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El Sebin, un organismo de muerte al servicio de Maduro

El caso del concejal Fernando Albán engrosa la lista de presuntas violaciones a los DD.HH. cometidos por el servicio de inteligencia del presidente de Venezuela. Su director figura en la lista de funcionarios denunciados ante la Corte Penal Internacional

Sebin

Manuela Bolívar, abogada y militante del partido opositor Primero Justicia, toma fotos del edificio del Sebin. Desde ahí, supuestamente, Albán se suicidó lanzándose del décimo piso. (Foto: AP)

AP

KGB, Gestapo, Stasi, DINA o SIN. A esta lista de infames siglas de organismos policiales que se convirtieron en símbolos de regímenes que durante el siglo XX oprimieron a sus pueblos habría que agregar las del Sebin de Venezuela.

El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional creado por Hugo Chávez vuelve a estar en la palestra por el caso de la muerte del concejal opositor Fernando Albán. Según las autoridades, este se “suicidó” arrojándose desde el piso 10 de la sede principal de los servicios secretos, donde permanecía detenido desde el pasado 5 de octubre.

El partido Primero Justicia, donde el fallecido militaba, junto al dos veces ex candidato presidencial Henrique Capriles, calificó el hecho de “asesinato”. “Imposible que una persona como Fernando Albán, de profunda convicción católica, se suicidara”, afirmó el ex presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, quien acusó a los funcionarios del Sebin de torturar hasta la muerte al dirigente, para que involucrara a otros líderes opositores en el presunto intento de magnicidio contra Nicolás Maduro, en agosto pasado.

En los últimos tres años otros dos detenidos han fallecido a manos del Sebin. El piloto Rodolfo González, quien en el 2015 se habría suicidado también tras permanecer más de un año sin juicio y que era acusado de colaborar logísticamente con protestas antigubernamentales; y Carlos García, concejal de Primero Justicia, quien en el 2017 murió por una dolencia no tratada en su mazmorra.

“El Sebin se ha convertido en uno de los símbolos del terrorismo de Estado que se ha venido implantando en Venezuela. Es un organismo que ha desarrollado una política de graves violaciones a los derechos humanos”, denunció el activista Marino Alvarado, quien acusó a la instancia de cometer, sistemáticamente, más de media docena de delitos entre los cuales están: detenciones ilegales, allanamientos sin orden judicial, desapariciones forzadas, secuestro, abuso de poder, usurpación de funciones, tortura y asesinato.

–Sin control–

“No solo mantiene secuestradas a personas a quienes los jueces han ordenado liberar, sino que en sus calabozos han estado personas que ni siquiera fueron presentadas ante los fiscales. Además está involucrado en ejecuciones extrajudiciales y en desapariciones forzadas, como el caso de Alfredo Mora, dirigente social del que se desconoce su paradero desde hace tres años y cuyos familiares responsabilizaron de esto a dicho organismo”, señala Alvarado.

Venezuela

Maduro ascendió a Gustavo González, director del organismo de inteligencia.

Difusión

Hasta que fuera destituida por la Constituyente, en agosto del 2017, la fiscal general Luisa Ortega Díaz contabilizó que 21 venezolanos seguían en los calabozos del Sebin, pese a que tenían boletas de excarcelación.

“Estamos viviendo una situación completamente anormal, digna de una dictadura”, afirmó Blanca Mármol de León, magistrada jubilada del Tribunal Supremo de Justicia, quien cuestionó que jueces y fiscales hayan permitido que los servicios secretos asuman sus funciones, como en el caso de la esposa de un diputado regional exilado a la que ese organismo dictó prohibición de salida del país, que durará hasta el 2216.

Sin embargo, la mayor muestra de que el Sebin hace lo que quiere es que se desconoce el número total de personas que tiene bajo su custodia. Organizaciones de derechos humanos estiman que entre 70 y 340 venezolanos están presos solo en las dos sedes que tiene en Caracas, ninguna de las cuales reúne las condiciones para servir de prisión. Por ello, en el 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya condenó a Venezuela.

Esto explica por qué el director del organismo, general Gustavo González López, figuraba entre los primeros cinco que Ortega Díaz denunció en noviembre pasado ante la Corte Penal Internacional por cometer delitos de lesa humanidad.

“‘Bienvenido al infierno’, con esa frase me recibieron en el Sebin”

Vilca Fernández 
Ex candidato a la Asamblea Nacional

—Usted vive hoy en el Perú, pero estuvo más de dos años detenido en el Sebin por haber participado, como dirigente universitario, en la ola de protestas que sacudió Venezuela en el 2014. ¿En ese lugar se violan los derechos humanos?
El Sebin es un centro de torturas en el que manda Nicolás Maduro […]. Pero antes que nada hay que entender que el Sebin tiene dos sedes: la administrativa, donde murió el concejal Albán, y El Helicoide. En este último estuve yo. Allí no hay luz natural ni ventilación adecuada. Los calabozos no tienen baños ni te garantizan atención médica. A los presos los tienen encerrados casi siempre, pueden pasar semanas o meses para que te dejen salir por algunos minutos al exterior.

Jamás se me olvidará que el inspector que me recibió tras mi detención me dijo: “Bienvenido al infierno” y, acto seguido, me colgó de unos barrotes. Yo pasé meses aislado y luego en celdas, donde había 20 presos y donde había que hacer nuestras necesidades sobre un papel frente a todos. Si eso no es el infierno, el infierno no existe, porque no hay nada peor.

—¿Ud. fue torturado o presenció torturas?
Claro, a mí me colgaron durante horas de unos barrotes. Pero yo escuché cómo a otros presos los golpeaban o los sometían a descargas eléctricas, todo ello para quebrarlos y forzarlos a reconocer culpas que no tenían.

—¿A su juicio no es creíble la versión oficial del suicidio?
No, para nada. A mí me llevaron varias veces a la sede donde ocurrió ese hecho y allí los calabozos están a 30 metros bajo tierra, porque ese edificio originalmente iba a ser la sede del metro de Caracas. Pero cuando te llevan a oficinas para interrogarte o torturarte jamás te dejan solo. Yo pasé los primeros tres días en una oficina rodeado de funcionarios las 24 horas y cuando pedía ir al baño, varios funcionarios armados me acompañaban. No tenía un segundo de privacidad, por lo que para mí esta versión no tiene asidero.


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