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Más de 250.000 en contra del río, por Luisa Morcos

Respuesta a “Dictadura de la fe”, de Patricia del Río, sobre la Marcha por la Vida

Más de 250.000 en contra del río, por Luisa Morcos

Más de 250.000 en contra del río, por Luisa Morcos

LUISA MORCOS

Vocera de Marcha por la Vida

El jueves 20 de marzo Patricia del Río escribió una columna en contra de los que organizamos la Marcha por la Vida, describiéndonos como colectivos “que no admiten ninguna reflexión sobre los intereses o problemas de la mujer embarazada”. Quizá lo primero que debería decir me exima de mayor comentario, pero creo que la señora Del Río no se tomó el trabajo ni siquiera de ver nuestro afiche: Una mujer embarazada. Efectivamente cada una de las más de 250.000 personas, la mayoría mujeres, que participó en la Marcha por la Vida hizo un homenaje a la mujer embarazada. Quizá antes de tildarnos de radicales y extremistas hubiera visto nuestra web y cuentas de redes sociales donde el mensaje era el de preparar una fiesta, en la que las mujeres embarazadas tendrían (como así fue) un lugar privilegiado dentro y fuera del escenario, protegidas y agasajadas por todos los presentes. Los únicos que atentaron contra esa fiesta fueron seis personas que hicieron escándalo delante de nuestra marcha asustando a mujeres embarazadas y niños presentes dando vivas al aborto y manchándose la ropa de rojo como si estuvieran desangrándose. No sabemos cuáles calificativos usaría Del Río para estos seis que fueron a malograr una fiesta con agresividad y malas maneras, porque ellos coinciden con la postura a favor del aborto de Del Río.   

Escribo porque lo mínimo que se puede exigir en una sociedad plural, y sobre todo ante alguien que se precia de ser tolerante, es que el debate se apegue a la realidad de las posturas. Atribuir a otros pensamientos extremos inexistentes para luego facilitar su crítica envilece el debate. Por supuesto, respetamos que la señora Del Río piense distinto que nosotros. Lo que resulta inadmisible es la seguridad con la que describe nuestro pensamiento y sentir siendo evidente que no es así.

Demás está decir que la señora Del Río no tiene idea de la doctrina católica. Decir que la Iglesia Católica es “una religión que desprecia a las mujeres y las considera seres inferiores” o que su doctrina afirma que “el sexo es pecado” no es serio. Una cosa es que no le guste o no comparta la práctica del catolicismo y otra muy distinta es atribuir al catolicismo supuestas discriminaciones y afirmaciones que parecen ser copiadas de un panfleto anticlerical decimonónico.  

Si a Del Río le parece que el protocolo de aborto terapéutico está respaldado por constructivos debates interdisciplinarios, puede decirlo. La verdad es que la ministra de Salud, Midori de Habich, no ha hecho ningún debate y solo ha pedido la opinión de los abortistas de siempre, excluyendo a los que piensan distinto. Hoy el gobierno estaría dando la espalda al movimiento ciudadano más grande del país que puede poner en las calles a más de 250.000 personas solo en Lima y una cantidad similar en otras ciudades del interior.

Flaco favor le hace a un gobierno que trata de salir a flote cuando, según la encuesta Ipsos Apoyo de julio del 2013, el 87% no votaría por un candidato que apoye al aborto. De Habich pretende irresponsablemente que todo eso lo puede cambiar con una firma suya en una resolución ministerial. Creemos que padece la misma enfermedad que Patricia del Río.

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