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La guerra en el Medio Oriente sumó un nuevo capítulo tras una revelación que apunta a que Arabia Saudita ejecutó numerosos ataques secretos dentro de Irán en medio del conflicto entre Teherán, Estados Unidos e Israel. Las operaciones se realizaron como represalia por ofensivas iraníes contra territorio saudí y exponen el creciente nivel de tensión entre dos potencias regionales del Medio Oriente que históricamente habían librado su disputa a través de aliados, o proxys, y conflictos indirectos.
Según el informe exclusivo de Reuters, los ataques saudíes ocurrieron a finales de marzo y fueron descritos por funcionarios occidentales e iraníes como operaciones de represalia “ojo por ojo” después de que Irán lanzara drones y misiles contra el reino saudí.
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La agencia remarcó que es la primera vez que se tiene constancia de que Arabia Saudita ejecutó acciones militares directas dentro de Irán.
Las operaciones fueron llevadas a cabo por la Fuerza Aérea saudí. Reuters no pudo confirmar cuáles fueron exactamente los objetivos atacados en Irán.

Estados Unidos e Israel bombardearon Irán el pasado 28 de febrero, lo que dio inicio a la actual guerra. A manera de represalia, Teherán atacó con misiles y drones a países aliados de Washington en el Medio Oriente, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin, Qatar, entre otros.
Además de bases militares de Estados Unidos, Irán también golpeó en esos países sitios civiles, aeropuertos e infraestructura petrolera y gasística.

Desde el 7 de abril está vigente un alto el fuego ordenado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, mientras negocia con Irán el fin de la guerra.
De acuerdo con Reuters, tras las represalias de Arabia Saudita contra Irán, hubo contactos diplomáticos intensos que derivaron en que el número de ataques iraníes contra suelo saudí disminuyera drásticamente entre finales de marzo e inicios de abril.
Según fuentes occidentales de Reuters, los proyectiles disparados contra Arabia Saudita en los días previos al alto el fuego procedían de Irak y no del propio Irán, lo que indica que Teherán había reducido los ataques directos mientras que sus grupos aliados seguían operando.
Uno de los funcionarios iraníes confirmó a Reuters que Teherán y Riad habían acordado reducir la tensión, y afirmó que la medida tenía como objetivo “cesar las hostilidades, salvaguardar los intereses mutuos y evitar la escalada de tensiones”.
El informe también señala que la guerra dejó expuesta la vulnerabilidad de Arabia Saudita pese a su alianza militar con Washington, lo que habría empujado al reino a adoptar una postura más agresiva frente a Teherán.

Irán y Arabia Saudita mantienen desde hace décadas una intensa rivalidad política, religiosa y estratégica por el liderazgo del Medio Oriente.
Irán es la principal potencia del islam chiita desde la revolución islámica de 1979, mientras que Arabia Saudita ejerce influencia como principal referente del islam sunita y custodio de los lugares más sagrados del islam. Esa competencia se ha reflejado en conflictos regionales como las guerras en Yemen, Siria, Irak y Líbano, donde ambos países han respaldado a bandos opuestos mediante milicias aliadas y grupos armados, evitando hasta ahora una confrontación militar directa entre sus fuerzas.

La rivalidad también está marcada por el peso militar de ambas potencias. Irán posee una de las mayores capacidades militares de la región, con un amplio programa de misiles balísticos, drones de largo alcance y una extensa red de grupos aliados en Medio Oriente, como Hezbolá en el Líbano y milicias en Irak y Yemen.
Arabia Saudita, por su parte, cuenta con uno de los ejércitos mejor financiados del mundo gracias a sus ingresos petroleros y dispone de moderno armamento adquirido principalmente a Estados Unidos y países europeos, incluyendo aviones de combate avanzados, sistemas antimisiles y una poderosa fuerza aérea.
Mientras Teherán ha apostado por una estrategia de guerra asimétrica y redes regionales, Riad ha dependido históricamente de su alianza militar con Washington para contener la influencia iraní.
Una rivalidad histórica que evitaba el choque directo

El periodista y analista internacional Carlos Novoa, especializado en temas del Medio Oriente, advirtió que los ataques encubiertos de Arabia Saudita contra Irán representan un hecho “preocupante” y potencialmente histórico en la disputa por el liderazgo regional en Medio Oriente, debido a que ambos países habían evitado durante décadas una confrontación militar directa.
Novoa, quien investigó la rivalidad entre ambos Estados en su tesis de maestría en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), explicó a El Comercio que la tensión entre Riad y Teherán se profundizó tras la revolución islámica de 1979 encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.
“Siempre han estado en una disputa por el liderazgo en la región. Arabia Saudita representa el liderazgo sunita e Irán el liderazgo chiita”, sostuvo.
Novoa recordó que, históricamente, ambos países actuaron mediante guerras indirectas y grupos aliados en distintos escenarios regionales, evitando enfrentamientos abiertos entre sus fuerzas armadas.
“Siempre han actuado a través de sus proxys o de sus ejes. Esta es la primera vez que va de manera directa”, afirmó.
“Un escenario preocupante”
Aunque Novoa evitó afirmar que el episodio constituye una crisis irreversible, sí alertó sobre el riesgo de una escalada mayor dependiendo de la reacción iraní.
“No sé si es grave, eso dependerá de cómo responda Irán, pero preocupante al menos sí es”, señaló.
El analista explicó que la rivalidad entre ambos países no solo responde a intereses geopolíticos, sino también a la pugna religiosa y política entre el liderazgo sunita saudí y el liderazgo chiita iraní, que durante décadas ha marcado el equilibrio de poder en Medio Oriente.
Un posible cambio en la estrategia saudí

Para Novoa, los ataques revelados por Reuters sí podrían representar un cambio histórico en la postura de Arabia Saudita frente a Irán.
“Arabia Saudita siempre ha tratado de cuidarse, de no entrar directamente”, explicó.
En ese sentido, consideró posible que haya existido presión de Estados Unidos para que Riad asuma un rol más activo en la confrontación regional.
“Me atrevería a especular que aquí hay una presión de Estados Unidos y del gobierno de Trump para que Arabia Saudita, siendo un aliado estratégico, pueda intervenir de manera más directa”, indicó.
Según el especialista, el reino saudí tradicionalmente ha preferido mantener una estrategia de contención antes que involucrarse abiertamente en operaciones militares contra territorio iraní.
Por qué Arabia Saudita no reivindicó los ataques
Novoa sostuvo que el carácter secreto de las operaciones tendría relación con el temor saudí a provocar una respuesta militar directa de Irán.
“Arabia Saudita sabe que cualquier acción que tome va a tener una reacción”, afirmó.
A su juicio, Riad intentaría evitar una dinámica de represalias permanentes que pueda derivar en un conflicto regional fuera de control.
“Quieren evitar una respuesta directa de la República Islámica de Irán porque eso se convertiría en un ir y venir permanente”, alertó.
El riesgo de una guerra regional

El analista advirtió además que el mayor peligro es que Irán responda utilizando grupos aliados o milicias vinculadas a Teherán en distintos países de Medio Oriente.
“El riesgo siempre está latente, sobre todo si Irán responde de una manera organizada y con proxys. Ahí la situación podría empeorar muchísimo”, sostuvo.
Sin embargo, Novoa consideró que Washington buscará evitar una escalada regional abierta que termine involucrando directamente a Estados Unidos, Israel y las monarquías del Golfo.
“Estados Unidos va a tratar de evitarlo porque si este conflicto escala e involucra directamente a Washington e Israel, Trump podría pagar un costo político enorme de cara a las elecciones de noviembre”, concluyó.
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