Por Roger Zuzunaga Ruiz

Durante años, Dubái fue vendida al mundo como la postal perfecta de la estabilidad en el Medio Oriente, con turistas llegados de todo el mundo, rascacielos modernos con alturas inalcanzables, hoteles de siete estrellas, islas artificiales y una vida de lujo blindada por una seguridad impenetrable. Pero todo cambió en cuestión de minutos el 28 de febrero, cuando Irán atacó el emirato con misiles y drones en represalia por los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra su territorio.

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