Por Roger Zuzunaga Ruiz

El ataque del 18 de marzo de Israel contra el yacimiento gasífero South Pars, el mayor del mundo, eleva la intensidad de la guerra en Irán: por primera vez, el conflicto golpea directamente el corazón energético de la República Islámica. La respuesta de Teherán —con represalias que alcanzaron a Qatar, Arabia Saudita y Kuwait— no solo incrementó el riesgo de una escalada regional, sino que también expuso tensiones entre aliados. El presidente Donald Trump tuvo que salir en la noche para asegurar que no había sido consultado por Israel, una versión que choca con reportes de la prensa estadounidense que sostienen lo contrario.

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