Mario Saldaña

Anteayer se concretó, final y públicamente, la división en el oficialismo. El partido , organización que “fichó” al profesor para que fuera su candidato en las elecciones presidenciales del 2021 por la imposibilidad que arrastraba su líder (debido a su sentencia por corrupción) de liderar ese emprendimiento político, exhortó al jefe del Estado a que renuncie a su militancia.

En realidad, este matrimonio político duró más tiempo del que uno se hubiera podido imaginar. Tras innumerables muestras de que el poder real en el país lo ostentaba el exgobernador de Junín, en algún momento de estos 11 meses Castillo se convenció de que su falta total de autonomía para decidir (ya que su incapacidad para gobernar está fuera de toda duda) eran Cerrón y quienes lo auparon en su aventura electoral.

Es así como nuestro precario inquilino de Palacio empezó una lenta y progresiva búsqueda de oxígeno propio consolidando su relación con el denominado “bloque magisterial” en el Congreso, y a través de este, promoviendo otros fraccionamientos en el seno del lápiz. Acaso la bandera verde (o roja) del inicio de la migración se dio con la pronta partida de Guillermo Bermejo y sus adláteres. En ese momento, Castillo debió advertir que era el momento de construir su propio sustento político.

Nótese que las “causales” que expone Perú Libre en su comunicado (diciendo entre líneas: “renuncia antes que te botemos”) se refieren justamente a que este habría promovido el divisionismo en sus filas y el no cumplir con las ofertas electorales de la agrupación (aquello que califican como “derechización” o “caviarización”). No hay un solo párrafo sobre las acusaciones e investigaciones fiscales por evidentes casos de corrupción de las que es objeto Castillo; algo poco probable considerando los antecedentes de Cerrón.

¿Qué hay detrás de este anuncio? Pues la necesidad de Perú Libre de deshacerse de una “mochila pesada” en la que se ha convertido su excandidato con miras a las elecciones de octubre. Finalmente, Cerrón ha acumulado un poder inimaginable hacia el 2021 con una bancada propia y con opciones de hacerse de alguna región y/o municipio, frente a lo que el “profe” ya es claramente un pasivo.

La separación de Castillo supone que el cerronismo pasa a considerarse, oficialmente, un partido de oposición. Si consideramos que son 16 los votos que Perú Libre mantiene firmes en el Congreso, no es descabellado pensar que los mismos se sumen a un cercano pedido de vacancia o adelanto electoral.

¿De qué va a depender esto último? Simplemente de cuánto poder adicional calcule asegurarse Cerrón en un escenario con o sin Castillo en Palacio. Corren las apuestas.

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