Las personas hacen fila para repostar gasolina subsidiada en una estación de servicio en Caracas, Venezuela. (EFE/ Rayner Peña R.).
Las personas hacen fila para repostar gasolina subsidiada en una estación de servicio en Caracas, Venezuela. (EFE/ Rayner Peña R.).
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Con una sociedad empobrecida, golpeada y desnutrida, es testigo de un nuevo azote para su crisis, la escasez de combustible diésel, clave para el traslado de bienes por el país. Las largas filas de transportistas que comienzan a verse son el augurio de una nueva tormenta que puede desatarse con un resultado impredecible.

El país que otrora fue petrolero y hoy sigue asentado sobre una de las mayores reservas de crudo del mundo se secó en plena cuarentena. Entre abril y mayo del año pasado era casi imposible encontrar gasolina en Venezuela y el Gobierno de Nicolás Maduro, que culpa a las sanciones de Estados Unidos, tuvo que recurrir a Irán para importarla.

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Sin embargo, en aquel momento, el gasóleo no escaseó, el suministro no estuvo en riesgo y los precios de los productos no crecieron por un nuevo ciclo de escasez, fruto de la imposibilidad de transportarlos.

ANAQUELES VACÍOS

Para el analista financiero y director de Econométrica, Henkel García, el gran riesgo de esta nueva situación es que, si se prolonga en el tiempo la escasez de gasoil, esta tenga un “efecto inmediato”, el de “ver anaqueles vacíos” de nuevo.

Ya lo estamos viendo, sobre todo en quesos frescos, ya esa cadena de distribución está siendo afectada y algunas verduras y vegetales están teniendo problemas para llegar a las distintas ciudades”, explica.

García alerta de que “vamos a ver cómo, poco a poco, de manera progresiva, va a ser cada vez más difícil conseguir ciertos productos”, en algunos casos, e “intermitencia” en el abasto de otros.

Si se llegase a complicar, lo que vamos a ver es a gente que no se va a poder mover porque el transporte público no va a poder funcionar y anaqueles, literalmente, vacíos porque los productos no pueden llegar”, subraya.

No obstante, considera que el impacto sobre los precios será menor, algo que no sucedería en otro país “con una economía de mercado sana”, pero en Venezuela, “con tantos años de control y un espíritu socialista”, no habrá un gran incremento “por el temor de fiscalizaciones y cierre de empresas”.

ALIMENTOS Y TRANSPORTE, LO MÁS AFECTADOS

En opinión de García, el transporte público y el suministro de alimentos serán los más afectados de esta posible crisis, puesto que “el grueso” de la dañada economía venezolana “está alrededor de la parte básica”, que es la comida.

Por su parte, el economista de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Ronald Balza explica que también los agricultores se verán afectados, ya que, tras un año de trabajo, se pueden encontrar con un producto que no pueden comercializar.

“En el momento en que el producto (alimenticio) se obtiene, queda poco tiempo para transportarlo de un punto a otro y eso (la escasez de gasóleo) puede generar pérdidas”, subraya antes de agregar que el problema “no es solo de los alimentos que no comemos, sino del dinero que no tienen (los agricultores) para la próxima cosecha”.

Balza subraya que Venezuela “es un país empobrecido y la movilización puede mantener ciertos niveles de actividad” que, en caso de paralizarse por la escasez, damnificaría el comercio, la agricultura y “las distintas opciones de intercambio que pudieran surgir”.

Acerca del transporte, el economista también advierte que se pudiera generar una situación muy compleja en medio de la ola de contagios de covid-19 que vive Venezuela, puesto que el gasóleo se utiliza “para poder trasladar a los enfermos” y, en caso de ser necesario, también los cadáveres de quienes perecen por la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus.

UN PROBLEMA ESTRUCTURAL

Sin embargo, el problema en el transporte no es nuevo, comenzó a gestarse hace años por diferentes factores y, ahora, la escasez de diésel, es la última arista en un sector clave para el buen abastecimiento de cualquier país.

Entre esos problemas, Balza destaca el mal estado de las carreteras, la inseguridad de transportistas y productores -”los que están cerca de la frontera con Colombia, en términos de secuestro por parte de la guerrilla”-, el estado de los puertos fluviales y marítimos o las “revisiones oportunistas por las alcabalas (controles policiales o militares)”.

Por eso, considera que buena parte del país se verá afectado si la situación se prolonga: “Lamentablemente, parece más fácil decir cuál (región) no se vería afectada. Caracas, porque el Gobierno siempre ha tomado decisiones que parecen privilegiar a la capital”.

Pese a ello, advierte de que en la capital “no se produce comida”, por lo que asegura que “el problema del gasóleo es, quizás, uno de los que podía preocuparnos mucho a todos”.

García, por su parte, considera que las regiones más afectadas serían aquellas que están alejadas de los centros de producción, aunque opina que esa posible escasez no será tan fuerte en los estados fronterizos, “porque pueden sustituir el producto nacional por el importado”.

En medio de la crisis generalizada que vive Venezuela, esta tormenta podría devolver al país una vieja imagen, la del desabastecimiento que, por momentos, ha azotado con dureza a sus ciudadanos.

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