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Así fue la operación para capturar y sacar a Maduro de Venezuela en la que participaron 200 militares y se usaron 150 aeronaves
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Durante meses, la inteligencia de Estados Unidos siguió de cerca cada movimiento del mandatario venezolano Nicolás Maduro. La CIA había logrado conocer sus rutinas, identificar sus desplazamientos y, sobre todo, ubicar los lugares donde solía pernoctar, según fuentes de seguridad citadas por la prensa estadounidense. Ese conocimiento fue clave en la operación ejecutada el 3 de enero en Caracas, que culminó con la captura del líder chavista y de su esposa Cilia Flores, que ahora están en una cárcel de Nueva York.
De acuerdo con el portal Axios, desde el pasado mes de agosto un pequeño equipo de la CIA se mimetizó en Venezuela para rastrear las ubicaciones y hábitos del líder chavista. Ese trabajo dio “una visión extraordinaria del patrón de vida de Maduro que hizo que capturarlo fuera fácil”, dijo una fuente a ese medio.
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La CIA llegó a tener una fuente dentro del gobierno de Venezuela que vigiló los movimientos de Maduro días antes de la operación, según el diario The New York Times. No solo eso, había drones furtivos que volaban en secreto sobre el chavista.

Una vez ejecutada la operación, el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, llegó a decir sobre Maduro que Estados Unidos sabía “dónde vivía, adónde viajaba, qué comía, qué vestía... sus mascotas”.
Esto es lo que se sabe sobre cómo fue la operación bautizada como Resolución Absoluta:
Así fue la operación Resolución Absoluta

Con Maduro ubicado en una residencia fortificada del Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de Venezuela asentado en Caracas, a las 10:46 de la noche del viernes el presidente Donald Trump dio la orden para que un comando de élite de la Fuerza Delta vaya por Maduro para extraerlo.
“Buena suerte y que Dios los acompañe”, dijo Trump al grupo de funcionarios de seguridad nacional que se había reunido con él en su lujoso club privado de Mar-a-Lago, en Florida.
La acción militar empezó a las 2 a. m. hora local, cuando las fuerzas estadounidenses atacaron varias localidades de Venezuela, incluida Caracas, para neutralizar las defensas antiaéreas y así los helicópteros de la Fuerza Delta, que también se movían en ese momento, pudieran desplazarse con libertad hasta llegar a su objetivo.
Unas 150 aeronaves, entre aviones (cazas furtivos F-22 y F-35, bombarderos B-1), helicópteros y drones, participaron en la operación. Todos partieron desde unas 20 ubicaciones distintas tanto en tierra como en el mar.
El Pentágono reveló también que casi 200 militares ingresaron a Caracas como parte de la operación.
La ofensiva se centró en instalaciones militares clave como la base aérea de La Carlota, el Fuerte Tiuna y posiciones en estados como Miranda, La Guaira y Aragua.

La acción combinó ciberataques y guerra electrónica que contribuyeron a desactivar los sistemas de defensa antiaérea y comunicaciones venezolanas. Según la Casa Blanca, incluso consiguieron apagar gran parte de las luces de Caracas para mantener la sorpresa.
Los helicópteros de la Fuerza Delta, que inicialmente sobrevolaron el mar a 30 metros sobre el agua, descendieron sobre el complejo donde se encontraba Maduro. Todo el tiempo recibieron información en tiempo real de colegas en el terreno y en el aire mientras se acercaban al objetivo.
Los comandos estaban fuertemente armados e incluso llevaban sopletes en caso de tener que vulnerar las puertas de seguridad del refugio de Maduro.
Una vez en tierra, se dio un enfrentamiento que terminó en la muerte de 32 agentes cubanos que formaban parte del anillo de seguridad más cercano de Maduro.
El líder chavista y su esposa intentaron huir a una habitación segura reforzada con acero, pero fueron detenidos antes de que pudieran llegar.
Las fuerzas de Estados Unidos no sufrieron bajas. Solo un helicóptero fue alcanzado pero pudo regresar sin mayores daños.

El lugar donde estaba Maduro ha sido descrito como un búnker subterráneo reforzado con paredes de acero sólido diseñadas para resistir ataques externos.
Contaba con una red de túneles secretos que conectaban la residencia con puntos estratégicos dentro y fuera del fuerte militar, facilitando posibles escapes o movimientos discretos.
La seguridad de Maduro estaba organizada en anillos concéntricos. Los puestos de control externos estaban a cargo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), mientras que lo internos, más cercanos al búnker, estaban bajo el control directo de agentes de seguridad cubanos.
El perímetro del lugar contaba con sistemas avanzados de monitoreo, comunicaciones encriptadas y defensas antiaéreas en las zonas circundantes como el cerro El Hatillo y La Guaira.
Al estar dentro de Fuerte Tiuna, la residencia estaba protegida por miles de efectivos y armamento pesado del ejército.
Sin embargo, nada de eso impidió el éxito de la operación estadounidense.
A las 4:21 am, Trump informó al mundo, a través de Truth Social, que Maduro había sido capturado y sacado de Venezuela. Horas después compartió una foto del chavista esposado a bordo del USS Iwo Jima.

Tras ser detenidos, Maduro y Cilia Flores fueron trasladados inicialmente al buque anfibio USS Iwo Jima y desde allí llevados a territorio estadounidense.
El mismo sábado llegaron a Nueva York, donde el mandatario enfrenta cargos federales por narcoterrorismo y conspiración de narcotráfico en la Corte Federal del Distrito Sur.

Ahora se sabe que las fuerzas especiales estadounidenses habían practicado en una réplica de la “fortaleza” de Maduro.
También se sabe que la operación iba a realizarse cuatro días antes, pero fue cancelada debido al mal clima.
Una operación que desnudó la incapacidad de la Fuerza Armada venezolana

El analista en temas de defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre sostuvo a El Comercio que la operación Resolución Absoluta fue un operativo híbrido, diseñado a partir de experiencias previas de intervenciones internacionales ejecutadas por Estados Unidos.
Según explicó, la acción combinó elementos de operaciones como “Furia Urgente” en Granada, “Causa Justa” en Panamá, “Lanza de Neptuno” en Pakistán, y el ataque selectivo contra el general iraní Qassem Soleimani, integrando capacidades convencionales, uso de drones, fuerzas especiales e inteligencia avanzada.
Gómez de la Torre señaló que la operación no se estructuró en múltiples fases, sino en dos variables centrales. La primera, de carácter punitivo, estuvo orientada a la neutralización de activos militares críticos, especialmente infraestructura estratégica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En ese ámbito, se ejecutaron bombardeos estratégicos y quirúrgicos contra sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa, radares de origen chino y otras capacidades militares con apoyo iraní.
La segunda variable fue paralela y distractiva, basada en una intervención helitransportada de fuerzas especiales, que terminó asestando —según el analista— un golpe decisivo a la institucionalidad, funcionalidad y operatividad de la Fuerza Armada venezolana. “La FANB ha sido profundamente golpeada y quedó expuesta su incapacidad de ofrecer siquiera una respuesta mínima”, afirmó.
De acuerdo con su evaluación, no hubo reacción militar efectiva por parte de Venezuela, pese al elevado gasto en defensa realizado durante las últimas dos décadas. Esa capacidad fue neutralizada en un lapso de aproximadamente tres horas, dejando al país sin infraestructura militar de respuesta convencional.
El especialista calificó la operación como exitosa, lo que —a su juicio— explica el tono envalentonado del presidente Trump tras el operativo. Gómez de la Torre destacó la eficiencia conjunta de la Fuerza Delta, los grupos de helicópteros, el Comando Sur y las distintas fuerzas, apoyadas en un robusto trabajo de inteligencia.
Detalló que intervinieron de manera coordinada la Defense Intelligence Agency (DIA) para los objetivos militares, la NSA en inteligencia de señales y comunicaciones, la Agencia de Inteligencia de Imágenes para operaciones convencionales, y la CIA, clave en la fase extractiva, apoyada tanto en inteligencia electrónica como en fuentes humanas internas.
Finalmente, Gómez de la Torre advirtió que la operación marca un cambio en la doctrina de poder estadounidense, alineado con lo que denominó la doctrina de “paz por la fuerza”, pero también con la amenaza explícita del uso de la fuerza, un concepto que tensiona el derecho internacional. En ese contexto, señaló que Trump está enviando mensajes directos a países como México y Colombia, y que Cuba aparece como un efecto colateral estratégico, en lo que describió como una reconfiguración geopolítica regional de mayor alcance.
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