmente el primer día de retorno tras el asueto.

La ciudad funcionó, personas pudieron desarrollar sus actividades pero en la tarde y en la noche hubo violencia pura y dura. Son hechos de violencia que no tienen que ver con las demandas sociales”, dijo el ministro Gonzalo Blumel, citado en la cuenta de Twitter del Ministerio de Interior.

En horas de la noche manifestantes instalaron y encendieron barricadas y lanzaron piedras contra la policía.

Las protestas detonadas a mediados de octubre por un alza en el precio del transporte han dejado al menos 31 muertos, miles de detenidos y cuantiosos daños a infraestructura pública y privada.

Blumel señaló que los “eventos graves” han bajado notablemente desde octubre, cuando se registraban unos 100 por día.

- Un marzo cargado de protestas -

Después de unas primeras semanas de máxima tensión, la violencia callejera bajó en enero y febrero -cuando la mayoría de los chilenos se toma vacaciones-, pero con la amenaza latente de que volverían a retomar fuerza en marzo.

Por redes sociales circula un nutrido calendario de manifestaciones para casi todos los días de este mes, con llamados de organizaciones de mujeres a una gran marcha para este domingo y una huelga feminista el lunes, junto a convocatorias de grupos indígenas, ambientalistas, agrupaciones sindícales y de estudiantiles.

Todos buscan presionar al gobierno de Piñera para ampliar la agenda de reformas sociales propuesta por su gobierno para enfrentar esta inédita crisis social que ha remecido a un país considerado hasta hace poco uno de los más estables de América Latina.

El ministro Blumel explicó que el gobierno tomó medidas para enfrentar nuevas manifestaciones: aumentó en un 50% la dotación de policías y se asesoraron en el manejo del orden público con autoridades de Reino Unido y Alemania.

Una de las salidas delineadas para enfrentar la crisis es el plebiscito programado para el próximo 26 de abril, en el que los chilenos decidirán si cambian o no la Constitución política que se mantiene como herencia de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Pero algunos analistas tienen dudas sobre si podrá realizarse ese referéndum en caso de que aumente la violencia callejera.

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