Por José Antonio Bragayrac

Su entusiasmo por cambiar la imagen tradicional del Vaticano no se desvaneció pese a su partida. El papa Francisco, enterrado este sábado a los seis días de fallecer producto de un ictus cerebral, será recordado también por su afán en doblegar las rígidas costumbres de la iglesia católica. Aún en sus funerales, el argentino de 88 años se las arregló para atentar contra la tradición y que su féretro sea despedido en una procesión colosal de seis kilómetros para ser sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor, donde solía rezar durante su papado. Hay muchas otros gestos más trascendentales para entender su legado, pero entre los aparentemente más superficiales hay uno: su papamóvil.

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