Por Roger Zuzunaga Ruiz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado la presión sobre Irán para forzarlo a negociar un nuevo acuerdo sobre su programa nuclear y otros asuntos considerados estratégicos. En ese contexto, no solo endureció su retórica con amenazas explícitas de un ataque militar, sino que además reforzó la presencia de fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico al ordenar el despliegue del portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, acompañado por su grupo de ataque, que incluye destructores lanzamisiles clase Arleigh Burke y otros buques de guerra. La demostración de fuerza busca reforzar la disuasión, pero abre una incógnita central: si Teherán, tras los golpes sufridos en 2025 por parte de Israel, conserva o no la capacidad militar suficiente para responder a un eventual ataque directo estadounidense, y cómo sería esa respuesta.

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