Los pisos subterráneos de un hospital a medio construir en la ciudad de Guta Oriental, en Damasco, guardan las pocas señales de vida que resisten en una devastada por la guerra que se desarrolla desde el 2011.

Una sala pediátrica, otra para mujeres, un quirófano, una sala de recuperación y una de emergencias conforman The Cave (La Cueva, en español), como han apodado a este centro de salud debido a su ubicación. Entre el 2012 y el 2018 trabajó en él la doctora Amani Ballour, especialista en pediatría que llegó a dirigir las actividades del hospital durante sus últimos dos años ahí, con apenas 28 años.

(National Geographic)
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Ballour es, además, la protagonista de The Cave, un documental dirigido por el cineasta sirio Feres Fayyad que se estrenará esta noche a las 9:00 p.m. a través de National Geographic y está nominado al en la categoría Mejor Documental.

No es solo una película. Es todo. Es la historia de mi país, la que representa las luchas del pueblo sirio, la lucha de las mujeres”, explica Ballour desde Turquía, país donde se encuentra refugiada, a través de una conferencia telefónica con medios latinoamericanos, entre ellos El Comercio. “Es muy importante estar nominados para así llegar a más personas en todo el mundo. Necesitamos que más personas vean esto, sepan la verdad, nos apoyen. Espero que esto presione a los políticos y a la comunidad internacional para que ayuden a Siria, que hagan algo por nosotros”.

- ¿Cuál fue el mayor reto como mujer al enfrentar a una sociedad que siempre ha visto a su género como el sexo débil?

En nuestra comunidad, desde hace mucho tiempo tenemos costumbres en contra de las mujeres. Tienen una imagen sobre las mujeres según la cual deberíamos quedarnos en casa, casarse jóvenes, trabajar en el hogar, limpiar y cocinar. Eso es todo. Yo quise cambiar esa idea. Soy una doctora, estudié igual que mis colegas y al igual que quienes dirigieron el hospital en el pasado. Quise probarle a la comunidad que podía trabajar igual o incluso mejor que ellos, porque ya llevaba cuatro años trabajando en La Cueva y conocía todo sobre el hospital.

Mi comunidad y los hombres pensaban que no podía estar ahí, que no era mi posición, eso me hizo insistir en darles la contra y probar que podía lograr un cambio. Éramos hombres y mujeres que estábamos en las mismas circunstancias, veíamos todo juntos, estábamos en el mismo hospital. No debía haber ninguna diferencia.

(National Geographic)
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- Durante los últimos años hemos visto a millones de sirios escapar del país debido a la guerra. ¿Usted nunca pensó en hacerlo?

Desde que decidí estudiar medicina mi intención fue ayudar a las personas. Yo creo en la humanidad y en que debemos ayudar a los demás. Por eso decidí estudiar esta carrera. Además, quise ser pediatra porque me gustan los niños y quería ayudarlos. Desafortunadamente, al inicio de la revolución muchos doctores decidieron escapar del país y eso me sorprendió, considerando que eran doctores. Nosotros debemos estar para ayudar a la gente cuando lo necesita.

Por supuesto eso era impensable para mí, yo decidí quedarme y ayudar a esa gente. ¿Puedes imaginar lo que es ver a niños lesionados o heridos? Estaba claro que debía ayudar a todos esos niños que llegaban de escuelas u otros hospitales. Estaba bastante claro para mí lo que quería hacer.

(National Geographic)
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- ¿Cuánto ha cambiado su vida desde que se convirtió en refugiada?

En realidad, ser una refugiada es bastante difícil para mi. No imaginé que un día podría dejar mi país y me convertiría en refugiada, y ahora todavía no me acostumbro. No estoy feliz, por supuesto es más seguro acá porque no hay bombardeos, pero cuando estaba allá ayudando a la gente todo el tiempo, a los niños, sentía que me necesitaban. Me alegraba poder ayudarlos. Podía hacer un cambio, marcar una diferencia.

Cuando me fui estuve desesperanzada, triste y frustrada con todo, pero ahora más de un año después creo que puedo ayudar más desde aquí, siento que a través de este documental puedo llegar a más gente y decirles la verdad sobre Siria. Así que no me siento desesperanzada. Seguiré trabajando para ayudar a la población siria desde el sector humanitario.

- Hubo información que confirmaba que el régimen de Bashar Al Assad y Rusia planearon los bombardeos a los hospitales. ¿Cómo vivió eso trabajando en uno?

Sí. En realidad, cuando Rusia comenzó a apoyar a Al Assad nuestro hospital fue un objetivo. Bombardearon La Cueva, destruyeron parte del hospital y mataron a tres de mis colegas. Apuntaron contra todo: hospitales, civiles, niños, colegios... Bombardearon una escuela primaria. ¿Te imaginas eso? Me enfurecía porque la comunidad internacional sabe esto y no hacen nada.

Rusia apunta contra todo y no les importa nada. No piensan en las personas. Hace unos días dispararon contra un hospital en el campo, lo destruyeron, eso sigue sucediendo.

Toda la gente nos ve, no sé qué más debemos hacer. Hablamos al respecto todo el tiempo. Le pedimos ayuda a la gente, a la comunidad internacional, a las grandes potencias, pero no hacen nada por nosotros.

- ¿Cuál fue la situación más difícil que tuvo que enfrentar durante su trabajo en La Cueva?

Estábamos en una zona de guerra, cada día teníamos una masacre que dejaba demasiados heridos. Lo más complicado para un doctor en esa situación es escoger a quién debes ayudar. Cuando tienes una masacre que deja 100 o más heridos no puedes ayudar a todos.

A veces elegimos los casos más graves y comenzamos con ellos, pero a veces somos solo unos pocos médicos y hay miles de civiles en el lugar. Tenemos solo algunos medicamentos y algunos suministros médicos, por lo que no podemos ayudarlos a todos, es muy difícil elegir.

Estuve en un ataque químico en el 2013, hubo miles de víctimas y todas tenían los mismos síntomas. Estaban sofocados y debíamos elegir a cuál ayudar. Éramos solo unos pocos médicos en el hospital y recuerdo que había gente tirada en el piso, algunos muertos y otros ahogándose. Nunca imaginé que saldríamos de ahí.