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Irán acelera su preparación para un eventual conflicto con Estados Unidos mientras busca respaldo militar en sus principales socios estratégicos, Rusia y China. Esta semana, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) llevó a cabo ejercicios bélicos en puntos estratégicos del Golfo Pérsico, algo que refuerza la tensión en torno al Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta. Ello en medio de informaciones de medios estadounidenses que aseguran que el Pentágono ya tiene listos sus planes de ataque, y que solo está a la espera de una orden del presidente Donald Trump para ejecutarlos.
El 24 de febrero, unidades de las Fuerzas Terrestres del CGRI realizaron maniobras en la base operativa Madinah ol Munawarah, ubicada en Bandar Abbas, provincia de Hormozgan, así como en islas no especificadas del Golfo Pérsico. La base se encuentra cerca de la costa del Estrecho de Ormuz, paso marítimo clave por donde transita aproximadamente un quinto del petróleo comercializado en el mundo.
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De acuerdo con un análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), las islas mencionadas serían las Islas Nazeat, situadas al oeste del estrecho y que albergan instalaciones del CGRI. Estas posiciones permitirían a Teherán proyectar poder y eventualmente obstaculizar la navegación en caso de una escalada regional.

En las últimas semanas, altos mandos iraníes han advertido que podrían atacar buques en el Estrecho de Ormuz como represalia ante un eventual bombardeo estadounidense. En ese contexto, el ejercicio se habría centrado en operaciones de “fuego de costa a mar”, orientados a neutralizar embarcaciones que se aproximen a la línea litoral iraní.
Las maniobras incluyeron el uso de drones para identificación de objetivos y drones de ataque Shahed para su neutralización. Asimismo, oficiales iraníes informaron que se emplearon nuevos sistemas de misiles y se simularon escenarios de guerra electrónica tanto ofensivos como defensivos.
Días antes, el 16 de febrero, la Armada del CGRI llevó a cabo el ejercicio “Control Inteligente del Estrecho de Ormuz”, durante el cual —según reportó un medio turco el 21 de febrero— se lanzó una versión naval del misil tierra-aire “Seyed-3”. El sistema estaría diseñado para ofrecer un “paraguas de defensa aérea regional” a embarcaciones avanzadas como la clase Shahid Soleimani, reforzando la capacidad de protección antiaérea de la flota iraní en aguas del Golfo.
Trump exige que Irán negocie la eliminación de sus programas nuclear y de misiles balísticos, algo que Teherán rechaza. Como medida de presión, Washington ha realizado en el Medio Oriente el mayor despliegue militar desde la invasión de Irak, con dos portaaviones, varios destructores y docenas de cazas de combate.

Irán y Estados Unidos mantendrán el jueves una tercera ronda de negociaciones nucleares en Ginebra. Los dos encuentros anteriores no arrojaron resultados.
El periodista y analista internacional Carlos Novoa dijo a El Comercio que Irán sí tendría la capacidad de cerrar o desestabilizar el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, pero solo de manera temporal. “Podría hacerlo por un par de días, dos o tres quizás, no más”, sostuvo, al advertir que Estados Unidos cuenta con el poder militar suficiente para neutralizar rápidamente cualquier ofensiva o intento de bloqueo por parte del régimen iraní.
Aun así, Novoa indicó que incluso una interrupción breve tendría un fuerte impacto económico global, dado que por esa vía circula una parte sustancial del petróleo mundial.

Para Andrés Gómez de la Torre, especialista en temas de defensa e inteligencia, Irán encara un eventual conflicto con Estados Unidos desde una lógica “defensiva y asimétrica”, marcada por una concepción de guerra de resistencia y por las limitaciones de un aparato militar que —según afirma— quedó severamente debilitado tras la guerra de los 12 días con Israel de junio del año pasado.
A su juicio, el sistema defensivo iraní fue “fuertemente golpeado” por Israel, así como por acciones de inteligencia atribuidas al Mossad y otras agencias. Esa combinación de ataques y sabotajes, explicó, dejó a Teherán con capacidades “ralentizadas”, difíciles de recomponer en pocos meses.
En ese escenario, Irán optaría por una estrategia de desgaste y de respuesta indirecta, apoyándose en su experiencia en el llamado “cinturón de fuego”, es decir, la red de actores no estatales que integran el denominado Eje de la Resistencia. Esa estructura podría activar frentes paralelos y ampliar el riesgo de una regionalización del conflicto, con acciones indirectas contra Israel.
El Estrecho de Ormuz seguiría siendo —según el analista— una carta de presión estratégica en caso de escalada.
Irán busca respaldo militar de Rusia y China

Irán también ha intensificado sus gestiones con sus aliados Rusia y China, que a la vez son los principales adversarios estratégicos de Washington, en un intento por fortalecer sus capacidades militares.
Según reveló el Financial Times el 22 de febrero, citando documentos rusos filtrados y fuentes familiarizadas con el acuerdo, Teherán firmó en diciembre del 2025 un contrato con Moscú para adquirir 500 sistemas portátiles de defensa aérea Verba, junto con 2.500 misiles guiados por infrarrojo 9M336, diseñados para interceptar drones, misiles de crucero y aeronaves de vuelo bajo.
El pedido habría sido solicitado apenas días después de la guerra con Israel, un conflicto que dejó en evidencia las debilidades defensivas de Irán.
En paralelo, la agencia Reuters informó el 24 de febrero que Irán está “cerca” de cerrar un acuerdo con China para la compra de misiles de crucero antibuque CM-302. De acuerdo con seis fuentes con conocimiento de las negociaciones, Teherán también mantiene conversaciones con Beijing para adquirir sistemas portátiles antiaéreos, armas antibalísticas e incluso capacidades antisatélite. Aunque estas tratativas se iniciaron hace dos años, se habrían acelerado drásticamente tras el enfrentamiento con Israel.
Para el ISW, el trasfondo de estas negociaciones es claro: Irán intenta cubrir brechas críticas en su red de defensa aérea. Sin embargo, indicó que los sistemas Verba no pueden reemplazar a los S-300 rusos que Israel destruyó en ataques realizados en abril y octubre del 2024. Moscú, por su parte, se ha mostrado reacio a transferir a Teherán los más avanzados S-400, presumiblemente porque los necesita para sostener su propia guerra en Ucrania.

Para Novoa, la búsqueda de sistemas antiaéreos rusos y misiles chinos revela el intento iraní de recomponer una fuerza aérea y sistemas de defensa dañados en la guerra con Israel.
Sin embargo, Novoa relativiza el alcance de esa cooperación. Aunque Rusia y China mantendrán un respaldo diplomático a Teherán y criticarán a Washington en foros internacionales, no arriesgarán un enfrentamiento directo, por lo que “no van a ayudar con armas a Irán”.
Novoa indicó que Moscú sigue concentrado en la guerra en Ucrania y el presidente Vladimir Putin mantiene canales de diálogo con Donald Trump. Mientras que Beijing prioriza su estrategia de largo plazo y el delicado equilibrio en torno a Taiwán, además de su competencia estructural con Estados Unidos.
“En la realpolitik, ni Rusia ni China van a arriesgar todo lo que tienen para defender a Irán”, concluyó Novoa.
Por su parte, Gómez de la Torre subrayó que si bien Irán ha fortalecido la cooperación militar con Rusia —país al que transfirió tecnología de drones que hoy resultan clave en el frente ucraniano—, los acuerdos bilaterales no contemplan cláusulas de defensa recíproca, a diferencia de los pactos que Moscú mantiene con Corea del Norte.
Rusia, añadió Gómez de la Torre, ha sido reticente a suministrar sistemas antiaéreos S-400 a Irán y, aunque ofreció cazas Sukhoi-35, lo hizo en cantidades limitadas frente al poder aeronaval que podría desplegar Estados Unidos en la región.
Esa cautela rusa estaría vinculada no solo a sus propias necesidades militares en la guerra contra Ucrania, sino también a su cálculo político frente a la postura de Trump, quien ha planteado condiciones para una eventual salida negociada del conflicto con el mandatario ucraniano Volodymyr Zelensky. Un involucramiento directo en favor de Teherán podría complicar esos equilibrios, enfatizó el analista.
En el caso de China, Gómez de la Torre consideró que Beijing también actuaría con prudencia. Más allá de eventuales apoyos tecnológicos, priorizaría su propia agenda estratégica y la gestión de sus tensiones con Washington antes que comprometerse de manera frontal en defensa de la República Islámica.
En síntesis, para Gómez de la Torre, Irán se prepara para resistir más que para proyectar una guerra convencional: con capacidades mermadas, apoyos externos limitados y una apuesta por la disuasión asimétrica como principal herramienta frente a un eventual choque con Estados Unidos.
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