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Resumen
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El líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, lanzó una advertencia directa a Estados Unidos: cualquier ataque contra territorio iraní provocará una “guerra regional” en el Medio Oriente. La declaración llegó como respuesta a las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien en los últimos días reforzó la presión militar y diplomática sobre Teherán en medio de la crisis por su programa nuclear. ¿Estamos ante un inminente conflicto de consecuencias imprevisibles en una de las regiones más conflictivas del planeta?
El lunes, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, pidió que se negocie con Estados Unidos el programa nuclear de la República Islámica, de acuerdo con la prensa local.
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Según la agencia Tasnim, aún no se han fijado el lugar ni la fecha pero las conversaciones probablemente se celebrarán a alto nivel.

Estados Unidos exige que Irán renuncie por completo al enriquecimiento de uranio, algo que Teherán rechaza, alegando su derecho en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del que es signatario.
Además, este mismo lunes Irán comenzó unas maniobras militares cerca de la frontera con Irak, en unos ejercicios que durarán dos días.
Desde principios de enero Trump intensificó la presión sobre Irán, tras la feroz represión de las protestas contra el costo de vida y en demanda del fin del régimen teocrático que gobierna el país asiático desde la revolución de 1979.
Según la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos, unas 6.842 personas murieron a consecuencia de la represión de las manifestaciones. Además, 42.000 fueron detenidas durante las protestas.

Trump ha amenazado con una intervención militar en Irán y ha desplegado cerca del golfo Pérsico al portaaviones USS Abraham Lincoln y tres destructores de misiles guiados, acompañados de miles de soldados.


El domingo, Trump afirmó que esperaba “lograr un acuerdo” con Irán.
Antes de la declaración del mandatario estadounidense, el ayatola Alí Jamenei había alertado sobre una “guerra regional” en caso de una acción militar estadounidense.
Jamenei dijo que los iraníes no se asustarán por las amenazas ni por la presencia militar estadounidense en la región y que el pueblo no se dejará intimidar.
En su advertencia, Jamenei afirmó que Irán no desea iniciar una guerra con nadie, pero que respondería con fuerza si es atacado o acosado.
El peligro de una guerra regional

La advertencia de Jamenei debe leerse con cautela y en clave más política que militar. Así lo sostiene a El Comercio el analista internacional Francesco Tucci, quien advierte que, si bien Irán conserva capacidad de generar inestabilidad en la región, su margen para una respuesta directa y simétrica frente a Washington es hoy limitado.
Tucci recuerda que Irán llega a esta escalada tras la llamada “guerra de los 12 días”, marcada por ataques de Israel y bombardeos estadounidenses sobre infraestructuras vinculadas al programa nuclear iraní, cuya efectividad —señala— sigue siendo poco clara. A esto se suma el reciente despliegue de un grupo de combate de un portaaviones estadounidense en la región, lo que abre la posibilidad de nuevos ataques aéreos.
El analista subraya que la capacidad militar iraní ha sido seriamente dañada. “Su sistema de misiles balísticos fue golpeado de manera significativa y el país carece de una defensa aérea capaz de enfrentar un ataque combinado de Estados Unidos e Israel”, explica. En ese escenario, la opción más realista para Teherán no sería una confrontación directa, sino la activación de sus aliados regionales, como Hezbolá en el Líbano, los hutíes de Yemen o milicias chiitas en Irak, aunque incluso ese recurso —advierte— está sujeto a decisiones que no controla completamente.
Para Tucci, la advertencia de Jamenei contiene una fuerte carga de retórica y de propaganda. Recuerda que en episodios recientes Irán avisó con antelación antes de responder a bombardeos estadounidenses, evitando víctimas y una escalada mayor. “Eso demuestra que, más allá del discurso, existe cautela operativa”, afirma.
El analista también vincula el tono desafiante del liderazgo iraní con la fragilidad interna del régimen, presionado por protestas sociales y una crisis de legitimidad. “Los ayatolás necesitan proyectar fuerza, al menos en el plano discursivo. Pero una cosa es el mensaje político y otra, muy distinta, la capacidad real de sostener una guerra abierta”, señala.
El periodista y analista internacional Carlos Novoa sostiene que la advertencia de Jamenei debe entenderse como una amenaza directa contra Israel y no como el anuncio de una confrontación inmediata y total con Estados Unidos.
En diálogo con El Comercio, Novoa enfatiza en que cualquier ataque occidental contra territorio iraní provocaría una respuesta que impactaría de manera directa en el frente israelí, activando una cadena de represalias en Medio Oriente.
Según Novoa, cuando Jamenei habla de “escalada regional” alude principalmente a la capacidad de Irán de golpear a Israel a través de sus aliados y fuerzas indirectas, como Hezbolá o los hutíes, actores que —advierte— suelen ser subestimados en el análisis occidental. “Irán todavía conserva margen para avanzar por esa vía”, afirma.
¿Trump pasará a la acción militar?

Con respecto a la retórica bélica de Trump, Tucci considera que el despliegue militar de Estados Unidos cumple una doble función: presión negociadora y disuasión, aunque no descarta que exista un plan concreto de acción.
“Trump es imprevisible. A menudo dice una cosa y hace otra. Esa ambigüedad también es parte de su estrategia”, sostiene. A su juicio, una eventual falta de acción tras declaraciones tan contundentes podría erosionar la credibilidad de Washington, incluso entre los sectores opositores iraníes que esperan algún tipo de respaldo externo.
Para Novoa, la estrategia de Trump responde a un instrumento clásico de presión negociadora. “Es la estrategia que Trump ha aplicado desde el inicio: presionar al máximo y luego aflojar”, señala, y recuerda como antecedente el caso venezolano, donde Washington combinó negociaciones fallidas con Nicolás Maduro con una ofensiva militar posterior.
En el escenario iraní, el despliegue militar apunta, a su juicio, a forzar concesiones en la mesa de negociación, más que a una acción inmediata de gran escala. Esa lógica se refleja en la aceptación de Teherán de abrir conversaciones sobre su programa nuclear, aunque con límites claros.
El futuro del programa nuclear

Sobre lo que pasará con el programa nuclear, Tucci es categórico: Irán no quiere abandonarlo. Considera que el objetivo del régimen es alcanzar un nivel de disuasión similar al de Corea del Norte, que obligue a Estados Unidos y a sus aliados a negociar y descartar cualquier intento de cambio de régimen por la fuerza. “Es un secreto a voces que Israel posee armas nucleares. Irán aspira a ese mismo blindaje estratégico”, explica.
Según el analista, la negociación en curso responde a esa lógica: transitar del uso civil al potencial militar del programa nuclear para garantizar la supervivencia del régimen. “Con armas nucleares, no se impone un cambio político desde afuera; se negocia. Eso es lo que busca Teherán”, concluye.
Novoa indica que Irán no tiene margen político ni ideológico para abandonar completamente su programa nuclear. Sostiene que hacerlo implicaría renunciar a uno de los pilares discursivos del régimen desde la Revolución Islámica de 1979: la resistencia frente a lo que considera la presión “imperialista” de Estados Unidos y sus aliados, en particular Israel. “Puede haber concesiones técnicas, pero no una rendición total”, resume.
El analista también subraya que el régimen iraní no depende exclusivamente de la figura de Jamenei, pese a ser la máxima autoridad espiritual y política del país. Existen estructuras de poder, mecanismos de sucesión y disputas internas entre clérigos, la Guardia Revolucionaria y la burocracia estatal que garantizan la continuidad del sistema. En ese ámbito, recuerda que Jamenei, de 86 años y con problemas de salud, ya cuenta con un plan de reemplazo dentro del Consejo de Ayatolas.
Finalmente, Novoa sostiene que Estados Unidos tampoco parece apostar a un cambio de régimen en Irán, sino a neutralizar una eventual amenaza nuclear y asegurar sus intereses estratégicos en la región. “Si Washington hubiera querido realmente provocar un colapso del régimen, habría actuado de otra manera frente a la represión de las protestas internas”, concluye.
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